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La Ribera, ¿objeto o sujeto?

Por Carlos Guillén Sola - Martes, 10 de Enero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

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En las elecciones municipales y forales de 2015 se consumó un hecho que bien podría ser calificado de histórico; por primera vez, la derecha es derrotada en Navarra sin contar con el PSN y varias fuerzas progresistas, abertzales o nacionalistas y de izquierda sujetan un gobierno alternativo. El llamado cambio llegó también a las diferentes capitales de merindad y poblaciones relevantes de todo Navarra, así como a la FNMC, las diversas mancomunidades, etcétera. Pero esa ola de cambio pasó de las riberas del Aragón hacia las tierras que riega el Ebro con bastante menos fuerza. Si bien podemos hablar de alcaldes de cambio en Tudela, Castejón o Corella, las cosas no han cambiado tanto aquí en nuestra querida comarca. Y no es que infravalore a las caras nuevas, todo lo contrario, lo digo por otras razones.

En todo este tiempo de gobierno con el equipo que dirige Uxue Barkos, en la Ribera se está viviendo, si me permiten, un momento político tan convulso y trepidante, como también interesante y por qué no decirlo, apasionante. La comarca sureña, otrora patio trasero de losdepamplona (término que ha caído en desuso tras el cambio de gobierno) electoralmente tan jugoso, se ha convertido en tablero de juego preferente para las dos principales patas del antiguo régimen foral, UPN y PSN. Curiosamente, donde han sido y siguen siendo predominantes.

La Ribera como objeto. No hay semana que no aparezca bien en rueda de prensa, bien en algún vídeo, titular o artículo alguien de estos dos partidos (en menor medida también el PPN), hablando de situaciones caóticas o de emergencia, como si la Ribera se encontrara como Chernóbil tras el desastre nuclear. Situaciones estas, en gran medida provocadas por la gestión de los gobiernos donde han participado. Hay que recordar que la desindustrialización de la Ribera se lleva produciendo al menos desde 2005, por no hablar de los despilfarros como Senda Viva y la Ciudad Agroalimentaria, que al parecer son máquinas de generar gastos, proyectos y apuestas por infraestructuras inútiles, las quiebras a las que han llevado algunos equipos de gobierno a sus ayuntamientos, etcétera. Y eso que estamos hablando de Los Gestores con mayúsculas y de la izquierda capaz y de orden.

La Ribera es aquel rincón de Navarra a donde se tienen que agarrar por dos motivos; en primer lugar, porque es donde más votantes tienen y es la última esperanza para derrocar a este gobierno. Todo vale para ello; desde el oportunismo, como pedir la gratuidad de la AP-15 (cuando UPN y PP nunca lo contemplaron), inversiones y frentes abiertos en todos los resquicios desde Ablitas hasta Caparroso que aparecen como setas sin precedentes, utilizar el Hospital Reina Sofía como munición tras los recortes aplicados y un intento de desmantelamiento, etcétera. Y en segundo lugar, porque es aquí uno de los pocos lugares donde pueden mantener sus txiringuitos.

Por tanto, su extrema preocupación por la Ribera es un arma de doble filo en ese sentido. A orillas del Ebro hay dos cuestiones que preocupan y no poco a la población. Una, ¿cómo se gestiona el dinero procedente del Ministerio de Defensa por parte de la Junta de Bardenas y qué pasa o ha estado pasando en dicha Junta?, puesto que las informaciones que han aparecido en las últimas semanas no dejan en buen lugar a UPN, partido que históricamente ha controlado un órgano hermético, opaco y con escaso label democrático. Habida cuenta que se está manejando mucho dinero público, la población deberíamos saber dónde va a parar, cómo y para qué. Pero allí donde la UPN pone el huevo es conocida la frase de “cuanto menos se hable, mejor”.

Y la otra cuestión; ¿cómo se ha gestionado la firma del preacuerdo entre la Mancomunidad de Residuos Sólidos de la Ribera (MSR) y la Diputación Foral de Gipuzkoa, para que El Culebrete reciba las más de 70.000 toneladas de basuras? Que por lo visto, y en este caso, no dejan en buen lugar al PSN. Son estos, pues, dos entuertos que nos ayudan a visualizar la verdadera cara del bloque opositor al actual Gobierno navarro. No es casualidad que aquí hayan volcado históricamente sus esfuerzos por minimizar el debate político en una frase clave “si no eres de la UPN, tienes que ser del PSN”, tratando de elemento decorativo a todo lo demás. Dos caras de una misma moneda, aparentemente opuestas, con formas similares en la gestión. Su interés no es el interés general como podemos ver, sino el de mantener sus txiringuitos a buen recaudo para seguir con su política amiguista, clientelar y sus tejemanejes.

La Ribera como sujeto. La Ribera debe dejar de ser utilizada como arma arrojadiza, para rentabilidad de terceros y tenemos que ser la vecindad, los que nos reivindiquemos como lo que somos; un sujeto. Está comprobado que el bloque opositor solo nos menciona para su propio provecho, porque hasta ahora nunca habían tenido la vista puesta en la Ribera de una manera tan obsesiva. Siempre nos dijeron que aquí nunca pasaba nada y que nunca debiéramos preocuparnos y parece que, de la noche a la mañana, se estuviese acabando el mundo. Los que nos han llevado a la situación que vivimos se presentan como los caballos de batalla frente al tirano vascón-estalinista de cuatro cabezas que nos gobierna y maltrata. Pero nada más lejos de la realidad, el bloque opositor que compone UPN, PSN y PPN más bien son caballos de Atila, que por donde pasan no crece la hierba. Nos han condenado a soportar un polígono de tiro, decenas de empresas contaminantes, despilfarros a diestra y falta de inversión a siniestra, el crecimiento del paro, ver peligrar la integridad del hospital comarcal, sobrevolar nuestras cabezas la amenaza del fracking, centrales de Castejón…, etcétera.

Por eso es necesario que esa ola de cambio se extienda también a nuestra comarca. Nadie dice que sea tarea fácil, pero si es complicado, es porque merece la pena. Urge garantizar servicios públicos de calidad, democratizar los entes supramunicipales y algún que otro ayuntamiento y ponerlos a servicio de la gente; cooperar y no competir entre consistorios, llevar a cabo políticas en defensa de la tierra, evitar despilfarros e invertir para cubrir necesidades, abrir debates y participación en todos los frentes (movilidad, gestión de residuos, gestión del agua, etcétera) pero ante todo, desde la convicción de creernos lo que somos; comarca, un sujeto con personalidad propia. Quienes estamos por el cambio, ya seamos partidos, candidaturas populares, sindicatos, organizaciones sociales, etcétera, debemos impulsar esa alternativa a lo presente, para hacer de la Ribera un sitio mejor y no lo que estamos siendo, una moneda de cambio a los intereses del viejo régimen de UPN, PSN y PP.

El autor es miembro de EH Bildu Erribera

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