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Ópera

Festín vocal

Por Teobaldos - Lunes, 16 de Enero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

I Capuleti e I Montecchi: ópera en dos actos con música de V. Bellini sobre libreto de F. Romani

Con: Maite Beaumont (Romeo), Sabina Puértolas (Julieta), J. Luis Sola (Tebaldo), Luiz-Ottavio Faria (Capellio), M.A Zapater (Lorenzo). Orfeón Pamplonés (Igor Ijurra, director). Orquesta Sinfónica de Navarra (Antonello Allemandi, director). Lugar: sala principal del Baluarte. Fecha: 14 de enero de 2017. Público: casi lleno (44, 36, 24 euros). Incidencias: Versión de concierto, con supratítulos explicativos y proyección sobre el coro de sus dos roles -capuletos y montescos-.

La década de 1830, año del estreno de la ópera que nos ocupa, es la década del bel canto, y Bellini, su maestro (junto a Donizetti), lo bel-canta todo, sin regateo: “una melodía vale más que mil músicas”. Y el público se rinde a esa fascinación melódica. Como se ha rendido a la fiesta vocal que han ofrecido los protagonistas en esta gran noche de ópera: una Maite Beaumont inconmensurable, dominando las continuas dos octavas que le exige su delirante papel travestido; una Sabina Puértolas columpiándose por el agudo sin miedo al precipicio; un José Luis Sola con un timbre belcantista fortalecido, sobre todo en la voz media, por un ímpetu racial; unos bajos -Luiz Octavio Faria, y M.A. Zapater-, rotundos y convincentes; un coro impecable, preciso en el staccato y con fortaleza grupal; y un Allemandi con pulso arrebatador, que abundó en volumen en esos finales tan conclusivos de las diversas partes; que dejó cantar a los solistas, esperándoles siempre; y que, a veces, no controló del todo el volumen de la orquesta que, claro, hubiera estado mejor en el foso. Una orquesta, por otro parte, metida totalmente en el bel-canto: la clarinetista, el trompa, la arpista, el chelista, la cuerda preparando mullidamente las entradas, el tutti, dramatizando los finales. Todos -con el público- metidos en ese aire fácil de la melodía, que, sin embargo, es tan comprometido para los intérpretes.

Beaumont compone un Romeo completo; en lo vocal parte de un extraordinario y original color: una mezzo que, de arriba abajo, mantiene una envidiable homogeneidad, dotando a los extremos -y muy extremos graves y agudos- de la misma intensidad. Siempre con tornasolada belleza de sonido. Teatralmente, se hizo con el personaje, llegó al público y emocionó. Puértolas domina las alturas; evoluciona como quiere por el agudo; sus filados van y vienen del matiz pianísimo a la vocalización adornada sin problemas: se disfruta de su seguridad. Su Julieta es creíble desde su planta, delicada pero fuerte, a la vez. Ambas compusieron un dúo final de escalofrío. Son voces que se hermosean la una a la otra; en los tramos a capella de una intimidad humanísima. Las ovaciones que recibieron ambas, ensordecedoras. Sola, convenció en su magnífica aria L´Amo tanto, que abre las intervenciones solistas, brillante y poderoso. Faria es un autoritario Capelio, lo mismo que Zapater, en su rol. Me gustó la limpieza coral en los textos, en el fraseo entrecortado, en la lucha, en los recogidos tramos funerales. Y, a pesar de algún episodio excesivo de volumen, el pulso del maestro Allemandi es operístico al cien por cien: tempos flamígeros, como la obertura; rubato y retardandos al gusto del cantante; y teatralidad.

Y sí, también hubo una emoción especial y un cierto orgullo local, al comprobar el altísimo nivel de los dos cuerpos estables; y la espectacular cima artística a la que han llegado voces a las que hemos seguido desde que comenzaron.

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