Txarpaleta

¿Imponer la libertad?

Por Txus Iribarren - Sábado, 11 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

A veces el debate político y mediático se torna grandilocuente. Las palabras llevan mayúsculas y los conceptos pesan casi como preámbulos de la Constitución. Es más, incluso empiezan a mezclarse significantes y significados, continentes y contenidos. Hasta el punto de construirse dobles saltos mortales conceptuales y escorzos terminológicos. Las temáticas se van sucediendo (euskera, ley de símbolos, aborto, autodeterminación...), pero el trasfondo es el mismo. Bajo el repetido eslogan de que “se impone” tal o cual cosa quizá se esconda realmente el “miedo a la libertad”, a lo que decida la gente. Porque si algo resulta especialmente tautológico es “imponer la libertad”. Y eso es lo que realmente están diciendo muchas voces de la derecha en asuntos como la prematriculación o el decreto del euskera la Administración. Si se extiende la oferta del modelo D a toda Navarra para que luego sean las familias las que puedan elegir, se está “imponiendo” el euskera en la Ribera. Si se propone quitar las limitaciones para que un ayuntamiento decida qué banderas coloca en sus mástiles, se están “imponiendo enseñas de otras autonomías”. Si se aprueba un decreto de salud sexual y reproductiva que reconoce el derecho histórico de las mujeres navarras a decidir sobre su cuerpo y ser atendidas en la sanidad pública, parece que se les está obligando a abortar a todas. Y eso dejando a un lado el detalle de que -aunque esperemos que no se repitan situaciones del pasado- y al contrario de lo que sucedía con la insumisión a la mili, quien objeta por legítimas razones de conciencia tiene menos posibilidades de acabar en un banquillo que el médico que practica una interrupción voluntaria del embarazo según la ley... Y qué les vamos a contar a los catalanes a los que, ya en términos colectivos, no les dejan ni votar como han hecho en países nada sospechosos como Gran Bretaña. En el fondo se trata de un “tic” de subconscientes y mentes conservadoras acostumbradas a decirnos no sólo lo que tenemos que decir, hacer o dejar de hacer, sino incluso cómo tenemos que pensar. Y eso está cambiando. Al menos por 4 años...