Editorial de diario de noticias

Podemos ante el espejo

El debate personalizado en Iglesias y Errejón era quizá inevitable, pero sorprende la visualización, permitida y consciente, de un enfrentamiento que solo beneficia a aquello a lo que se pretende plantear una alternativa

Viernes, 3 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

El recrudecimiento de las discrepancias entre Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, que aún parecen más enconadas ya finalizado el plazo para el acuerdo que hubiese permitido fusionar sus respectivos proyectos político y organizativo para Podemos, y la retirada por ese motivo de Carolina Bescansa de sus cargos internos a poco más de una semana del Congreso de Vistalegre, va más allá del enfrentamiento entre las dos personalidades referencia de la formación morada. En realidad, y si se debe creer a Errejón, no se trata de una disputa por la Secretaría General, a la que solo se presenta Iglesias, aunque en el fondo del debate sí se halle el control del partido. Lo que hoy contempla Podemos al mirarse en el espejo es, sin embargo, una disyuntiva habitual de las formaciones de izquierda, es decir, entre la primacía de la acción institucional que constata el asentamiento de su oferta política y la de la acción militante que ha conseguido llevar al partido hasta ahí y que se resiste a diluirse en una estructura partidaria que planteará numerosos corsés. En este sentido, la propuesta aportada por Podemos de Navarra, pensada para apostar por el debate y la participación antes que por el enfrentamiento y la crisis, quizá sea un ejemplo de cómo unificar la estrategia política original de presión social con la responsabilidad institucional en la toma de decisiones derivada de su participación en el Gobierno de cambio político y social de Barkos. La disyuntiva, además, tiene efectos colaterales en la propia configuración interna de la formación por cuanto la apuesta por “la lucha institucional” siempre lleva implícitas, aunque no se admitan, servidumbres respecto a la composición de las estructuras y la elección y papel de los cargos orgánicos. Esto es, las diferencias de concepto e incluso ideológicas son más llevaderas mientras no se entremezclan con la elección de personas para cometidos que tienen capacidad de decisión y relevancia pública. En el caso de Podemos se añade que tampoco puede separarse esa elección del modo en que se debe llevar la integración de las distintas corrientes, también de las confluencias territoriales -y los hechos diferenciales nacionales no son ajenos al problema- o de la misma IU. Que ese dilema se haya personalizado en Iglesias y Errejón era quizá inevitable, lo que sorprende es la visualización, permitida y consciente, de un nivel de enfrentamiento que en todo caso solo beneficia a aquello a lo que se pretende plantear una alternativa, sea esta encauzada desde las instituciones o la calle.

Más sobre Editorial

ir a Editorial »