Sarasibar una vida sobre ruedas

protagonista a los cinco años, pedro se enfundó sus primeros patines. en ese preciso momento se estableció un vínculo que ya nunca se romperá

Iñigo Munárriz Patxi Cascante - Lunes, 6 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Pedro Sarasibar posa en Élite Sport, su tienda de material de patinaje y esquí.

Pedro Sarasibar posa en Élite Sport, su tienda de material de patinaje y esquí.

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Pedro Sarasibar posa en Élite Sport, su tienda de material de patinaje y esquí.
“Mis primeros patines fueron con ruedas de hierro. Luego me dieron unos de ‘ruedicas’ de plástico” “Como deportista, hubo muchas cosas que no me di ni cuenta. Sales, compites y punto” “Sudamérica me la he visto entera, Australia, Europa toda... He podido ver mucha parte del mundo” “Nuestra forma de entrenar era entrenar mucho. Yo era de la escuela rusa” “No soy estilo Mourinho. Soy más Ancelotti. Mucho de hablar con los patinadores”

PAmplona- Oye, Pedro, ¿qué te atrae del patinaje para que le hayas dedicado toda una vida? “Este deporte ha sido para mí una zona de confort y cada vez que he salido de ella no he visto nada que diga: joe lo qué me estoy perdiendo. Tenía 15 días de vacaciones y pensaba: ¡qué a gusto los voy a coger!, pero el día 15 ya estaba deseando volver a los entrenamientos”.

Lo de Pedro Sarasibar y el patinaje es amor puro, verdadero, y previsiblemente para toda la vida. Una estrecha relación que se inició con un flechazo a una muy tierna edad. “Empecé con 4 ó 5 años. En mi entorno del barrio había mucho patinador. Por un lado mis vecinos, también la cuadrilla de mi hermano... y nosotros de críos hacíamos carreras alrededor de la manzana. Mis primeros patines fueron con ruedas de hierro, luego me dieron unos de ruedicas de plástico y con aquello se corría mucho más y no te resbalabas”, explica Pedro que desarrolló su carrera deportiva en las filas del Txantrea.

Una trayectoria que da vértigo, que parece de ciencia ficción, y que te hace ver que este hombre de 45 años con el que estás conversando es toda una institución en lo suyo. Ahí va el palmarés: 44 veces campeón de España, once veces cuarto en Campeonatos de Europa y un sexto puesto en el Mundial. A eso hay que sumarle muchos trofeos nacionales e internacionales y una larga lista de triunfos como entrenador, pero de eso se hablará más adelante.

Por lo pronto, se antojaba inevitable preguntar sobre el caprichoso destino, aquel que le hizo acabar cuarto once veces. ¿Se sentía enfadado? ¿Decepcionado tal vez? “Ya no sientes nada. Me ponía en la salida y sabía que iba a quedar el cuarto (risas). El tercero una vez me metió dos milésimas pero, ¿eso qué es?”, bromea con un humor que quizás solo te de el paso del tiempo.

La singladura de Pedro continuó en el ámbito colegial, siendo monitor en Azpilagaña y Larraona. Pocos recursos pero ilusión a raudales. “Desde Larraona me ponían algunos medios para montar torneos con otros colegios. Me daban bolsas de caramelos, me dejaban la megafonía... y así montábamos los encuentros”, cuenta.

Entonces, sucedió uno de los cambios más importantes en la vida de Pedro y como todo cambio sustancial fue precedido de una buena dosis de incertidumbre.

Sarasibar hizo la mili en el 92, una experiencia que marcó un antes y un después en su carrera, no porque le atrajera el mundo castrense, sino porque cuando abandonó el cuartelillo y, tras haberlo sopesado mucho, firmó con el Amaya como entrenador, dejando su propia trayectoria deportiva en un segundo plano.

“En Amaya tuvieron cambios de entrenadores, me tantearon a mí y yo no estaba muy dispuesto porque encima Txantrea y Amaya eran los grandes rivales. Era un Madrid-Barça (risas). Al final tomé la decisión de probar y me sedujo la idea de entrenar a un equipo”, cuenta. No sabemos si pasó del Barça al Madrid o viceversa pero tira de símil futbolístico para definirse como preparador. “No soy estilo Mourinho. Soy más Ancelotti. Mucho de hablar con los patinadores, dialogante y de llegar a ellos”, ejemplifica, para terminar confesando que él era una especie de Zidane más que un Rafa Benítez.

Más cambios

Nuevo entrenamiento

Sarasibar explica que experimentó una transformación entre la manera en la que él se entrenaba y cómo entrenaba a los demás. Cuenta que de joven se preparaba al estilo soviético. Estilo consistente en entrenar hasta no poder más. La práctica hace la perfección pensaría el joven Pedro. Así que su rutina consistía en darse una vuelta de una hora en bicicleta alrededor de San Cristóbal, estudiar, hacer gimnasio por la tarde y finiquitar el día con un entrenamiento de patines.

Así era su metodología hasta que en 1988 comenzó a trabajar con el Centro de Medicina Deportiva, donde le dijeron que más no siempre es mejor, de hecho, más muchas veces es peor. “Nos dimos cuenta que era más importante la calidad que la cantidad”, afirma.

Esta experiencia la puso al servicio del Amaya permaneciendo en el cargo de entrenador entre 1993 y 2015, en ese club asegura haber vivido los mejores años de su vida. Le costó dar el paso de firmar por el equipo rival, pero el atrevimiento sin duda mereció la pena. “Estuve dudando en un principio, pero al final acepté y ha sido la mejor etapa de mi vida. Conecté muy fácil con los del equipo y llegaron los resultados. Tuve suerte, me tocó gente muy buena y los supe motivar. A los dos años de empezar tuve patinadores que sacaban medallas de oro en Campeonatos de Europa juveniles”, recuerda orgulloso.

el último peldaño

Seleccionador

Había triunfado como patinador, le iba bien como entrenador y entonces ascendió al siguiente nivel, al último peldaño. En 1996 y tras foguearse en categorías inferiores, cogió las riendas de la selección española absoluta. Y de nuevo la suerte le sonrió. Coincidió en el tiempo con Sheila Herrero, algo así como la Rafa Nadal del patinaje.

“En un Campeonato del Mundo, Sheila sacó cinco medallas de oro. Éramos súper respetados, en cualquier sitio que íbamos porque la selección española era muy potente. Cuando yo era deportista éramos los terceros de Europa por detrás de Francia e Italia y en aquel momento éramos los número uno de Europa. A nivel mundial solo nos ganaban los americanos”, dice.

Fruto de su éxito -y del de Sheila- se sucedieron los galardones, los premios y las recepciones. La más notoria en Zarzuela, donde Pedro conoció al actual rey Felipe VI, por aquel entonces Príncipe. “No nos dio ningún consejo de patinaje”, asegura entre risas. No obstante, ese tipo de eventos denotaban que estaba experimentando la sensación de vivir en la cúspide del deporte y saboreando todas sus mieles.

pedro sarasibar

Patinador

De hecho, gracias a esta pasión, Pedro ha recorrido medio mundo. “Sudamérica me la he visto entera, Australia, Europa toda... He podido ver mucha parte del mundo”. Y cuando te recorres la mitad del planeta compitiendo las anécdotas se suceden. “Esta es de cuando era seleccionador”, explica y continúa: “Cuando el juez Garzón cogió a Pinochet, que lo tenía en Londres poco menos que detenido, teníamos que ir al Campeonato del Mundo en Chile. Fuimos con unos chándales azules, en vez de los de la selección. En el hotel nos miraban raro y pase mucho miedo en la ceremonia inaugural. Los primeros en desfilar eran los argentinos y les gritaban y les tiraban de todo. Yo pensaba: si esto hacen a los vecinos, a nosotros nos matan, pero bueno, la gente nos aplaudió... menos un viejillo que aún tengo la imagen en la memoria que nos hacía cortes de manga”, comenta con tono divertido mientras apura una taza de café.

Mientras entrenaba, y una vez abandonada la alta competición, Sarasibar se dedicó a carreras de índole popular e incluso se animó a participar en las 24 horas de Le Mans sobre patines. Eso sí, no entendió bien la metodología de la prueba. “Se hacen equipos de diez y te vas turnando. Yo la primera vez que fui pensaba que me iba a tirar 24 horas en la pista. La segunda vez fuimos ocho porque diez te da la sensación de no haber patinado. Había 12.000 patinadores participando en esa prueba”, rememora. A buen seguro hubiera aguantado esas 24 horas.

Sarasibar ha disfrutado del patinaje desde todos los ángulos, es capaz de explicarlo desde distintos puntos de vista y aunque lo que genera más adrenalina es calzarse los patines, la etapa como técnico es en la que más gozó. “Como deportista, hubo muchas cosas que no me di ni cuenta. Sales compites y punto, no te preocupas de nada más. De entrenador lo saboreas todo, te das cuenta de muchas. Para mí es más enriquecedora la etapa de entrenador que la de corredor”.

Como se cuenta unas líneas más atrás, Sarasibar se involucraba con sus deportistas, le gustaba llegar a la persona y ese vínculo íntimo hacía que le fuera imposible dejar de entrenar. Lo humano siempre primaba por encima de lo estrictamente deportivo. “No podía dejarlo por todo lo que había empatizado con la gente. Las noches que no he dormido por temas relacionados con el equipo no han sido por resultados, sino por historias que le pasaba a uno u otro”. El patinaje marca su vida, las personas, sus desvelos.

la tienda

Su trabajo: el patinaje

Pedro Sarasibar sigue viviendo en su barrio, en la Chantrea, y muchas veces sube a su negocio, cerca del parque Yamaguchi, andando. La tienda -Élite Sport se llama- como no podía ser de otra manera, está dedicada a la venta de material de patinaje y esquí.

Un proyecto que inició hace 19 años coincidiendo con un acontecimiento muy especial. “La tienda la tengo desde el año 98. La inauguramos a la vez del campeonato del Mundo que se celebró en Pamplona en el 98. Teníamos en mente montar una tienda porque muchas veces volvía de los campeonatos de Europa y del Mundo con los bolsos llenos de material. Nos íbamos a correr a Italia y me decían: tráeme unas ruedas, unas botas... no había tiendas aquí. En el 98 aprovechamos el Mundial, los mundiales son un poco la feria de muestras de las novedades, fue un momento muy bueno para contactar con la gente”, afirma.

Cuando no trabaja, Pedro traslada toda su experiencia sobre ruedas a un grupo de chicas que practican roller derby en Pamplona. ¿Qué es eso de roller derby? “El roller derby viene derivado del patinaje de velocidad. Son dos equipos. Una tiene que ganar una vuelta para el equipo y hay cuatro rivales que la tienen que bloquear para que no pase. Es espectacular. En Estados Unidos está creciendo muchísimo porque es muy espectacular”, cuenta.

Pedro y el patinaje, el patinaje y Pedro. Una relación que se remonta cuatro décadas atrás cuando, calzando cuatro ruedas de hierro, corría por las calles de la Txantrea. Lo que nunca imaginó es que, con esa afición, acabaría dando la vuelta al mundo.

galardón

medalla y diploma en barcelona

Mérito deportivo. Pedro Sarasibar acudió a Barcelona el 20 de enero para recibir la medalla y el diploma al mérito deportivo en la 3ª Gala Anual del Patinaje que organiza la Real Federación Española. Un galardón que recibió por su dilatada trayectoria en este deporte. “Es un reconocimiento a la labor que he hecho durante un montón de años. Yo siempre me he sentido reconocido con el trabajo que he hecho”, aseveró el propio galardonado. De este modo, la Federación reconoce su desempeño como deportista internacional, como entrenador y como seleccionador nacional.

palmarés

44

títulos. Pedro ha sido 44 veces campeón de España, ha finalizado cuarto en el Campeonato de Europa en once ocasiones y ha cosechado un sexto puesto en un Mundial.

trayectoria

40

años. Pedro, de 45 años, comenzó hace 40 en este mundo. Ha sido deportista, entrenador de club y seleccionador nacional.