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Republicanismo

La parte social

Por Santiago Cervera - Domingo, 5 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

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En tiempos me tocó negociar el convenio de personal del Ayuntamiento de Pamplona y pasé muchas tardes sentado con los sindicatos. Marcaban la pauta UGT y CCOO, especialmente implantados en Policía Municipal. Lo que más me sorprendió de aquella etapa es que se referían a sí mismos como “la parte social”. Igual que los monarcas utilizan el mayestático, los aburguesados liberados sindicales no decían “esto no nos gusta”, sino “la parte social rechaza este planteamiento”. Cuando acababan las sesiones negociadoras -generalmente dedicadas a discutir sobre prebendas cutres- salía a la calle y pensaba que la verdadera parte social era aquel viandante o comerciante de la esquina que con sus impuestos tendría que pagar lo que los de la mesa me pedían. No sé cuándo se les ocurrió la idea, pero ha tenido éxito. No era un mero adorno semántico. Que unos sindicatos tales que los citados se hayan postulado como representantes de “la parte social” es tan totalitario como que Podemos se atribuya ser el único partido “de la gente”. Pero les ha ido bien. Se han buscado una legitimidad semántica que no les dan sus escasos afiliados. De ahí hasta el trinque el camino es muy corto.

Así empezó todo. Y ese todo no ha sido una historia de aguerridos logros sindicales, sino la de la participación de UGT y CC.OO en todo aquel negocio de origen institucional que se les ha pasado por delante. En los años de escasez de empleo fueron capaces de hacer digerible la idea de que ellos podrían proporcionar cursos de formación a los parados y así mejorar sus expectativas. Son el maestro Ciruela, ya, pero a su escuela llegaron miles de millones de euros, seguramente más que lo que se dedicaba a financiar universidades. A nadie se le oculta que muchos de los cursos no se impartían, y sobre todo que ningún parado logró mejorar su empleabilidad gracias a ellos. Pero el ingente montaje sirvió para mantener vivas unas elefantiásicas estructuras sindicales trocadas en abrevaderos a costa de los parados. En los años de escasez de vivienda fueron capaces de hacer digerible la idea de que ellos podrían construir pisos sociales, y así montaron inmobiliarias. La osadía se vio complementada con la idea de que debían merecer reservas especiales de suelo en las promociones públicas, por la cara. Especialmente en Navarra, y por amor de algún político al gusto de Cordovilla, el negocio inmobiliario montado por las estructuras sindicales ha sido próspero y origen de componendas de todo tipo. Estos sindicatos metidos a empresarios han tenido otros momentos de gloria, como cuando pensaron en constituirse en agencias de viaje para vender las vacaciones del Imserso, cuando se les regalaron edificios públicos que nunca fueron de su propiedad, o cuando se dedicaron a cobrar minutas por intermediar en los EREs. Toda una trama cuya base, siempre, es el dinero que se puede obtener gracias a que son “la parte social”.

Publicaba este periódico las cuentas de la morterada de millones que los gobiernos de Sanz y Barcina han regado a estos sospechosos habituales, junto a la CEN. Esta vez sin mucha excusa, alpiste del bueno para mantener las nóminas sindicales. Como primera providencia, la opacidad. Y si hay que justificar algo, siempre podrá volverse a hablar de la paz social que tanto necesita Navarra para progresar. Y en efecto, eso es lo que se compra, esa es la esencia corrupta que animó el dispendio. Mantener el trampantojo de que un partido de derechas es capaz de propiciar acuerdos entre los empresarios y los sindicatos de izquierdas, por el bien de la Comunidad. Navarra convertida en una cama redonda, en la que incluso resultaba simpático que Barcina metiera en la lista de UPN a Coro Gaínza, responsable de educación de UGT. Porque es de suponer que la pasada presidenta no tomaba decisiones de este tipo guiada por la amistad, sino por el reconocimiento al meritorio trabajo como liberada sindical de aquella a la que hizo parlamentaria, ¿no?

Se ha visto que toda la paz social descansaba en la partida presupuestaria, esta vez sin anestesia. Ni terrenos, ni cursos de formación, ni complicaciones argumentales. Ponga dinero el contribuyente y ganen tales políticos, ganen algunos empresarios y ganen, millones, los sindicatos citados. Cuando algunos hablan de régimen parece que están exagerando, y en cambio la realidad supera el más enfático de los epítetos.