Geometría emocional

El pamplonés Javier Egiluz vuelve al Polvorín de la Ciudadela seis años después con una muestra de su última obra. Un diálogo más vivo que nunca que conecta con la emoción desde la abstracción, la lírica y la geometría.

Un reportaje de Paula Etxeberria. Fotografía Unai Beroiz - Viernes, 3 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Javier Egiluz (Pamplona, 1974) envuelve al visitante en atmósferas sugerentes con una pintura que, partiendo de la geometría, llega a la emoción.

Javier Egiluz (Pamplona, 1974) envuelve al visitante en atmósferas sugerentes con una pintura que, partiendo de la geometría, llega a la emoción.

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Javier Egiluz (Pamplona, 1974) envuelve al visitante en atmósferas sugerentes con una pintura que, partiendo de la geometría, llega a la emoción.Los colores son más saturados, menos terrosos, menos arenosos que en trabajos anteriores.
“El proceso de creación ha sido más intuitivo que nunca;he dejado espacio al lenguaje azaroso, aleatorio”

La pintura de Javier Egiluz es la demostración de que la geometría no tiene por qué implicar orden, racionalidad o frialdad. Puede ser emocional, expresiva. Puede ser lírica. Puede transportarnos a mundos interiores vivos y cambiantes. Puede tener alma. Así como hay música en la abstracción de Kandinsky, hay poesía -también musical, por rítmica- en la abstracción, la geometría y el cromatismo de Egiluz.

El artista pamplonés vuelve a dotar de atmósferas sugerentes el Polvorín de la Ciudadela, donde ya exhibió su obra en 2011, en una exposición que se inaugura esta tarde y puede visitarse hasta el 19 de marzo. Es una muestra del trabajo más reciente de Javier Egiluz -27 obras realizadas en los dos últimos años-, en el que, como él mismo apunta, “hay muchas novedades”. “En esta ocasión el planteamiento único que he tenido en mente ha sido romper con la composición cerrada que había caracterizado mis últimas exposiciones. Una composición que creaba bloques cerrados, emplazamientos muy localizados, y transmitía la sensación de que no admitía nuevos elementos”, explica. “Ahora he roto con eso, haciendo que todo el lienzo participe más activamente”, apunta el artista. Esa apertura aporta movimiento, dinamismo a las composiciones, que siguen apoyándose en la geometría como elemento base. Y lo interesante es que ese dinamismo compositivo no viene dado por el trazo, por el gesto pictórico, sino por el elemento geométrico, cuya naturaleza no tiene nada de gestual. Esa tesela cuadrada a modo de mosaico, de estampación que tan presente está en la obra del artista pamplonés. Desde esa base geométrica, Egiluz sigue buscando -y encontrando, y regalándonos- la lírica. En este caso en composiciones que ganan en espacio, mucho más orgánicas y vibrantes, más ligeras, de texturas menos pesadas .

javier egiluz

Pintor

El proceso de creación también es novedoso. “Ha sido a la inversa” de lo habitual. “Suelo partir de unas capas y a medida que voy añadiendo luz, voy tapando y tapando elementos. En este caso, he partido también de esas primeras capas, pero las he conservado hasta el final, y ha sido un proceso de añadir elementos más que de ir tapando o quitando”, explica el autor, quien reconoce que ha sido “un proceso más intuitivo que nunca. No ha habido bocetos ni ideas previas... He ido dejando más espacio al lenguaje aleatorio, azaroso, aunque de alguna manera es también provocado. Pero es un lenguaje que no depende tanto de mi intervención”. La frescura y la riqueza que aportan estas “novedades” creativas saltan a la vista.

El lenguaje en esta última obra de Egiluz es más sugerido. El artista juega a mostrar en diferentes grados ese lenguaje, siempre con el máximo interés puesto en “el conjunto de relaciones” formales y compositivas que se establecen en el lienzo, en las que esta vez no hay líneas paralelas: todo el juego de equilibrios, tensiones y relaciones formales y de texturas se establece en diagonal. “Lo que más me interesa es cómo se afectan unos elementos a otros. Me interesa más el cómo que el qué, más lo que surge a partir de un motivo que el motivo en sí”, dice.

En este sentido, Javier Egiluz conecta con el artista francés Pierre Soulages, de quien rescata una cita que da la bienvenida al visitante a la exposición. Comienza así: “Lo que me importa en el gesto no es su vibración o el estado de ánimo del momento, sino más bien lo que resulta de él”. Igualmente, Egiluz conecta con el “universo informal” de Antonio Vega, de quien recupera, en la exposición y en el catálogo de la misma, parte de la letra del tema Relojes en la oscuridad. “Siempre he sentido cierto vínculo con la manera de escribir de Antonio Vega, porque se apoya en lo racional, en la ciencia, para crear poesía”, cuenta el pintor, quien apuesta en estas obras por tonos “menos arenosos, menos terrosos” que los que habitualmente le caracterizan. Son colores “más fríos y más saturados”, dice, aunque matiza que para él el tema del color “es secundario”.

Donde realmente se deja su tiempo y su energía es en la composición y en la forma. En integrar las diferentes capas de su pintura en un lenguaje en este caso menos controlado, y propiciar que esas capas dialoguen entre sí, y a partir de ahí, con el público.