En Baztan está de moda lo negro

Lunes, 6 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Izeta, el primero.

Izeta, el primero. (Foto: J.M. Ondikol)

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Izeta, el primero.

El primero aquí fue Mariano Izeta Elizalde (Elizondo, 1915-2001), cuando en 1962 publicó Dirua galgarri (dinero nefasto, perverso), una novela policiaca, de tiros, género sorprendente en quien era un hombre todo humanidad, pacífico y pacifista en lo absoluto. La editorial Auspoa Liburutegia (Auspoa únicamente, en origen) fundada un año antes por Antonio Zavala, jesuíta y miembro de Euskaltzaindia, se la públicó como parte de la literatura popular vasca y se agotó la edición en su totalidad.

No creo que a lo largo del tiempo que ni entre los naturales del y adheridos al país se haya dado otro caso, a no ser en la abundante producción de Miguel Sánchez-Ostiz (¿La flecha negra, Zarabanda?) que aborde y sitúe aquí, en Baztan y en la cuenca del Bidasoa alguna novela de lo que se conoce por “género negro”. Desde luego, ni el Elizondo que escribió Enrique Llovet en 1943, ni de lejos por descontado Azken Bala (La última bala) de Hasier Larretxea, sino todo lo contrario se puedan inscribir en ese tipo de literarura, y tampoco el Benzelá (El níspero de Elizondo) de José Julio Cabanillas, y si acaso, por decirlo de alguna forma, el histrión y provocador Fernando Sánchez Dragó en su Gargorís y Habidis por las bastantes barbaridades y exageraciones que nos dedicó, en especial a los arizkundarras de Bozate.

Tampoco considero que la inmensa obra de Pío Baroja se pueda circunscribir a esa temática, y entre lo que a lo largo del tiempo he leído y conocido se me hace más que difícil encontrar autores e incluso lectores de esta narrativa, y a los hechos me remito. De repente, en 2013, irrumpe en Baztan una tal Dolores Redondo con su exitoso El guardián invisible, primera de lo que se ha denominado Trilogía de Baztan y rompe por completo con todo lo habido y por haber, y sea por el paisaje, por el paisanaje o por lo que su obra lleva consigo, arma la más gorda conocida y encima contribuye a que las visitas de sus lectores se cuenten por millares en esta tierra nuestra, con todo lo que de novedad (y de beneficio añadido) supone para este valle de lágrimas, por otra parte tan necesitado de visitantes y otras cosas.

Así, de pronto surgen unas jornadas sobre novela negra de las que el propio Ayuntamiento se hace un eco insospechado que no me parece mal, ni tampoco que instituya una beca para fomentar el género, si contribuye a animar a la lectura de esta narrativa en particular y de cualquier otra, en general. Nunca seré contrario a nada que aficione a la lectura, muy al contrario. Lo que sí aconsejo a quienes opten a la beca o pretendan lograr el éxito es que sigan la épica frase de un concejal: “Baztan es un caramelo para cualquiera y que la clave del éxito de esas novelas (las de Dolores Redondo) ha sido la elección de los escenarios. Baztan ha dado fuerza a la novela, y no al revés”, opinión que me reservo para asombro y maravilla del gentío por los siglos de los siglos. - L.M.S.