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Iruña se funde en la danza por San Blas

Duguna interpreta hoy en la plaza de San Nicolás una soka-dantza, una danza para Pamplona que simboliza más que la unión entre los dantzaris

Sara Huarte Mikel Saiz - Viernes, 3 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Primera fila de izquierda a derecha: Itziar González, Irantzu Irigoien y Ainara Ranera. Segunda: Edurne Turrillas, Jon Urmeneta, Maialen Etaio y María Izal. Tercera: Adriana Silvela, Aroia García, Ainhoa Urmeneta, Julen Fagoaga e Itzaso Martínez. Cuarta:

Primera fila de izquierda a derecha: Itziar González, Irantzu Irigoien y Ainara Ranera. Segunda: Edurne Turrillas, Jon Urmeneta, Maialen Etaio y María Izal. Tercera: Adriana Silvela, Aroia García, Ainhoa Urmeneta, Julen Fagoaga e Itzaso Martínez. Cuarta: Aitor Huarte, Shanti Díaz, Leire Leza y Osel Molinet. Quinta: Iñaki Tristán, César Miranda, Auritz García y Aritz Ibañez.

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Primera fila de izquierda a derecha: Itziar González, Irantzu Irigoien y Ainara Ranera. Segunda: Edurne Turrillas, Jon Urmeneta, Maialen Etaio y María Izal. Tercera: Adriana Silvela, Aroia García, Ainhoa Urmeneta, Julen Fagoaga e Itzaso Martínez. Cuarta:Los ensayos intensivos comenzaron hace un mes.

pamplona- Un día especial. El recuerdo de que el calendario ya ha dado una vuelta más. Y, sobre todo, la satisfacción de que por unos minutos los 18 dantzaris se convertirán en un mismo ser que siente y respira por y para la dantza. Así es el día de San Blas para el grupo de dantzas Duguna, una jornada en la que sus integrantes se unen a través de la soka-dantza. “Esta dantza la venimos preparando desde 2013 y forma parte de un proyecto mucho más amplio que emprendió Duguna hace ya 10 años con una reflexión sobre nuestra identidad y la función del grupo dentro de la sociedad pamplonesa”, explica Aritz Ibáñez, dantzari y miembro del grupo desde 1990.

Y es que, tras reparar en que “teníamos la peculiaridad de que participábamos en las festividades más importantes de la ciudad”, pero “no contábamos con unas dantzas propias”, como sí ocurre en otros pueblos navarros, los y las dantzaris de Duguna decidieron ponerse manos a la obra y recrear este antiguo género de dantza vinculada a la cultura vasca, que se baila dos veces al año;en la noche de San Juan y en San Blas. “En San Blas comienzan los chicos y luego se incorporan las chicas y, en la víspera de San Juan, es al revés, empiezan ellas y luego nos incorporamos nosotros”, apunta Ibáñez sobre esta dan-tza a la que el grupo ha impreso carácter propio.

“Nosotros decimos que son dantzas de cohesión social. Pueden salir 18 dantzaris, como nosotros hoy, pero siempre como una unidad. Todos formamos parte de una misma cadena”, explica el veterano dantzari que hoy se reunirá junto con sus compañeros a las 19.30 horas en el rincón de San Nicolás.

Comenzarán los hombres, cogidos de la mano y formando una fila. Poco a poco, con pasos lentos y girando en sentido contrario a las agujas del reloj, los dantzaris formarán un círculo. Entonces, el arresku y el atzesku, el primero y el último de la soka, bailarán enfrentados a modo de saludo, dando ejemplo a sus compañeros, que pasarán uno a uno por la posición de primera mano o arresku.

Acto seguido, el segundo y el penúltimo de la fila abandonarán la unión para ir a buscar a las dantzaris, a las que la primera y última mano recibirán con un saludo. Hecho esto, y con los y las dantzaris unidos, continuará la dantza, que acabará en una kalejira.

“Aprovechamos estas fechas para juntarnos todos. En la noche de San Juan hacemos luego nuestra propia hoguera y en San Blas, una merienda para celebrar las fiestas de invierno”, apunta Ibáñez. No obstante, los actuales dantzaris no son los únicos que acuden. Los ex-dantzaris, como el veterano Ángel Leza, tampoco pierden la oportunidad de recordar viejos tiempos y, sobre todo, reencontrarse con viejos amigos. “Vamos a apoyar y a disfrutar”, asegura Leza, que a pesar de haber colgado las alpargatas, sigue muy vinculado a Duguna formando a los txikis. “Es muy bonito ver a gente a la que has tenido de txiki y ahora está en el grupo”, confiesa este dantzari que ingresó en el grupo en 1973, una de las épocas más prolíficas de los dantzaris de Duguna.

No en vano, fue por aquel entonces cuando el grupo experimentó una corriente de renovación que le impulsó a volver a los orígenes. “El grupo se fundó en 1949 al amparo del Ayuntamiento de Pamplona y del Orfeón Pamplonés con el objetivo de acompañar a la Corporación municipal en los actos festivos y protocolarios de la ciudad”, comenta Ibáñez. Sin embargo, no fue hasta más adelante, en la década de los setenta, cuando el grupo decidió restaurar el carácter original de las dantzas, influenciadas durante los primeros años de vida del grupo por los ballets rusos y, más adelante, por el parón cultural que supuso el régimen franquista. “A partir de los 70 se decidió volver a bailar las dantzas como en su lugar de origen y también recuperar las de algunos pueblos navarros”, explica Ibáñez. “Sí, fue durante mi época de dantzari. Yo me acuerdo especialmente de las de Urdiáin. Teníamos conocimiento de que ahí había habido dantzas y nos pusimos en contacto con José María Satrústegui, el párroco. Él nos puso en contacto con las personas mayores del pueblo y ellos nos contaron sus recuerdos sobre las dantzas del pueblo y cómo eran”, recuerda Leza, con las reaccio nes de los ancianos aún en la memoria. “Para ellos era muy bonito. Estábamos saliendo de la dictadura y que fuesen unos chavales jóvenes a interesarse por sus dantzas les hacía mucha ilusión”, apostilla.

futuro“Dentro de diez años me gustaría que Pamplona tuviese sus propias dantzas, que los pamploneses y pamplonesas las reconozcan como suyas y que sean tan imprescindibles en fiestas como, por ejemplo, en Ochagavía”, apunta Ibáñez.

Por lo pronto, y a tenor de la cantera que se forma bajo la tutela del exdantzari Ángel Leza, parece que es más que posible que sus deseos se cumplan. “Generalmente en nuestro grupo el relevo generacional funciona bastante bien. Hay más chicas que chicos, pero nuestra cantera goza de buena salud”, asegura Leza.