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Ocultamiento de la muerte en Etxarri-Aranatz y el Defensor del Pueblo

Iosu Cabodevilla Eraso Psicólogo Clínico. Especialista en Cuidados Paliativos. - Jueves, 9 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 19:05h

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Peio se encontraba preparado al volante del coche fúnebre que conducía desde hacía casi cuatro décadas, esperando que se abrieran las puertas de la cochera donde los aparcaban, ocultaban se podía decir. Eran las 23:55.

Las condiciones laborales de Peio habían cambiado radicalmente desde la entrada en vigor de la Ley Foral que prohibía la circulación diurna de coches fúnebres.

Algunos años antes de la entrada en vigor de dicha ley, la sociedad siempre por delante de las leyes, ciudadanos de toda la geografía Navarra, se concentraban y manifestaban en señal de protesta ante el efecto pernicioso en la salud de la visión de estos vehículos fúnebres. En aquellos años, el Defensor del Pueblo se hizo eco de este malestar social, y sugirió tanto a los Ayuntamientos como al Gobierno de Navarra, que regulara la circulación de estos vehículos.

Los vehículos fúnebres, sólo podían circular de las 00:00 hasta las 6:30. La ley penalizaba severamente, incluso con penas de cárcel, dependiendo de quienes hubieran estado expuestos a su visualización. Era más grave en niños, personas mayores y enfermas.

A los pocos años, entró en vigor otra Ley Foral que prohibía morirse en todo Navarra, excepto los lunes, miércoles y sábados que no fueran festivos. Aquí también, haciéndose eco del sentir popular, el Defensor del Pueblo, sugirió regular la muerte de personas, dado el impacto emocional negativo que tenía sobre la población.

Los servicios sanitarios se aplicaban, ante la proximidad del fallecimiento de una persona, en alargar o acortar su vida, para hacerla coincidir con los días hábiles para morirse en Navarra. …………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………

Era una cálida tarde de mayo, en la plaza de Etxarri-Aranatz, dos niños y una niña de unos siete años corretean, gritan, juegan… de pronto se hizo silencio entre los pequeños, y Asier, acompañado por Iñigo y Leire lleva en sus manitas una cría de gorrión, evidentemente muerta. Seguramente cayó del nido y murió.

Aita, Ama ¿zer gertatzen ari zaio txoritxo ari? (¿qué le pasa al pajarillo?)

Los padres y madres de los tres pequeños, paralizados por el espectáculo, permanecieron en silencio hasta que la Ama de Leire, reaccionó con agilidad:

Ezer ez, lotan dago (nada, está dormidito)

Dejarlo aquí en estas hierbas hasta que se despierte, e iros a jugar.

Una vez alejados los niños, los padres y madres se miraron horrorizados y decidieron llamar a urgencias de la Unidad de Cuidados ante la muerte, mientras el aita de Iñigo retiraba el gorrioncillo.

Desde los servicios de urgencia les calmaron, y advirtieron que los pequeños habían estado expuestos a un nivel 5 de una escala de 0 a 9: “Contacto directo visual y táctil con un animal muerto”, y les citaban para valorar a los menores en el servicio de salud, recetándoles una dosis de sugusdiazepina flas de 0,5 mgr. para prevenir, y para ellos, los adultos, una dosis de orfinosentir de 1mgr, para la noche.

Algunas décadas antes de estos episodios, diciembre 2016, el Defensor del Pueblo de Navarra (resolución Q16/513), haciéndose eco del malestar que generaba en una gran parte de vecinos y el deterioro de la convivencia social por la presencia de la actividad de Tanatorio-Velatorio en los bajos de un bloque de viviendas, volvía a manifestar su criterio (no era la primera vez) en relación con la instalación de Velatorio en zonas residenciales, y sugería al Ayuntamiento de Etxarri-Aranatz: que modifique su Plan General Municipal o que apruebe una Ordenanza municipal que regule las condiciones de las actividades de tanatorio/velatorio en inmuebles, para que en los mismos se incorpore, con carácter general y jurídicamente vinculante, la normativa urbanística que, negativamente, prohíba la instalación de tanatorios y velatorios en bajeras de edificios residenciales, o positivamente, obligue a su ubicación en edificios de uso exclusivo funerario y aislados o independientes de otros. La muerte cerca de casa no era un lugar apropiado.

Triste resolución, de esta noble institución, que sin analizar las causas del malestar de estos vecinos, ni del ocultamiento que como sociedad estamos haciendo de la muerte, ni de su negación, ni de las consecuencias biopsicosociales en forma de duelos no resueltos, de sufrimiento y, de angustia ante la muerte, hace mención a una presunta demostración de que se trata de una petición cultural, social y legalmente razonable, cuando se pide el alejamiento, incluso el aislamiento de todo aquello que nos pueda recordar que somos seres finitos, abocados a la muerte.

¡Qué lejos va quedando aquel tiempo en que a nuestros difuntos se les velaba en casa! Quizás en el salón principal, o en el zaguán, en contacto directo con la familia (incluidos los niños y niñas), con los vecinos, con el pueblo entero donde el fallecido había vivido, disfrutado y sufrido.

Nada de edificios de uso exclusivo, aislados, alejados, Sr. Eneriz.

Y como dijo Benedetti: “después de todo, la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida”.

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