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La portavoz del PP marca el paso

Esparza y Beltrán rivalizan en el intento de capitalizar el discurso del miedo

La mejora de la economía y la acción del Gobierno foral limitan a lo simbólico y lo identitario el margen de oposición

La portavoz del PP marca el paso con un discurso efectista y de trazo grueso

Ibai Fernandez Javier Bergasa - Sábado, 11 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Javier Esparza agarra la bandera de Navarra para situarla junto al atril durante la rueda de prensa que ofreció ayer en la sede de UPN para criticar al Gobierno de Navarra.

Javier Esparza agarra la bandera de Navarra para situarla junto al atril durante la rueda de prensa que ofreció ayer en la sede de UPN para criticar al Gobierno de Navarra. (JAVIER BERGASA)

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Javier Esparza agarra la bandera de Navarra para situarla junto al atril durante la rueda de prensa que ofreció ayer en la sede de UPN para criticar al Gobierno de Navarra.

Pamplona- El anuncio de la derogación de la Ley de Símbolos ha dado paso a una pugna entre Javier Esparza y Ana Beltrán en busca del mayor golpe de efecto y de la declaración más altisonante en la defensa de su versión particular de la identidad de Navarra. Un asunto recurrente desde el inicio de la legislatura en temáticas como el euskera o las víctimas del terrorismo que ha llevado a los principales rostros públicos de UPN y PP a rivalizar en una carrera de iniciativas parlamentarias, muchas veces de forma duplicada y consecutiva, y con una escenificación grandilocuente en la búsqueda de un mayor protagonismo mediático.

Si para el PP el fomento del euskera es “imposición”, para UPN es “manipulación nacionalista”. Si para los populares el acto de reconocimiento a las víctimas de otras violencias es “humillar” a las víctimas de ETA, para los regionalistas se trata de “enfrentar a los ciudadanos”.

Nunca hay suficiente dramatismo para una oposición de trazo grueso, en la que las iniciativas propositivas se reducen al mínimo en busca de la disputa dialéctica con la presidenta del Gobierno. Algo más sencillo que una proposición de ley o una iniciativa de ámbito sectorial que requiere una gran labor técnica pero que no logra la atención de los ciudadanos. Solo en las últimas semanas, Esparza y Beltrán han registrado seis comparecencias diferentes para Uxue Barkos. Habitualmente además por la vía de urgencia, sobre cuestiones que no dependen directamente de la presidenta o que ya han sido debatidas en el Parlamento.

Cualquier temática es buena para confrontar directamente y ganar la atención de los medios de comunicación. De la festividad de la CAV a unas palabras de Otegi. De la ubicación de las banderas en el Palacio de Navarra hasta unas declaraciones de la presidenta realizadas en televisión... antes de que fuera presidenta.

De hecho, una de cada cuatro preguntas de Esparza tiene que ver directamente con la ikurriña, la CAV o el euskera. Apenas se le recuerdan al líder de UPN iniciativas concretas de acción de gobierno que vayan más allá de la polémica. Una estrategia efectista compartida por la líder del PP que ha dado pie a una rivalidad cada vez más evidente entre ambos partidos.

Sin ir más lejos, el pasado domingo Beltrán enviaba una nota atacando duramente el acto de homenaje a las víctimas de otras violencias previsto para el día 18 de febrero. El lunes por la mañana UPN proponía una declaración institucional contra el mismo acto duplicando las acusaciones al Gobierno de Navarra.

Agarrados A LOS SÍMBOLOSPero ha sido precisamente la reacción a la reforma de la Ley de Símbolos la que mejor ha retratado la rivalidad entre los portavoces de UPN y PP. Desde que el lunes el cuatripartito acordara derogar la norma actual, han emprendido una carrera en la que, una vez más, ha sido Beltrán la que ha marcado la pauta de su rival y a la vez aliado electoral.

No habían pasado ni 24 horas del anuncio cuando la portavoz popular había registrado ya en el Parlamento una pregunta para pedir explicaciones a la presidenta, Uxue Barkos. Esparza elevó la apuesta el miércoles, esta vez pidiendo la comparecencia de la presidenta antes incluso de que el cuatripartito registrara formalmente su iniciativa. Un día después, era Beltrán quien pedía la misma comparecencia en el Parlamento a Barkos, solo que de forma urgente. Y si ayer Esparza anunciaba posibles medidas judiciales, minutos después era Ana Beltrán quien pedía un informe al Consejo de Navarra.

Euskera, Educación, víctimas del terrorismo, las banderas, anexión a la CAV... Las temáticas vienen siendo recurrentes durante toda la legislatura. Polémicas retroalimentadas que se llevan una y otra vez al Parlamento, y que más allá del titular no esconden ningún debate programático de fondo. Son, a fin de cuentas, cuestiones de marcado carácter simbólico más dirigidas al sentimiento que a la razón, y para las que es suficiente recurrir al argumentario habitual en el momento del debate.

El problema es que ni el infierno fiscal, ni la fuga del 60% de las empresas, ni la desaparición del PAI son una realidad tras año y medio de Gobierno. De la misma forma que la apuesta por llevar el agua a la Ribera o por una alternativa sostenible para el TAV desmontan buena parte del discurso catastrofista. Lo que unido a una mejora lenta pero sostenida de la economía limita el margen de oposición de Esparza y Beltrán. Dos líderes agarrados ahora a la reforma de la Ley de Símbolos como ariete de una oposición basada en el discurso del miedo a la desaparición de Navarra, pero en la que no siempre queda protagonismo para dos.