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El show de la bandera

el presidente de upn considera que la derogación de la ley de símbolos es “un paso más” hacia la anexión

Un reportaje de Andoni Irisarri - Sábado, 11 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

El anuncio por parte del cuatripartito de la derogación de la sancionadora Ley de Símbolos ha hecho a UPN pasar de la acción política a la escena. Si en minoría parlamentaria el margen para la actuación es escaso, al menos el episodio sirvió ayer a los regionalistas para llevar a cabo una rueda de prensa que, en realidad, tuvo todos los ingredientes de una función: un actor protagonista (Javier Esparza), un guión (el discurso del miedo en su vertiente de invasión del nacionalismo vasco) e incluso un momento cumbre, un número estrella ideal para el tiro de cámara, pero de cuestionable efectividad a estas alturas del filme.

De urgencia, y poco después de una rueda de prensa del PSN para desarrollar el mismo tema, Javier Esparza convocó ayer al mediodía a los medios en la sala de prensa de la sede del partido en Príncipe de Viana. Acompañado por tres asesores que se sentaron entre la prensa, el presidente de los regionalistas desarrolló durante los primeros cuatro minutos de su intervención los principales argumentos del ideario de UPN con respecto a la Ley de Símbolos.

Por de pronto, trasladó la responsabilidad de la derogación de la Ley de Símbolos del cuatripartito, del que realmente parte la iniciativa, a la presidenta del Gobierno, Uxue Barkos, de la que dijo “es la máxima responsable de que en Navarra se vaya a colocar la ikurriña en las instituciones”, además de ser la “autora intelectual y material de ese desprecio y deslealtad con los símbolos propios” de la Comunidad Foral. El tono, en general, fue bronco. El habitual desde su desalojo del Palacio de Navarra. Sin llegar siquiera al ecuador de la legislatura, UPN ha tenido que hacer ya de la cuestión simbólica la base de su crítica al Gobierno y al cuatripartito. Y Esparza adopta su tono más solemne cuando asegura que la ikurriña “representa el proyecto anexionista contra Navarra del nacionalismo vasco”.

La película no es que no sea nueva, es que es un clásico. Pero lo cierto es que el guión todavía no había incorporado el momento cumbre que cualquier ficción narrativa precisa para que avance, sobre todo si el discurso, con el paso del tiempo, se va estancando y a fuerza de repetirlo ya no suena sino a vieja consigna.

“se les ha caído la careta”A los cuatro minutos y medio, Esparza se soltó del atril y enfiló la bandera de Navarra, arrinconada junto con las enseñas de España, Europa y la del partido, clavadas en uno de los extremos de la tarima. El tono de prócer foralista empleado hasta el momento hubiese justificado que Esparza, en ese mismo momento, la hubiese enarbolado frente al oportuno tiro de los operadores de cámara del partido, ayer por partida doble en la sala de prensa. Pero el presidente de los regionalistas se conformó con acercársela hasta el micrófono, mirarla de reojo y darse toquecitos en el pecho mientras con incredulidad, y bajo una lluvia de clicks fotográficos, se preguntaba por qué se quiere quitar “a la bandera de todos los navarros el protagonismo y el reconocimiento que se merece”.

El bolo, a decir verdad, quedó algo descafeinado. Incluso, después del discurso y el número, hubiese sido entendible un mayor efectismo cinematográfico. Pero cualquier ficción que se precie tiene que tener una coherencia interna, y el show de Esparza con la bandera tuvo más de pose, de gag forzado para satisfacer al núcleo duro del electorado regionalista. “Se han quitado la careta y su hoja de ruta es imparable”, advirtió Esparza. “La mayoría de los navarros jamás se van a olvidar de este desprecio”, pronosticó. Quizá los navarros tampoco logren olvidar fácilmente el show de la bandera.