Recursos humanos

En un saludo rápido

Por Maite Pérez Larumbe - Martes, 7 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:06h

Volvía pensando que hay pocas imágenes más inclementes que la que devuelven los espejos de los probadores. Bajo su luz forense no hay pelo ni arruga ni flaccidez que no se revele y se rebele insobornable al canon. Si tienes un día mediano, es mejor no entrar. A mitad de camino corrijo: hay espejos honestos como el que acababa de reflejarme, y otros aduladores y mentirosos. No voy a dar nombres, pero juraría que conozco comercios que deben su prosperidad a esos artefactos mezcla de callejones del gato y quirófanos virtuales. Llegando a la mesa concluyo que lo inclemente es la forma de mirar, siempre escrutadora y comparativa.

Lo cierto es que las miradas y las opiniones sirven y tiñen la realidad de forma casi absoluta mientras no encontremos otras diferentes que lo harán a su manera, no son sino pasos, tal vez ni siguiera peldaños ascendentes. En un recorrido de apenas quinientos metros las mías se han modificado. Vuelvo para atrás y encuentro la causa.

Al entrar en el probador he visto a una conocida. Nos hemos saludado. Hemos coincidido vagamente en algunos lugares. Siempre me ha parecido que tenía unos ojos bonitos y hoy me he detenido un momento. No eran sus ojos lo que me hacía demorar la mirada más de lo que la cortesía hace habitual. Era su pelo. Se ha dejado las canas. Está guapa, es innegable, pero hay algo más. Diría que está coherente, consistente. Me gusta lo que transmite. No se lo he dicho, claro, aunque tal vez lo haga si me la cruzo y decido traspasar una barrera.

Debo un pequeño agradecimiento a esta mujer, que será de mi quinta, por devolverme una imagen real, sin espejismos, que me reconcilia con el paso del tiempo.

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