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Carlistas y Museo del Carlismo

Por Patxi Ventura San Juan - Lunes, 30 de Enero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Contestando al artículo de Fernando Mikelarena, de IE, y otros del Liceo Lacort y de Joseba Eceolaza en DIARIO DE NOTICIAS


sí, en el consejo asesor del Museo del Carlismo existen personas y algunos colectivos con actitudes claramente negacionistas de la masacre sufrida por la izquierda, los nacionalistas, los anarquistas y los republicanos en el golpe fascista del 18 de julio de 1936 y también otros minoritarios como el Partido Carlista que no lo son.

En EKA (Euskal Herriko Karlista Alderdia) venimos reclamando desde antes de su inauguración que el museo debe atenerse a la verdad histórica científicamente demostrada y no a la caricatura carca y montaraz con que nuestros enemigos de uno y otro signo vienen intoxicando y enseñando en las escuelas y que hoy también desgraciadamente prevalece en el museo. Desde EKA sufrimos y enfrentamos, como lo hicimos en Montejurra en 1976, a todos los fantasmas de un largo pasado (ya 194 años de historia) y también a los presentes. Nada más lejos por nuestra parte que dejar de protestar por las carencias y deformaciones del museo, ni negar en su contexto todas las barbaridades que realmente se documenten debidamente y se nos atribuyan, tanto las que puedan ser de nuestra responsabilidad como las que cometieron contra nosotros nuestros enemigos: el mayor el Estado llamado liberal.

Resulta innegable que durante los primeros meses tras el golpe hubo desmanes y ocurrieron salvajadas por parte de personajes que poco o nada tenían que ver con la ideología carlista, al margen de su jerarquía en el partido en aquellos momentos (hay que recordar el desembarco de integristas y alfonsinos con la llegada de don Alfonso Carlos). Sucesos y barbaridades descontroladas pero inexcusables que todos los participantes en la guerra tuvieron sin excepción. De las chekas, las llamadas Jornadas de Mayo en Barcelona, los fusilamientos de Paracuellos o el asalto a la cárcel de Guadalajara, por citar solo alguno, nadie ha pedido perdón, lo cual no relativiza ni disculpa que otros no lo hagan o hagamos en lo que pueda habernos correspondido. Debemos condenar todos los asesinatos y todas las barbaridades cometidos por una y otra parte antes y después del golpe militar del 36: el asalto a la cárcel de Tafalla, los ataques a la dignidad humana y la persecución por ideas políticas y religiones, los golpes de Estado y el estado de incultura, miseria, necesidad y fanatismo en que se encontraba la mayoría ciudadana a raíz de un sistema injusto, caciquil y explotador como de hecho lo fue el jacobino y liberal escudado bajo el manto de progresismo. El régimen franquista y sus herederos fueron y son enemigos acérrimos del carlismo, al que han pretendido eliminar por todos los medios e incluso apoyando y financiando organizaciones paralelas para eliminarnos, y por ello los carlistas llegamos a enfrentarlo hasta con las armas en varias ocasiones.

Odio ladino es el de algunos que, al margen de cualquier realidad constatable, se obstinan en desconocer que nuestro partido, a pesar de todos los pesares y con todas las excepciones que se puedan demostrar en cuanto a su ejecución, publicitó la prohibición de participar en cualquier represalia al margen de la ley, y que cuando pudo expulsó de sus filas a los que colaboraron con el franquismo. Si como se pretende hubiera existido coacción generalizada sobre los familiares de ciertos asesinados y no de otros, es de suponer que sus testimonios hoy nos hubieran llegado de una forma u otra, como se hicieron presentes ante asesinos como el Chato de Berbinzana, que a pesar de su vesania y de tener a los suyos copando el poder no pudieron evitar ser vilipendiados en vida y sus crímenes conocidos por todos como lo fueron en otros tiempos los del también criminal y liberal Cojo de Cirauqui o el traidor maroto.

Los requetes de base, El Templau de Tafalla fue un buen ejemplo, fueron utilizados como carne de cañón en las posiciones de choque y sus mandos carlistas reemplazados por militares y fascistas que lo único que tenían de carlistas era el uniforme. Del mismo Templau se conoce que estando herido en Tafalla recriminó a algún matón que alardeaba de los paseos diciéndole que para usar las armas había que ir al frente y hacerlo de tú a tú, como los hombres, y no en la retaguardia.

Siempre hemos estado y estamos con los familiares de todas las víctimas como tal consideradas, pero de todas no solo de algunas. En cuanto a las “actuaciones y enormes cuotas de poder del llamado carlismo colaboracionista”, muy minoritario y expulsado, solo recordar que desde 1937 los jefes del carlismo Javier Borbón y Manuel Fal estaban desterrados y la organización ilegalizada y suplantada por el Movimiento, y por tanto ajenas a nuestra organización. Sobre la orientación del Museo, desde EKA hemos mostrado desde su inauguración nuestra protesta por su sesgada y falsa orientación y dirección, tanto ante el Gobierno de Navarra como en los medios y jornadas sin mayor éxito, por ello nuestra insistencia ante el Parlamento.

No, el museo no muestra un carlismo salvífico e inocente sino un carlismo integrista montaraz y salvajemente contrarrevolucionario solapando al carlismo popular y su defensa de las libertades reales y comunitarias, las forales, frente a los llamados liberales que jacobinamente se las arrebataron junto a la soberanía del Reino de Navarra. Liberales de uno y otro pelaje que tantas barbaridades tienen también que asumir y reconocer, como casi todos.


El autor es militante de EKA

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