Música

Emociones fúnebres

Por Teobaldos - Sábado, 11 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:09h

concierto de la oRQUESTA SINFÓNICA DE NAVARRA

Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Navarra, Orfeón Pamplonés (Igor Ijurra), Coro Juvenil del Orfeón (Juan Gainza). Solistas: Marta Infante, mezzo;David Alegret, tenor;Sebastián Peris, barítono. Dirección: Víctor Pablo Pérez. Programa: obras de Cherubini, Montes, Madina, Sorozábal y Mendelssohn. Programación: ciclo de la OSN. Lugar: sala principal de Baluarte. Fecha: 9 de febrero de 2017. Público: tres cuartos de entrada.

Sobre el papel, la tarde se presentaba luctuosa. Y, ciertamente, hubo recuerdos fúnebres, pero el siempre balsámico Aita Gurea, la mullida Negra Sombra y una buena versión del Walpurgis de Mendelssohn, nos hicieron caminar por un programa poco transitado, de apariencia oscura, pero de resultado luminoso.

La marcha fúnebre de Cherubini me recordó -en el protagonismo del gong y timbal- al Réquiem para coro mixto, del mismo autor, que el Orfeón interpretó -ya hace décadas- en San Juan de Luz, con De Chico, como director titular de la orquesta Bayona-Costa Vasca, que, enfermo de cáncer, lo programó para despedirse. Fue uno de esos momentos intensos, de los muchos que está teniendo este coro, difíciles de olvidar. Otra obra, también ligada al coro -Huarte Azparren la programaba con frecuencia- es Negra Sombra. Yo no la había oído con orquesta, y me chocó un poco, la cierta grandilocuencia que, en la parte central, otorga la orquesta a una canción que siempre la habíamos interpretado, íntima -(me gusta la versión de Luz Casal, por ejemplo)-. En cualquier caso, todo resultó muy hermoso: la blancura del piano de mujeres, el regulador con la orquesta, y el final guardado en la intimidad. El Aita Gurea es una de esas obras perfectas que, con lo menos, se hace lo más;siempre emociona, siempre sienta bien, siempre eleva. Gernikaes un colmo de exaltación patriótica: quiere transmitir tanta fuerza que, a veces, no llega a consumarse su poderío. En esta ocasión, la orquesta estuvo muy presente, y la potencia coral, no termina de llegar a la sala como esa avalancha sonora que, se ve, quieren lanzar los intérpretes.

Víctor Pablo hizo una buena versión de la Ultima Noche de Walpurgisde Mendelssohn: con mesura dramática, pero con contrastes en los episodios narrativos, y mucha claridad, en todo momento, en los conjuntos implicados, incidiendo en marcar el staccato, y logrando un excelente equilibrio entre el coro y la orquesta, supeditando ésta a aquel cuando había texto, respetando los pianísimos y sin agobiar los fuertes. Muy bien los torbellinos orquestales en la obertura -chelos y violines, con virtuosismo- y rotundas las trompas. El tenor David Alegret rasga la noche con un timbre claro, suficiente, aunque en lo más agudo pierda un punto de presencia. A la mezzosopranoMarta Infante le acompaña un muy apropiado color oscuro para su texto trágico;una pena que su rol sea tan corto. El barítono Sebastián Peris va a estar muy convincente toda la obra. Entra siempre con autoridad, y defiende bien el agudo -exigente- en el final. El coro sigue en su buena racha: muy bello el equilibrio sopranos-altos del comienzo;preciosos picados en piano;misterioso coro de centinelas;lejano diálogo en eco con el barítono (sacerdote);luminoso -por fin la luz-, solemne, lleno y poderoso el coral final. Los dos orfeones, el titular y el juvenil, como uno. Y buena pronunciación, según mi amiga alemana Elfi, sobre todo el barítono.