El debate energético: siempre pagamos los mismos

Por Mikel Razkin Fraile - Viernes, 10 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Llevamos semanas desayunando con noticias sobre cuánto y por qué nos va a subir la factura del gasto eléctrico en el hogar. Todos y cada uno de los días nos bombardean con información relativa a la forma en que los costes de la electricidad fluctúan, cuándo es mejor encender la calefacción, en qué momento nos resulta más barato cocer los espaguetis y encender la batidora para hacer el puré a los hijos… no vaya a ser que se nos vaya de las manos el gasto. Vivimos en un país que nos dice que es mejor calentarse el fin de semana porque el coste de la electricidad es más barato, que hacer la comida sólo sale a cuenta si la haces a la hora en que nadie cocina, que el gasto de encender el microondas siete veces a la semana para calentar un café con leche equivale al precio de tomártelo en la cafetería de debajo de casa, que seguramente nuestro congelador consume más euros que el precio total de los productos que tenemos dentro…

Da la sensación de que tratan de reeducarnos, de intentar dirigir el rumbo de nuestros pasos, de que quieren hacernos creer que saben mejor que nosotros qué es lo que nos conviene. Pero ya no voy a aceptar más lecciones, se acabó, porque pretenden que así sea después de enterarnos de que José Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, gana 42.000 euros diarios por su trabajo al frente de esta empresa. Este personaje va a llevarse en una sola jornada laboral como la del próximo lunes 1 de marzo, por ejemplo, lo que un mileurista habrá de ganar entre ese mismo 1 de marzo y el 1 de septiembre de 2020. ¿Nos hacemos así a la idea de la barbaridad de la que estamos hablando? Lo que tú ganarías en tres años y medio, si tienes esa suerte y no estás en el paro como un importantísimo porcentaje de la población en este país, el conjunto de la sociedad se lo paga a esta persona en un solo día gracias a todas esas facturas que no dejan de subirnos. Y al mismo tiempo que nos encontramos con todo esto nos presentan una solución a todos nuestros problemas. Resulta que están valorando reabrir la central nuclear de Garoña, porque este país lo necesita, porque hay que reducir la dependencia energética que tenemos… Qué casualidad. Nuevamente nos indican el camino correcto, la vía que aceptar para salvar los problemas que se nos han planteado. No vamos a entrar a debatir sobre lo tremendamente peligrosa y contaminante que es la energía nuclear, puesto que con esa rueda de molino es harto complicado comulgar si nos hacemos las siguientes preguntas: ¿No se pueden hacer las cosas de otra forma? ¿Es que no existen alternativas? ¿No hay otras fuentes de energía disponibles? Claro que las hay, pero lo que sucede es que quienes tienen montado el tinglado no quieren que estas alternativas estén a nuestro alcance. ¿Cómo lo consiguen? El hecho es que el sistema está montado para que todo siga igual gracias a lo que ha venido a denominarse las puertas giratorias. ¿Qué son? Una retribución por los servicios prestados para los políticos sin escrúpulos por hacer posible que todo siga tal y como se lo encontraron. Felipe González, José María Aznar, Elena Salgado, Pío Cabanillas, Isabel Tocino, Miquel Roca, Marcelino Oreja y un largo etcétera trabajan ahora como consejeros, consultores o asesores para empresas del ámbito energético como Abengoa, Red Eléctrica, Gas Natural o Iberdrola, por ejemplo. Así de sencillo: un agradecimiento por los servicios prestados, un sobre mensual como retribución por haber tenido todo atado y bien atado, por favorecer legislaciones que velen por sus intereses empresariales y endurezcan las alternativas al status quo. Y todo es así desde 1997, momento en el que se liberalizó el mercado y nos engañaron empobreciendo nuestras mentes y bolsillos con la cantinela de la oferta y la demanda. Todo un éxito: lo que han conseguido era lo que intentaron desde un principio, que cada vez paguemos más pese a existir cada vez más proveedores en el panorama con el fin de repartirse el pastel. Así están las cosas: el mercado ni es libre ni es mercado en sí mismo, estamos atados de manos por leyes fabricadas en contra de nosotros los usuarios, los distribuidores mercadean con nuestra demanda y los únicos que pierden son los que cada vez más pagan;no se puede decir de otra forma.

¿Y qué alternativas hay? Da vergüenza ajena saber que España está a la cola de los países avanzados en materia de energía solar, y eso que somos el país europeo con más horas de sol al día (Madrid 1882 horas al año, París 1275, Londres 1131, Oslo 1015…). ¿Por qué? Porque desde las instituciones imposibilitan que esta forma de obtener recursos energéticos se abra camino, entorpeciendo su desarrollo con impuestos cada vez más altos y con multas cada vez más duras para quienes intentan apostar por esta vía. El objetivo es disuadirnos de dirigir nuestros pasos por esta vía, de que conectemos nuestra red al sol. Sirva como ejemplo que la multa que recibió la central nuclear de Ascó en 2009 por liberar partículas radioactivas fue de 15,4 millones de euros, mientras que si una comunidad decide tener placas solares para autoconsumo, si no las tiene registradas, podría recibir una multa de entre 6 y 60 millones de euros.

Y por si fuera poco todo esto, va y parió la abuela, ya que hace días nos despertamos con una nueva noticia que alimenta aún más el fuego: Red Eléctrica acaba de otorgar un puesto de consejero, dotado con al menos 175.000 euros al año, a Arsenio Fernández de Mesa, exdirector de la Guardia Civil… Las puertas giran, giran y giran mientras Mariano Rajoy se encomienda al Dios de la Lluvia y a la Virgen de la Cueva para que el tamaño del sobre con el recibo de la luz pueda entrar en nuestro buzón.

El autor es sociólogo