Impagable

Por Josemari Sexmilo - Domingo, 5 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

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Hay veces que merece la pena pagar por ver un partido de lo que sea en función de una jugada concreta. Quien estuvo en 1986 en el estadio Azteca y vio el gol de Maradona a Inglaterra, no se habría quejado a la salida del precio de las entradas. Mereció la pena pagar lo que fuera por ver esa obra de arte de tan solo once segundos. Lo mismo pensará quien estuvo aquella tarde de 1968 en los Juegos y vio volar a Bob Beamon sus 8,90 metros de longitud o quien se quedó petrificado al ver a un tal Fosbury batir el récord olímpico de altura saltando 2,24 metros ¡¡¡de espalda!!! Y es que hay cosas que son impagables.

Federer y Nadal prometían dar un espectáculo único… y lo consiguieron. Uno piensa que los dos ganaron, los dos se coronaron como reyes del tenis, los dos sufrieron y disfrutaron, e hicieron sufrir y disfrutar a todo el que se asomó a la pista central de Melbourne. En cuanto a lo técnico, varios aspectos a destacar. Federer no quiso meterse en esa espiral tan incómoda que es el juego de fondo contra Nadal y se la jugó constantemente. Nadal supo contrarrestar con golpes de contraataque de calidad, basados en su solidez, en la mejora de su revés y en la progresión de sus apoyos. Y cada uno con lo propio, Federer con su saque y sus golpes planos, Nadal con su consistencia y su gran derecha de fondo y media pista, se encontraron con un marcador muy igualado que algunos detalles del final hicieron que la balanza se inclinara del lado del suizo.

Cabe observar dos aspectos importantes y realmente curiosos en la parte final del Abierto de Australia. Por un lado, la presencia de tres jugadores en semifinales (Wawrinka, Dimitrov y Federer) que juegan el revés a una mano, una técnica que la utilizan tan sólo dos de cada diez jugadores ATP y que, según dicen los entendidos, acabará desapareciendo. Parece que los resultados recientes no están de acuerdo con los entendidos. Y por otra parte, la ausencia en la final de sets apretados: 6-4 3-6 6-1 3-6 6-3. Ni un tie-break, ni siquiera un 7-5. Lo que quiere decir que, además de haberle negado al espectador esa emotiva magia que tienen los desempates, el saque no tuvo el protagonismo habitual de las grandes citas. Diez break points, diez roturas de servicio a este nivel, es algo exagerado. También es cierto que en estos tiempos se da especial protagonismo al entrenamiento del resto y eso debe notarse en las estadísticas finales de los partidos. Tantas cosas podríamos explicar de esta final (el saque de Nadal, la corrección, el ojo de halcón, la elegancia, la táctica, el comportamiento del público, la técnica exquisita de Federer, la deportividad, los desplazamientos, las derechas invertidas, los efectos cortados y liftados, los passings, los momentos importantes…) que nos faltaría espacio.

Federer y Nadal, Nadal y Federer han vuelto. Es algo impagable. No sabemos hasta cuándo, pero ahí están para disfrute de cualquier humano que ame el deporte. No será para mucho tiempo por razones obvias y por eso hay que estirar esto como si fuera un chicle, para que dure más y más. Porque, para nuestra desgracia, a Maradona, Beamon y Fosbury sólo los puede estirar… YouTube.

El autor es entrenador nacional de tenis.

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