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Respuesta a ‘¿Quién defenderá el sentimiento aconfesional’?

Mª Carmen Ainzúa Abad - Miércoles, 11 de Enero de 2017 - Actualizado a las 06:06h

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En respuesta al artículo aparecido en Tribunas de su periódico, titulado ¿Quién defenderá el sentimiento aconfesional? (jueves 5 de enero de 2017), me gustaría hacer algunas observaciones.

Hablaré desde el lado confesional católico, al que personalmente he llegado después de muchos años viviendo en el ateísmo y conociendo otras confesiones.

Respeto absolutamente todas las posiciones del ser humano que estén basadas en la integridad y la aceptación del otro. Después de leer atentamente el artículo considero totalmente desproporcionadas las observaciones de los autores con respecto a la falta de equilibrio en el respeto al sentimiento aconfesional. La base de nuestra sociedad actual es -o debería ser- el respeto. Como dice Julián Carrón en su libro La belleza desarmada (Ediciones Encuentro, SA Madrid 2016), la libertad de religión procede de una conciencia de la naturaleza de la verdad y de la relación entre ella y la libertad. La verdad no puede imponerse desde el exterior, debe ser abrazada y hecha propia por el hombre en la libertad.

Para defender los derechos de cada uno no es necesario atacar los de los demás. La palabra antirreligioso que aparece en el escrito habla de algo que ataca a otro algo o a alguien, la animadversión -como dice el artículo- hacia aquello que tiene que ver con la religión.

No todo tiene una existencia empírica -argumento contra el ser religioso al que aluden los autores-. Prueba de ello son los sentimientos de quienes firman el mencionado texto, sentimientos que no podemos encontrar físicamente pero que están en su corazón.

Todo es respetable desde el amor. En lugar de encender fuegos contra algo procuremos vivir al lado de las personas que irradian luz, y alimentar el amor y la solidaridad frente al resquemor y la intolerancia.

Terminar diciendo que el derecho a la libertad religiosa está fundado en la dignidad misma de la persona humana. Refiriéndome nuevamente al libro de Carrón, añadiré que en materia religiosa no debe obligarse a nadie a obrar contra su conciencia ni impedirle que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros dentro de los límites debidos (sic).

Desde una posición cristiana terminaré diciendo que la Iglesia quiere salir al encuentro de todos los hombres, independientemente de su ideología o pertenencia política. Cada uno en su libertad acogerá o no las manos abiertas que se le ofrecen.

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