Editorial de diario de noticias

Normalidad para la pluralidad de Navarra

La derogación de la Ley de Símbolos, una normativa que se ha utilizado con afán inquisidor y sancionador sólo contra la ikurriña, debiera dar lugar a nuevos consensos básicos de convivencia desde la normalidad y la pluralidad

Viernes, 10 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:06h

la apuesta de la mayoría política del Parlamento de Navarra por derogar la denominada Ley de Símbolos actual e impulsar en los próximos meses un texto alternativo que asuma, proteja y desarrolle una política de tolerancia e integración de la pluralidad de la sociedad navarra debiera ser un paso más en la búsqueda de nuevos consensos básicos de convivencia que permitan integrar las diferentes sensibilidad políticas e identitarias de los navarros y navarras y poner fin a un modelo político y partidista que ha hecho de esas diferencias un argumento de enfrentamiento y confrontación. La actual Ley de Símbolos de 2004 se diseñó con la exclusiva intención política un absurdo afán inquisidor de las derechas navarras de perseguir judicialmente la exhibición de la ikurriña en los ayuntamientos navarros, un símbolo legal, constitucional y de larga trayectoria democrática, sentido como propio por miles de navarros y navarras, mayoritarios en muchos pueblos y localidades de Navarra. Así, UPN y PP impusieron, con el apoyo a regañadientes de PSN y CDN, que incluyeron en la ley a cambio la ilegalidad de los símbolos franquistas, una discutida al menos desde el punto de vista de los valores democráticos básicos Ley de Símbolos o, lo que es lo mismo, procurándose argumentos legales para amedrentar, primero, y castigar, llegado el caso, a las corporaciones que trataran de recoger, desde el consenso, las sensibilidades de todos sus grupos municipales. De hecho, basta comprobar el uso judicial que desde los gobiernos de UPN y desde la Delegación del Gobierno central en Navarra se ha hecho de esa normativa para ver que las constantes denuncias ante los tribunales se han limitado a la persecución de alcaldes y ayuntamientos que han colocado en sus balcones consistoriales la ikurriña, mientras que casi siempre se ha mirado hacia otro lado ante el incumplimiento sistemático de aquellos aspectos de la misma ley que afectaban a la memoria histórica de la dictadura franquista. Es el momento de abrir cauces de normalidad y encuentro en el uso y legalidad de los símbolos políticos en Navarra desde criterios de consenso y pluralidad, sin imposiciones ni exclusiones y desde la libre voluntad democrática de los habitantes de cada municipio de Navarra y respetuosa con la convivencia democrática de los sentimientos políticos e identitarios democráticos de los navarros y navarras como un símbolo más de su propia riqueza social y cultural, una realidad aceptada por la mayoría de la sociedad navarra.

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