Música

El viajero sensible

Por Xabier Sagardia - Jueves, 9 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Concierto de depedro

Fecha: 4 de febrero de 2017. Lugar: Sala Zentral. Incidencias: Media entrada más o menos. Público participativo.

Conoceréis (o no) a Jairo Zavala por su militancia en bandas como Vacazul o 3.000 Hombres. Pero es con su proyecto Depedro donde ha alcanzado un lenguaje musical propio y reconocible, muy accesible al oído, pero alejado de lo previsible, a años luz de los lugares comunes de los que tantos dicen huir y en los que tantos acaban cayendo. Será porque Depedro es un músico viajero y por ende sus canciones (o al revés, habrá que preguntarle qué fue primero, si el huevo o la gallina), que son de ningún sitio y de todas partes. Seguro que te sonarán a algo que ya has escuchado antes, pero al mismo tiempo te llegarán con la frescura de lo diferente y original. Pero, sobre todo, son canciones cercanas, sencillas en apariencia, sin oropeles y bonitas. Canciones que una detrás de otra fluyen como el paisaje desde la ventana de un tren o como una carretera que se abre ante nuestros ojos.

Todas estas sensaciones son, más o menos, las que Depedro nos transmitió el sábado por la noche en la sala Zentral. Vino a presentar su cuarto disco, El pasajero, pero acabó por tocar todas las gemas de su discografía, que no son pocas, y nos llevó del continente africano a América Latina, de Europa a México y de aquí a la vecina Arizona. La primera en sonar fueComo el viento, agradable y bonita, con Héctor Rojo al contrabajo. La segunda ¿Hay algo ahí?, de su nuevo álbum, que nos dejó en el paladar un sabor a pop con reminiscencias africanas. Además, David Carrasco irrumpió con su enorme saxofón barítono y su registro grave para marcarse un solo brutal. El hit Nubes de papel que vino a continuación acabó con los estiramientos, calentamientos y remolonerías de un público dispuesto a dejarse conducir por Jairo Zavala adonde fuera. De eso se trataba, de viajar y dejarse llevar. “Me fascinan las grandes ciudades -explicó el madrileño-, la gente y las sonoridades diferentes que encuentras en éstas”, y sonó DF, también de su nuevo disco, contundente, latina y universal, incluso como “si estuviéramos en Veracruz”, con guitarraca al canto. ¡Ale! En Tu mediodía la gente tarareó, vino otro solo de saxo y Jairo tocó el vibráfono. La simbiosis entre público y banda fue muy bonita. Tocaron también Te sigo sonando, Diciembre y El pescador, con la que Depedro puso patas arriba la sala Zentral a ritmo de cumbia. Un “aúpa Iruña ahí” fue la respuesta agradecida que brotó de los labios del madrileño. Mientras, a Javier Gómez, que estuvo genial a la batería, se le veía disfrutar como un chiquillo. Lo mismo que el resto de la banda.

Déjalo ir, que es una canción más pop con un estribillo incluso comercial, se reveló inspiradora;Gigantes, muy rítmica, nos trasladó otra vez a África y Antes de que anochezca nos llegó más profunda, y aunque no es rock ni mucho menos, tiene ese ran-ran-ran a lo Link Wray, que será casualidad y seguro que no viene a cuento, pero mola. Y además, la música nunca sabes a dónde te puede llevar y qué conexiones puede generar.

Y así llegóLa memoria, otro hit incontestable de Depedro (¡cómo nos gusta!) o Panamericana, poseedora de esa sensibilidad a la que aludíamos antes: “Tu dolor al otro lado del alambre, donde dicen que nadie tiene hambre, donde todo lo que pasa es importante”. Y qué decir de la emotiva Llorona...

En la parte de los bises Jairo Zavala salió solo con su guitarra y en un ambiente más íntimo tocó La Brisa y Miguelito. Y ya con la banda sobre el escenario se despidió con Ser valiente y la rompecaderas Comanche, a la que siguió una calurosa y merecida ovación.

Para el músico madrileño las personas son importantes. Vengan de donde vengan. Canta a los invisibles y a los desposeídos con sensibilidad y humanismo y derriba muros allí donde otros se empecinan en levantarlos. Sus canciones suenan tranquilas, lúcidas y pacíficas, y son como un antídoto contra la grosería y el envilecimiento tan extendidos hoy en día entre los que manejan el cotarro. Por eso nos gusta tanto escucharlo.