¿A qué han ido a Roma los nacionalistas vascos?

Iñaki Anasagasti - Viernes, 3 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 11:23h

José Ramón Scheifler es un columnista de lujo para el GRUPO NOTICIAS. Sus artículos, tan bien escritos y trabajados, siempre dejan un mensaje y un interrogante. El último, sobre la fe cristiana.

Así lo hacía dirigiéndose a una sociedad a la que demandaba si el descenso de la religiosidad cristiana le favorece .Lo hacía en el aniversario del nacimiento de Sabino Arana que creó un partido abertzale y católico, confesional, hasta 1977, en que sin abdicar del nombre, se consagró hace cuarenta años en su preámbulo, la inspiración del humanismo cristiano en su acción política. Y eso me recordó lo que hicieron nuestros mayores hace 81 años.

En tiempos de la República, el entonces diputado socialista del PSOE, Indalecio Prieto, cuando el PNV formó la Minoría Vasco Navarra en el Congreso y gestionaba y defendía la aprobación del llamado Estatuto General del Estado Vasco, más conocido como el estatuto de Estella, les lanzó a nuestros diputados la pedrada de que lo que querían era crear en Euzkadi un Gibraltar Vaticanista. Aquello venía a cuento porque aquel estatuto había puesto en uno de sus artículos la posibilidad de mantener relaciones directas con el Vaticano, como las tenía Baviera. Luego, pactó con ellos. Pero hubo más. Nada menos que un viaje al Vaticano para pedirle al Papa valientemente una limpia separación.

Monseñor Pizzardo era subsecretario de Estado en enero de 1936, cuando con burukides del EBB, el Grupo parlamentario vasco hizo su visita al Vaticano. Pretendían los diputados vascos realizar una labor de paz espiritual y de concordia ciudadana, aprovechando su condición de católicos y sus excelentes relaciones con los restantes grupos democráticos peninsulares. Entendían que las diferencias podían ser resueltas por el diálogo y la comprensión. Iba a ser aprobado el Estatuto de Autonomía política, que dotaba a los vascos de una situación, desde la cual podrían influir poderosamente en la búsqueda de la paz civil. Había por otra parte problemas eclesiásticos pendientes: los nombres vascos en el bautismo daban lugar a penosas incidencias;la predicación en euskera era tomada como actitud política;la designación de los obispos no tenía en cuenta la norma de la Iglesia, según la cual, los prelados debían conocer el idioma de sus congregaciones.

Renunciado por la República el derecho de presentación de Obispos, el nombramiento de los monseñores dependía solamente del Vaticano, que era donde había que plantear el problema de unos Obispos que actuaban más como gobernadores civiles. Carlos Urquijo, comparado con ellos, hubiera sido una ursulina. Y a todo esto se le sumaba una Gaceta del Norte, periódico católico español de Bilbao muy beligerante que enterado de aquel viaje, les siguió los pasos todos los días, bajo este titular: ”¿A qué han ido a Roma los nacionalistas vascos?” .Se pueden imaginar la tergiversación de aquellos hechos.

Bueno, pues a todo esto fueron a Roma aquellos diputados presididos por el presidente del EBB, Doroteo Ziaurriz, alcalde de Tolosa. En aquel grupo estaban Jose Antonio Aguirre, Manu Robles Arangiz, Francisco Basterretxea, Eliodoro de la Torre, Pepe Eizagirre, Juanón Kareaga, Manuel de Irujo, Pablo Egibar, P.Echevarrieta y Javier de Landaburu. La foto que se sacaron en una sala del Vaticano con un guardia suizo y todos de etiqueta, es como para colgar en Vanity Fair de lo guapos que estaban. Previamente fu anunciada la visita y obtenido el placet para la audiencia.

Cuando los diputados llegaron a Roma, habíase disuelto el Parlamento de la República y estaban convocadas las elecciones a diputados para febrero de aquel año 1936. En la Subsecretaría de Estado, monseñor Pizzardo, comenzó por pedir que tan numerosa comisión fuera reducida a tres miembros, a los que recibió y que fueron Aguirre, Irujo y Basterretxea. Antes de que los diputados pudieran desarrollar los temas que les llevaban al Vaticano, monseñor Pizzardo les espetó a la cara la siguiente oración: "En España han sido convocadas elecciones generales. En ellas luchan de una parte Cristo, de la otra Luzbel.

Los católicos se han unido todos para luchar juntos en una sola candidatura. Los únicos católicos que se niegan a unirse con los restantes son los vascos. Si ustedes no firman una carta comprometiéndose a luchar en las elecciones con los restantes católicos, ni el Santo Padre ni el cardenal secretario de Estado les recibirán. Para la Iglesia, hoy, el problema mayor es el de ganar las elecciones convocadas".

Los diputados se quedaron estupefactos. Contestaron al Monseñor que ellos no habían acudido al Vaticano a recibir consignas electorales y que se iban ;que si la Iglesia jugaba la carta electoral podía ganarla o perderla;le pidieron que se midiera la responsabilidad y contingencias que pudieran sobrevenir si se daba esta última solución, añadiendo que lo regular era que las izquierdas obtuvieran las mayorías en las capitales y en las provincias del sur de Madrid, Cataluña y Asturias, sumando en total dos terceras partes de los puestos de la Cámara y que la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) no iban a ganar y el PNV, sí. No lograron impresionar a Monseñor, ni fueron recibidos por el secretario de Estado, cardenal Paccelli, que estaba en el funeral de Jorge V, ni por el Papa, Pío XI a la sazón. 

Aquella espina histórica quedó clavada y en 1988 Joseba Zubia, Emilio Olabarría, Ignacio Echeverría y quien esto escribe quisimos repetir la experiencia que una vez más resultó fallida. Conseguida la audiencia con Juan Pablo II pero una larga mano de la embajada la malogró y el Nuncio Tagliaferri no estuvo a la altura. Existía ETA y todo era ETA, pero nos fuimos al Vaticano y el Papa Juan Pablo II nos atendió en la inmensa sala Paulo VI y le regalamos una Argizaiola hecha en Markina.

Ante la elección del nuevo Papa Francisco quisimos saber si Monseñor Bergoglio había tenido alguna relación con la colectividad vasca en Argentina. El Centro Laurak Bat de Buenos Aires nos remitió esta nota:

 "Recordamos con cariño cómo el año pasado en la celebración de la fiesta de San Ignacio de Loiola, santo patrono de nuestro Centro y entre los actos conmemorativos de los 135 años de su fundación, iniciamos los festejos con una misa que se llevó a cabo en la iglesia de San Ignacio, la más antigua de la ciudad de Buenos Aires, que cumplía también 300 años. 

La misma fue oficiada por el entonces arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio. En su homilía evocó la personalidad de quien fuera fundador de la Compañía de Jesús a la cual él pertenecía. Tuvo también palabras de reconocimiento y afecto para con nuestra institución y la colectividad vasca. 

En la ceremonia hicieron guardia de honor nuestros dantzaris, con la bandera argentina y la ikurriña y al final de la misma bailaron un aurresku en el templo en honor de nuestro patrono. El cardenal Bergoglio saludó cordialmente en el atrio a la numerosa concurrencia y con la sencillez que lo caracteriza se retiró calladamente.

Por otro lado cabe destacar que tenía a su lado en el Arzobispado de Buenos Aires como vicario general y uno de sus más directos colaboradores a Mons. Joaquín Mariano Sukunza, un vasco nacido en Pamplona, quien pasó gran parte de sus años de niñez y juventud en nuestra casa, el Laurak Bat, compartiendo nuestra cultura y tradiciones". 

Con esta información y como Grupo en el Senado, más Zubia y Olabarria, repetimos el viaje en enero del 2014.En la audiencia general de los miércoles hablamos con Francisco que nos repitió más o menos lo que nos habían dicho el Laurak Bat. Le preguntamos si tenía pensado visitar Loiola y nos dijo que si pero, ”todo se andará. Recen por mí”. ¿Tan mal está la cosa Santidad?”. ”Recen por mí”.

.”Veremos qué pasa .No me gusta anticiparme a los acontecimientos ni juzgar a las personas antes”, acaba de decir combatiendo el lema de los porteños que es “no te metás”. ”Yo a los que les tengo más miedo que a los dormidos es a los anestesiados. Aquellos que se anestesian con la mundanidad. Entonces transan con la mundanidad…Y entonces el pastor se convierte en un funcionario…Una Iglesia que no es cercana no es Iglesia. Lo que identifica a la Iglesia es la cercanía.”

Y también a la buena política, que por cierto, cada vez es menos cercana. A la gente le das un cargo y se convierte en inaccesible, empezando por quien da el cargo…”El peligro es que en tiempos de crisis busquemos un salvador”. Y lo dice el Papa.

Pues bien, hace 81 años, nuestros burukides y diputados, representando a un partido confesional, buscaban cercanía y que se aplicara el evangelio recibieron un portazo. Poco después, demostraron que el verdadero cristianismo estaba con los perdedores en contra de una Jerarquía de funcionarios anestesiados. Conviene pues poner estas cosas en perspectiva, acordarse de ellas, y leerle al P. Scheifler.