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presenta su obra ‘El invernadero’

Chivite “coge aire” de lo “ajeno” en su nueva novela, ‘El invernadero’

Editada por Baile del sol, es una obra realista “sobre el transitar en el mundo de hoy”

Fernando F. Garayoa | Patxi Cascante - Viernes, 2 de Diciembre de 2016 - Actualizado a las 06:08h

Fernando Chivite, en la librería Auzolan, donde presentó su último libro.

Fernando Chivite, en la librería Auzolan, donde presentó su último libro. (PATXI CASCANTE)

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pamplona - “No estaba seguro de lo que quería contar. Empecé a escribir sin un verdadero plan, esa es la verdad. Sin una historia definida. Sin una arquitectura. Pero lo cierto es que siempre ha sido así, en todas mis novelas anteriores. Supongo que no sé escribir de otro modo. Solo tenía el principio, la voz del narrador”. De esta forma explica Fernando Chivite el punto de partida de su último libro El invernadero, que presentó ayer en Auzolan, “como siempre”, acompañado por Fernando Pascual, socio de la referencial librería pamplonesa.

Tras barajar varias opciones, entre las que figuraban Iceberg o Gente nueva, el escritor navarro se decidió finalmente como título por El invernadero porque “es más sugerente, por la ambigüedad y lo que representa. Me gustó la palabra. Me gustó cómo sonaba. Pero no solo eso. Hay un invernadero. El invernadero como tal es un espacio que alberga a un personaje especial para la trama. Por otro lado, la novela dura lo que dura un invierno; empieza poco antes de Navidad y acaba el 20 de marzo. Es como un tiempo entre paréntesis en el que el narrador está fuera de su entorno, de su lugar, de su zona de seguridad, en una ciudad ajena que desconoce y en una actitud de observar atentamente y reflexionar sobre lo que ve a su alrededor y lo que está pasando. Los escritores nos pensamos mucho lo del título y nos lleva a verdaderos atolladeros de cabeza, y no estamos seguros de cuál es el mejor; de hecho, este me lo sugirieron, por lo que no es del todo original”.

Esta novela desempata la producción literaria de Fernando Chivite, que hasta el momento había publicado cinco libros de poesía y cinco de narrativa. “Mi primer libro fue uno de poemas que editó Pamiela, hace ahora justo 30 años, que llevaba por título La inmovilidad del perseguido”, rememora el autor, para, acto seguido, destacar especialmente, a modo de clave argumental y descriptiva de la obra, “la necesidad de coger aire en lo ajeno”. Una búsqueda vital que “se lee fácil, ya que la frase corta favorece el ritmo y está escrita un poco fragmentariamente, tratando de hacer un puzle, en capítulos pequeños”.

Chivite hizo también especial hincapié en la frase que abre el libro, “por iluminadora”. La cita, de Max Frich, dice así: Un anhelo de gente nueva para quienes uno mismo sería también desconocido. “Frich me influenció muchísimo y esta novela, en su estructura y planteamiento, hace homenaje a una de sus obras, Montauk”.

En lo concerniente al género de esta obra, Chivite reflexionó sobre el “auge que existe ahora, un alud de producción de literatura popular, sobre todo en los subgéneros de fantástica, policíaca, histórica, erótica, e incluso, a veces, una mezcla de los cuatro, tipo Juego de tronos. Este nuevo género que está triunfando parece que nos está enterrando un poco, hasta el punto de que no encuentro resquicio por el que se nos pueda ver a nosotros. Esta novela no tiene nada que ver con eso. Yo diría que es realista contemporánea, en el sentido de que los personajes que aparecen son de hoy en día. Y muchos de ellos están basados en personas que me resultan cercanas o en historias que me han contado que suceden ahora. Por eso el núcleo de la novela es el movimiento, lo que cambiamos. De hecho, está ubicada en Berlín, un ciudad que representa el cosmopolitismo norteamericano pero en Europa, por su diversidad de gentes, razas, procedencias... y por eso me gustaba que estuviera ubicada en esa ciudad”.

Fernando Pascual, por su parte, quiso resaltar la voz narrativa de esta novela, “que va ganando en intensidad”. En este sentido el escritor navarro matizó que “los que escribimos en primera persona, desde el yo y en presente, se supone que utilizamos esa voz porque narra con verdad lo que ve en ese momento. Y por eso es muy fácil que el lector identifique a ese narrador con Fernando Luis Chivite, sobre todo el que me conoce... Pero no, el narrador es mucho más valiente que el autor, siempre, porque intentamos mejorarnos un poco. Y, además, está ese pudor real del escritor que calla muchas cosas; no hay que cometer la equivocación de identificar la voz del que habla con el escritor que firma la novela”.

Claridad y tono Chivite huye en su relato de toda retórica, buscando la claridad. “Supongo que no siempre ha sido así. A ciertas edades uno tiende a ponerse enfático. Es natural. Pero acabas aburriéndote de eso. La solemnidad suele ser un poco pesada y yo quería hacer una novela que fuera todo lo contrario a pesada. Luego, además, hay una cosa que inevitablemente ocurre: la vida te acaba enseñando a no tomarte demasiado en serio. En esta novela he tratado de huir del exceso de literatura. Para mí lo más importante es encontrar el tono: un tono creíble. Y mantenerlo hasta el final”. Precisamente, respecto a ese tono, el escritor destaca que “la voz es el alma, decía Aristóteles. Para un escritor, el tono de voz lo es todo. Escucha a ese tipo que te habla: en su tono de voz puedes percibir de inmediato si te habla con respeto o no. Si te trata como a una persona inteligente o te trata de imbécil. O te habla como a un niño. Si pretende asustarte, sorprenderte, contarte una bobada inverosímil. Por otra parte, en la mayoría de los casos uno nota con bastante rapidez si un libro está o no escrito para él”.

el libro

Edición. Cuenta con 189 páginas y sale a la venta al precio de 14,56 euros.

La historia. El invernadero es una historia contemporánea. De cosas que les pasan a la gente de ahora. Un escritor viaja a Berlín tras las huellas de un científico con el que compartió la juventud y encuentra a una misteriosa joven uruguaya que huye de algo. El tema de fondo de la novela es el individuo en constante movimiento, la incertidumbre moral y la necesidad de salir y coger aire en lo ajeno. La narración se ramifica a medida que cada personaje nos lleva a otro. Podríamos decir que se trata de una novela de personajes secundarios cuyas trayectorias vitales se entrecruzan durante un instante y luego se pierden. Una obra sobre el transitar en el mundo de hoy, escrita en el tono inmediato y urgente de la primera persona, con una prosa transparente, de frases cortas y lectura rápida.

Auzolan. “Amo esta librería de San Gregorio-apuntó Chivite-, fue el abrevadero intelectual de mi juventud. Y siempre le he tenido lealtad porque ha sido mi nicho primigenio; y nunca robé aquí, porque le tenía respeto, en otras sí (risas). Entraba todos los días y era como respirar”.

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