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Freedom for words

Negro

Por Pello Yaben (www.pelloyaben.com, contact@pelloyaben.com) - Domingo, 27 de Noviembre de 2016 - Actualizado a las 06:09h

Hace frío en Pamplona. Varios empleados de una empresa emblemática de esta ciudad han sido despedidos. Dejan atrás años de trabajo y se llevan consigo todo un conocimiento impagable. Tomando un café con uno de ellos rebalsa de su boca un solo color: el negro.

El negro es el color en el que culmina la vida, es el color en el que se transforma tarde o temprano toda aventura humana. Negro es el color predominante de los asuntos turbios, de los panoramas inciertos, de los trabajos indignos, de la sabana africana. El negro es un color que gana al blanco sin despeinarse. Es el último, el colofón. Después de él, nada.

El negro es el color que acompaña a los desmanes humanos, y a sus dolores. Todo color decolora, y no hay manera de llenar de rosa pálido o de verde esperanza o de azul cielo las costuras de un futuro sombrío. El embotellamiento ingenuo de colores te aboca al negro.

Negro es el color de las crónicas de sucesos, del humor punzante, de las tarjetas, del Black Friday, de quienes trabajan como mulas o escriben libros para sus amos o hacen lo que se les manda porque no pueden mandar sobre lo que hacen. Negro es trabajar en blanco de sol a sol. Negro claro no es un color sino un error ortográfico que se corrige con sólo intercalar una coma entre las dos.

Los delitos habitan en lugares amparados por el negro. Sin embargo, se le llama negro a la persona explotada. Yo me muevo en lo negro, pero tú eres negro, podría ser la frase.

El negro ameniza el mundo de los negocios dándole una nota de color a sus avatares. Qué sería la corrupción sin el negro, y qué sería del desvío de capitales, de la evasión de impuestos, de la explotación laboral, del trabajo sucio. Qué sería del mercado sin el mercado negro. Es el negro el color predominante en muchos negocios. Lo está en las previsiones, en los chanchullos y en los datos de la economía por mucho que torturemos a esos números para que acaben diciendo lo que queramos que digan. Negro es el color humeante de las puertas giratorias, y el color de la esperanza de quienes son despedidos de la empresa por la puerta de atrás, mientras el rutilante logo de la marca encabeza la entrada principal del edificio.

Negro es el color de algunas tribus urbanas (emos, góticos, grunges, metaleros, Darks…) y el vicio de algunos grupos de poder (Gurteleros, Brugales, Barcenistas, malayos, filesas, Nooseros, púnicos, taulas…).

¿Alguien ha contabilizado el número de empresas ficticias e interpuestas que no tienen actividad y sólo sirven para lavar dinero negro? ¿Son contabilizadas en las estadísticas cuando se menciona el número de empresas en España alardeando de vitalidad?

El negro es tragaluz, y es negro el panorama de algunos compañeros de trabajo que han sido despedidos por una empresa que piensa que donde hay que estar es en Madrid, en la city, macho, que no tiene sentido estar en provincias, con tanto aldeano y gente acomodada, incapaz de interesarse por el mundo y sólo atenta a preservar sus derechos. Alguna vez he llegado a oír una palabra aterradora: despamplonizar la empresa. De esto hablan algunas. Para temblar.

Negro era el regaliz que manchaba mi boca en el cine REX mucho antes de que supiera qué era una empresa, un negocio o un despido. Y negro es el color del luto por la pérdida de algo querido: un familiar, un amigo, un trabajo, la cordura.

Negro es todo lo que ves cuando abres bien los ojos.

Muy rico este café. Comparado con otros, no hay color.El autor es experto en desarrollo de organizaciones

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