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Uxue Barkos Presidenta del Gobierno

Uxue Barkos: “Hemos sido y vamos a ser leales, pero también muy firmes para que la aportación al Estado se adecue a la realidad”

La presidenta del Gobierno de Navarra afronta el nuevo curso político con los presupuestos en la cartera y la renovación del Convenio como reto principal

Una entrevista de Ibai Fernandez - Fotografía Patxi Cascante - Domingo, 16 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:08h

Uxue Barkos Berruezo posa en uno de los pasillos de las dependencias del Palacio de Navarra poco antes de la entrevista.

Uxue Barkos Berruezo posa en uno de los pasillos de las dependencias del Palacio de Navarra poco antes de la entrevista. (Patxi Cascante)

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Uxue Barkos Berruezo posa en uno de los pasillos de las dependencias del Palacio de Navarra poco antes de la entrevista.

Pamplona- Uxue Barkos afronta su segundo año de mandato al frente del Gobierno de Navarra con las mismas dificultades del primero: una dura realidad económica que exige medidas urgentes pero para las que no siempre hay financiación, y una mayoría parlamentaria que requiere una atención continua y algún quebradero de cabeza. Escollos que sin embargo afronta con la experiencia que dan 15 meses en el Palacio de Navarra. “La oposición nos critica que solo planificamos pero, francamente, era necesario porque en muchos ámbitos era algo que no había”, apunta Barkos, que confía que este año servirá para que se empiece a ver “la apuesta clara del Gobierno por recuperar el Estado del bienestar”. “Es la mejor infraestructura para el futuro”, argumenta.

¿Tienen ya elaborados los presupuestos de 2017?

Este miércoles posiblemente presentaremos el anteproyecto. El objetivo es aprobarlo antes del 31 de diciembre. Será un presupuesto inteligente, mesurado y austero, pero sobre todo serio y rigurosos, como el de 2016.

¿Habrá dinero para asumir todos los compromisos deseados?

La financiación es fundamental, pero no es la única herramienta. El éxito de un proyecto político está en saber encauzarlo en el terreno de lo pragmático, y en eso estamos. Esta semana por ejemplo el consejero de Salud anunciaba que algunas pruebas médicas se harán en fin de semana. No es costoso, pero puede traer una mejora en la sanidad muy importante.

Sin financiación, resulta realmente difícil encarar todos los retos.

El pasado año ya aprobamos una reforma fiscal que tendrá su efecto en 2017. No fue una decisión fácil, pero se impuso la cordura, la sensatez y la responsabilidad política, y eso nos ha permitido aumentar en 180 millones el techo de gasto respecto a 2016. No es mucho, pero es más de lo que ocurre en nuestro entorno. En el Estado por ejemplo ha caído la recaudación por una reforma preelectoral que todavía se mantiene, y que creo que es irresponsable si queremos recuperar la calidad del bienestar.

¿Está descartada una nueva subida de impuestos en Navarra?

Puede haber matizaciones pero no grandes cambios. Primero hay que analizar bien cómo funcionan las medidas que aplicamos el pasado año, y va a ser en 2017 cuando se va a notar en impuestos como el de Sociedades o el de Patrimonio.

¿Tiene asegurada ya la aprobación del presupuesto?

Llevamos un tiempo hablando con el cuatripartito. Nos hubiera gustado haber empezado antes, también para sondear al resto de grupos políticos, pero la circunstancia económica general y la situación política del Estado ha hecho que hayamos tenido que aprobar el techo de gasto a última hora. En cualquier caso, todavía queda tiempo para hablar y corregir lo que sea necesario.

¿Descarta entonces polémicas como la de la extra del otro día?

Aquí el único que ha dado el espectáculo con la extra es quien en 2012 asumió su retirada y ahora pretender ser el adalid de los derechos de la función pública. No nos engañemos. Lo de menos era si los funcionarios tenían actualizada o no la extra. Se ha utilizado simplemente para intentar meter un rejonazo a la unidad del cuatripartito. Y no les ha salido bien.

Pero la extra sigue pendiente.

Sí, y no es algo que nos alegre. Pero nuestro compromiso fue devolver la extra esta legislatura, y adelantarlo en función de la disposición presupuestaria. Fijamos un calendario y lo estamos cumpliendo. Si se puede, se hará antes, pero hay muchas urgencias,

¿Los problemas son más complejos de resolver cuando se está en el Gobierno?

La gestión y la acción del Gobierno siempre es más dificultosa que la teorización de las soluciones. Claro que sí. Pero nosotros no hemos engañado a nadie. Ni es verdad que digamos ahora lo que antes criticábamos. Sé que se intenta trasladar esa imagen, pero la gestión de este gobierno tiene un cariz ideológico sustancial. Creo que hemos dado muestras sobradas este año. Los cambios han sido profundos, pero no aspaventosos porque creíamos que era mejor así.

Sin embargo cuesta cumplir las expectativas creadas, y eso puede generar frustración.

Si alguien creían que en un año se iban a revertir 20 años de políticas de UPN, estaba muy equivocado. Solo así se puede entender la frustración. Pero eso es imposible, salvo que se quiera quemar el chaparral, y ese nunca fue el compromiso de este Gobierno, como tampoco lo es del acuerdo programático. Sí lo es en cambio ser pionero en muchos ámbitos, y creo que se han logrado cosas importantes. Aunque tal vez teníamos que haber sido más épicos en el gesto.

¿Qué destacaría?

De entrada, ha habido un giro claro en la prioridad del gasto. Ahora es el gasto social como infraestructura principal de una sociedad. Tampoco antes ha habido tanta presencia en el Parlamento. Eso es transparencia. Ni capacidad de acuerdo entre diferentes en una sociedad tan plural. En este tiempo Navarra se ha posicionado en el eje europeo atlántico del que estaba excluido, hay un reconocimiento explícito de la pluralidad social y lingüística de la comunidad. Creo sinceramente que se ha producido un cambio rumbo de Navarra que va a ser fundamental para el futuro.

¿También ha habido errores?

Sí, y los hemos reconocido sin problema, fruto fundamentalmente de la inexperiencia. En cierto modo, todos hemos tenido que ir aprendiendo sobre la marcha. Ninguna de las cuatro fuerzas que apoyan al gobierno tenían experiencia de previa.

¿La renovación de la aportación anual al Estado es ahora el gran reto del Gobierno de Navarra?

Es un reto que viene desde hace tiempo. Desde 2010 se ha producido una caída de los ingresos exponencial al aumento de la transferencia al Estado que ha desvirtuado la aportación anual. Cualquiera lo ve, pero el informe que ha elaborado la Hacienda Foral lo deja muy claro.

¿Por qué se ha hecho este informe?

Han pasado 25 años desde que se aprobó la ley que regula el Convenio, y en la que se fijan los criterios que determinan cuánto debe aportar Navarra al conjunto del Estado. Los parámetros que fijan esa aportación han quedado obsoletos. Por eso era importante revisar dónde están la cargas compartidas y qué parte debe abonar Navarra por esos gastos comunes. No se trata de cambiar el Convenio, sino de actualizar un método de cálculo que supone un esfuerzo enorme que no está justificado.

¿Navarra ha estado pagando entre 100 y 250 millones de más?

No creo que haya que afrontar el debate en estos términos. Nunca, y esto lo quiero dejar claro, nunca hemos pagado nada fuera de la ley. El problema surge a partir de 2015, y ahí sí es donde hay que aplicar con datos actualizados. Según Hacienda, Navarra debe pagar una horquilla que va desde los 341 millones y a 494, según el Estado asuma todas o ninguna de nuestras demandas. Y el pasado año pagamos 590. Las conclusiones son claras.

¿Planteando públicamente las cifras no se corre el riesgo de simplificar el debate?

Es un ejercicio de responsabilidad que afrontamos desde la solidaridad con el Estado. Por eso la horquilla es amplia, porque asumimos que hay muchas cuestiones que se pueden rebatir. Y lo hacemos con lealtad. Con la misma lealtad con la que hemos actuado hasta ahora. Pero de la misma forma vamos a ser muy firmes y exigentes en la defensa de una herramienta por la que Navarra debe contribuir lo que le corresponde. Ni más ni menos de lo que la responsabilidad y la sociedad con el resto del Estado nos exige. La aportación de Navarra debe ser justa y acorde con su realidad económica y competencial.

¿Es una cuestión más política que técnica, o al revés?

La defensa del Convenio, y por tanto del autogobierno, tienen sentido si es para defender el Estado del Bienestar. Ahí hay una posición política previa. Pero en este caso viene reforzada por los criterios de un riguroso informe técnico que dice que la aportación anual está sustentada parámetros que no nada tienen que ver con la realidad competencial de Navarra, muy diferente a la de 1990.

El Ministerio sin embargo dice que al estudio le falta rigor.

No es un trabajo falto de rigor, desde luego. Entre otras cosas porque lo han hecho quienes mejor conocen el Convenio, que son los técnicos de la Hacienda Foral. Cuando los técnicos del Ministerio lean el trabajo seguro que cambian de opinión.

Cualquier negociación con el Estado a a estar condicionada por el informe.

Desde luego va a ser un elemento fundamental para cometer la renovación del Convenio. Supone un antes y un después en la aplicación de la ley que regula la aportación anual. Se han analizado más de 8.000 líneas presupuestarias de cerca de 60 organismos autónomos del Estado para calcular detalladamente qué cargas compartidas tiene que asumir Navarra. Ese es su valor.

¿Por qué han hecho públicas las discrepancias?

El Ministerio hace tiempo que sabe que estamos trabajando en una línea de estas características, y le hemos enviado el documento antes de hacer públicas sus conclusiones. Pero hemos creído que también debían conocerlo todos los grupos parlamentarios y a la propia sociedad navarra, para que sepan cuál es la posición de Navarra y la de sus técnicos. Es una cuestión de transparencia. Lo que no quiere decir que nuestro interlocutor no siga siendo el Ministerio.

¿No puede parecer que tratan de tapar otro tipo de carencias presupuestarias?

Navarra tiene las carencias que tiene, pero no por esto, sino por otras muchas cuestiones, entre ellas el endeudamiento acumulado. Pero esa es otra discusión.

¿Teme que en Madrid se pueda retrasar la negociación de forma deliberada para apretar a un Gobierno que no es de su color?

No me planteo esa posibilidad, sinceramente. Planteamos esta cuestión desde la confianza plena en que va a haber una parte negociadora tan interesada tanto como nosotros en la defensa de los intereses generales de Navarra y los del conjunto del Estado. La actitud es de confianza plena.

¿Qué pasa si no hay acuerdo ante del 31 de diciembre?

Que seguiremos hablando. Tenemos vocación de ir de la mano con el Estado para buscar un acuerdo desde una posición responsable y no voy a poner fecha al acuerdo. Pero vamos dos años tarde en la actualización del quinquenio 2015-2019. Se retrasa demasiado.

¿Qué previsión de gasto manejan para el año que viene?

Lógicamente, si no hemos aceptado la actualización automática para 2016 tampoco lo vamos a hacer para 2017. Seremos rigurosos y conservadores en este aspecto, pero fijaremos una cifra que entre en el terreno que apunta nuestro estudio.

¿Eso puede suponer un problema presupuestario, como apunta UPN?

A UPN habría que recordarle que los ejercicios de 2013 y 2014 también se cerraron sin acuerdo, y que tuvimos que resolverlos cuando llegamos al Gobierno pagando la diferencia. No es verdad que haya infrapresupuestación, como dice. Esto ha ocurrido muchos años, de forma además acertada. Yo niego la mayor, pero si UPN insiste en esa afirmación, deberá asumir sus propias responsabilidades.

¿Le preocupa la actitud que pueda tomar UPN en este asunto?

No. En la parte fundamental, y creo que es justo decirlo, la respuesta de UPN y de su presidente Javier Esparza ha sido responsable. Quizá no comparto que en ese mismo tiempo se hayan producido críticas a la gestión presupuestaria retorciendo un concepto que no es real, como es la infrapresupuestación. Pero espero que no vaya a mayores.

¿Cómo cree que se pueden interpretar las demandas de Navarra en el resto del Estado?

Evidentemente hay riesgo de que haya quien quiera rentabilizar esto con interés político. Pero por eso es importante el concurso de todo el arco parlamentario para compartir una pedagogía y un discurso de solidaridad con el conjunto del Estado. Siempre ha sido así, y así creo seguirá siendo así.

¿Tiene previsto hablar directamente con Rajoy de este asunto?

De momento hemos hablado con el Ministerio. Estando en funciones, y con mucho trabajo técnico por hacer, hablar directamente con el presidente no parecía lo más adecuado. Pero si la situación política se aclara, trataremos el asunto, sí.

¿Que siga el PP en La Moncloa es una mala noticia para su Gobierno?

Este es un Gobierno formado por fuerzas progresistas, y lógicamente hubiéramos visto con más simpatía un Gobierno progresista en Madrid. Pero eso no tiene que condicionar las relaciones. Seguro que habrá diferencias ideológicas. Solo pido lo mismo que ofrezco: lealtad institucional y trabajo conjunto en defensa de los intereses generales.

¿Entiende que el PSOE se plantee la abstención?

No, sinceramente. La interinidad permanente no es buena, pero no he comprendido por qué desde el propio PSOE no le han dejado a Pedro Sánchez buscar un Gobierno alternativo.

¿Ha sentido afinidad con Sánchez?

He comprendido mucho al líder del PSOE porque aquí vivimos algo parecido en julio de 2015. Se plantearon algunas posibilidades estrambóticas en medio de una presión que ahora se ha aplicado de manera exponencial. Pero creo que Sánchez ha demostrado que la defensa digna y leal de una posición ideológica acaba siendo también una buena medida de valentía. Una parte del PSOE está actuando con una enorme dignidad.

¿Cree que un acercamiento del PSOE al PP en Madrid puede acercar al PSN y UPN?

No son buenos tiempos para el PSOE, pero espero que no afecte en Navarra. Al menos no parece que vaya a ser así. Desde la lógica lealtad y disciplina del partido, la ejecutiva de María Chivite ha sido muy firme en su posición. No se han callado, y ese es un buen bagaje en política.

¿Cómo es su relación con el PSN?

Normalizada. Me gustaría pensar que nos vamos a encontrar en muchos asuntos en los próximos meses, tal y como está ocurriendo ya en el Parlamento.

¿Eso puede poner en riesgo la mayoría de 26 parlamentarios?

No, nunca. Nuestra apuesta siempre ha sido sumar 33 votos, pero sin renunciar jamás a los 26 que firmaron el acuerdo programático. No me gustaría perder este tesoro por nada del mundo. Pero si somos capaces de sumar a otras fuerzas en ámbitos sectoriales será bienvenido, porque ayudará a consolidar el cambio.

¿Es muy sufrida la relación del Gobierno con el cuatripartito?

Es trabajosa, pero también muy satisfactoria porque funciona. Se ha demostrado una madurez política que muchos no esperaban, y quizá por eso una parte de la oposición está elevando el tono en términos de impaciencia apocalíptica. El compromiso está siendo encomiable, sinceramente lo digo.

¿Le sorprende el tono de UPN?

En este arranque de curso les hemos visto abusar de manera excesiva del tono apocalíptico. Pero el Apocalipsis tiene un problema, que luego no se cumple. Son fuegos artificiales de un día. Están gastando el fuego de la oposición en salvas, y se equivocan.

Pero el ruido a veces logra trasladar una imagen determinada del Gobierno, y no favorable.

Sí, muchas veces el ruido oculta todo lo demás. Pero si somos capaces de mejorar el bienestar de la ciudadanía, el empeño de la oposición por seguir hablando de banderas terminará siendo absolutamente baldío. Inútil. Ese es el reto.

De momento es lo que protagoniza las sesiones de control.

Es una pena que las sesiones de control se malgasten en algunos asuntos. No hay más que coger una lista de los temas que se me ha preguntado determinados partidos No voy a esquivar el debate, y si quieren hablar de banderas, les responderé, pero no voy a dedicar más esfuerzo del necesario.

Pero estos días se ha hablado más del escudo de la fachada del Palacio de Navarra que de la nueva renta garantizada.

No sé qué dirán los ciudadanos. Pero este Gobierno intenta resolver los problemas con trabajo y honradez. Unas veces acertará y otras no. Pero creo que va a haber grandes aciertos, y espero que la ciudadanía los disfrute. Si el año que viene las leyes que estamos poniendo en marcha ahora funcionan, estoy segura que nadie se acordará del ruido e estos días.

¿Este es un Gobierno estable?

Evidentemente, sí. Desde luego mucho más que los que tenemos al rededor. En Navarra tenemos una realidad muy plural que no impide un Gobierno estable vinculado a una mayoría parlamentaria a través de un acuerdo programático muy concreto. Y nadie se ha salido del contrato firmado en julio de 2015. Eso es muy importante.

¿No le da importancia entonces a las discrepancias públicas entre socios?

El acuerdo deja margen para la expresión de la diferencia política. Eso no es grave ni negativo, hay que asumirlo con normalidad política mientras el Gobierno funcione, que es lo importante.

¿Han terminado ya los cambios en el Gobierno?

El grueso esta hecho. Falta alguna cosa más, pero se irá haciendo con tranquilidad.

¿Los cambios más profundos han sido en Educación y la portavocía porque eran los flancos débiles?

El foco se ha puesto en Educación porque la oposición ha fijado ahí el campo de batalla. Pero en Medio Ambiente y Desarrollo Rural también ha habido cambios importantes. Y en Sanidad. Ha sido algo necesario tras la puesta en marcha del Gobierno. Lo mismo pasa con la portavocía. La consejera necesitaba centrarse en su departamento y se ha reforzado la figura del portavoz. No hay más.

¿Está descartado entonces un cambio en el modelo Gobierno?

Este fue un planteamiento concreto para unas circunstancias concretas. Hablamos de cuatro partidos y coaliciones llamadas a sostener al Gobierno, y eso exigía un cohesión importante dentro del Gabinete. Y creo que ha funcionado bien. La mejor prueba es que hemos ido a dos convocatorias electorales sin que el acuerdo ni el Gobierno hayan sufrido rasguño alguno. De todas formas, cualquier cambio volvería a contar con el concurso del cuatripartitio. Es un compromiso firme desde el primer día.

Ese modelo supone también que le toca implicase siempre que hay problemas, y eso se traduce en un desgaste político. ¿Lo siente así?

A lo mejor me equivoco, pero no creo que la presidencia deba ser algo intocable ni intangible. He venido a esto, y si me tengo que desgastar, me desgasto. Acertare o no, pero no voy a rehuir mis obligaciones. Y cuando toque disfrutar de los aciertos lo haremos en equipo. Lo que me preocupa es que el Gobierno funcione.

¿Está satisfecha con la nueva renta garantizada?

Sí, creo que es un avance muy importante porque pone en la misma altura de atención a todas las personas en riesgo exclusión. A los mayores con pensiones insuficientes, a los menores, a quien tiene menos apoyo porque viene de fuera. Y la vamos a dotar de medios para romper la brecha que la crisis ha abierto en el seno de esta sociedad. Este, como otros avances en Salud o Vivienda, son pioneros en muchos aspectos. Pese al ruido confío en que van a ser irreversibles.

¿Qué perspectivas económicas maneja para el próximo año?

Ligeramente mejores que para el Estado, pero en un contexto de ralentización general. Algunos organismos vaticinan un crecimiento del 2,4% para Navarra frente al 2,2% del Estado, lo que nos deja en una ligera posición de avanzadilla. En cualquier caso, 2017, como 2016, viene también con muchas incertidumbres, así que vamos a estar muy atentos.

¿Eso cómo se traduce en empleo?

Este ha sido un año importante en la medida que hemos bajado de los 40.000 parados. Hay elementos positivos, como la afiliación a la seguridad social, y otros no tanto, como la precariedad. Vamos a ver, confío en que pese a que el crecimiento del PIB no llegue al 3% Navarra seguirá generando empleo en sectores de fortaleza como la industria.

Una de las apuestas del Gobierno ha sido también la convivencia. Ayer dos guardias civiles y sus parejas eran agredidos en Alsasua. ¿Es solo un hecho aislado?

Tuve la oportunidad de visitar ayer en el hospital a las personas agredidas, a quienes trasladé la condena de lo sucedido, algo que nos repele de manera radical. No se puede iniciar un camino de paz desde la ruptura de la convivencia. Pero no creo que sea acertado hacer categoría del suceso. Es una actuación punible que hay que esclarecer, pero que no representa a la sociedad navarra ni alsasuarra.