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Cumplir el déficit y críticas de UPN y PP

Ahora que Navarra refleja un cambio de tendencia positivo en la gestión de sus Cuentas, las críticas de UPN y PP chocan con su gestión anterior de opacidad contable para ocultar años de despilfarro y despropósitos que dejaron un inmenso agujero

Jueves, 9 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:06h

bastó que el consejero de Economía y Hacienda, Mikel Aramburu, hiciera públicos los datos de cumplimiento del déficit en 2016 - 60,9 millones de euros, lo que representa un 0,32% del PIB, por debajo del objetivo fijado por el Estado para Navarra en el 0,7%- para que UPN y el PP volvieran a echar mano del hooliganismo político como estrategia de oposición y le acusaran de manipular las Cuentas y falsear la realidad presupuestaria y financiera de Navarra. Por supuesto, sin rigor ni aportación contable alguna que pueda sostener esas acusaciones contra Aramburu. De hecho, su único argumento ha sido el de volver a situarse en el lado de los sectores políticos más centralistas e intransigentes de Madrid en cuanto a la aportación de Navarra a las cargas generales del Estado al criticar de nuevo la decisión del Gobierno de Barkos de aplazar el pago de 93 millones por ese concepto hasta que las delegaciones técnicas de ambas administraciones culminen sus negociaciones para la renovación del Convenio Económico. Y todo ello sin sentido alguno, por cuanto el propio Aramburu aclaró que si se hubieran pagado de forma adelantada esos 93 millones, Navarra hubiera cumplido igualmente el objetivo del déficit, ya que supondría un 0,74%. Lo peor de este discurso destructivo de UPN y PP es la comparación con su propio pasado reciente en el Gobierno. Basta recordar que con Álvaro Miranda al frente de Economía y Hacienda se aplicó sistemáticamente el oscurantismo de la ingeniería financiera, irreal en las cifras y regresiva en los impuestos -como denunció su entonces socio PSN-, para ocultar la realidad de las Cuentas de Navarra con opacidad contable y datos encubiertos, que fue corregida una y otra vez por el Estado, hasta que la dura evidencia de la crisis financiera y presupuestaria de Navarra tras años de despilfarros y despropósitos echaron por tierra los mitos del superávit y dieron lugar a años de recortes en inversión y servicios públicos, además de dejar en herencia un agujero presupuestario, deuda y déficit para varias generaciones. El ruido de UPN y PP ahora que la gestión de las cuentas de Navarra arroja un cambio de tendencia positivo no puede ocultar que las necesidades de una comunidad con capacidad de autogobierno e inquietudes sociales a la hora de afrontar las exigencias de desarrollo económico, cohesión social y equilibrio territorial exigen una priorización en el uso de los recursos públicos muy distinta a la que muestra su trayectoria durante más de dos décadas al frente de Navarra.

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