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Osasuna (todavía) no es un club de Primera

Por Valentín Urriza Ramos - Domingo, 16 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:09h

las organizaciones deportivas necesitan innovar para ser competitivas en un mercado global y cambiante en el que se entrecruzan distintas lógicas: la económica, la social, la política y la tecnológica. Solo así pueden estar a la altura de las crecientes demandas de sociedades modernas.

Como en otros ámbitos, obtienen mejores resultados quienes mejor y más rápido se adaptan a las nuevas exigencias del sector;aquellos que se dotan de sistemas de gestión orientados a la calidad;quienes adaptan sus estructuras, desarrollan sistemas operativos eficientes, cuentan con gerentes competentes y empleados motivados, orientados a objetivos que ejecutan políticas diseñadas para optimizar la productividad y toman decisiones a partir de ratios sin los que no es posible saber dónde estamos ni a dónde vamos… Conceptos como liderazgo, organigrama, responsabilidad, objetivo, planificación no pueden ser ajenos a profesionales que trabajan en una institución deportiva de hoy, porque hoy los clientes de cualquier club deportivo esperan que su gestión siga criterios de exigencia equiparables a los de cualquier empresa mercantil.

En este contexto, y analizando la actual gestión del Club Atlético Osasuna, ésta se encuentra lejos de lo que esperaríamos de una entidad del siglo XXI. ¿Motivos? Primero: no existe un liderazgo capacitado para lograr un mejor ambiente en la entidad y obtener mejores resultados deportivos y financieros. La figura del jefe Vizcay (gerente) ha sido sustituida por la del jefe Fran Canal (asesor externo) que es quien ahora corta el bacalao. Segundo: ausencia de una distribución de tareas y responsabilidades transparente. Tercera: una deficiente comunicación interna y externa.

¿Conoce alguien el organigrama de Osasuna, sus responsables y responsabilidades, sus objetivos específicos? ¿Existe un plan estratégico anual donde se definan los próximos retos? ¿Es ambicioso, pero alcanzable? ¿Lo conocen todos los empleados? ¿Sabe cada uno de ellos cuál es su grado de incidencia sobre el plan? ¿Están todos conformes con él? Si no conozco exactamente mi grado de responsabilidad en la organización (hago lo que me pide el asesor externo), menos todavía sabré en qué trabajan el resto de departamentos.

Como socio de Osasuna, llevo varios meses solicitando a la junta directiva esa información, pero todo pasa por el asesor externo y no he obtenido más respuesta que buenas palabras cuando, recordemos, soy uno de sus propietarios. Como tal, y en una institución de primera, debería poder estar al tanto y en detalle de los trabajos, avances y noticias. Lamentablemente, ese sistema de comunicación es reflejo de todo lo anterior y no funciona. Es más, a efectos prácticos no existe.

Una organización dependiente de una sola persona, sin estructurar, sin métodos, sin una eficaz comunicación (interna ni externa), con unos miembros de la junta directiva que tampoco se sabe cuáles son exactamente sus responsabilidades, no es una estructura del siglo XXI. Un club no debiera ser catalogado únicamente en función de la categoría en que milita. Nuestro caso es una buena muestra de ello: estamos en Primera, pero en las antípodas de lo que debe ser una institución bien organizada y, en consecuencia, bien gestionada. Nos queda mucho camino por recorrer y lo bueno es que lo que queremos ser está en nuestras manos.

El autor es socio del CA Osasuna nº 3.725