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Las forenses le consideran “sincero y sumiso”

Se enfrenta a 50 años de cárcel acusada de violar a su sobrino de 15 años cerca de Pamplona

El menor ratificó su denuncia y las forenses le consideran “sincero y sumiso”

Enrique Conde - Sábado, 11 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Palacio de Justicia de Navarra.

Palacio de Justicia de Navarra. (D.N.)

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Palacio de Justicia de Navarra.

“No decía nada porque me amenazaba con decirle a mis padres que yo la violaba” “Yo era forzada a mantener relaciones y tenía fotos de heridas pero me las borraron”

pamplona- Una mujer, originaria del este de Europa, fue juzgada ayer en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Navarra acusada de violar en tres ocasiones a su sobrino, un menor de 15 años, cuando compartín domicilio en la Comarca de Pamplona, y se enfrenta por ello a entre 42 y 50 años de cárcel, que son las peticiones de condena de la Fiscalía y de la acusación particular, respectivamente. El Ministerio Público reclama asimismo una indemnización de 15.000 euros que la acusación particular eleva hasta los 100.000 euros. La defensa, por su parte, solicita la absolución. De hecho, la encausada negó ayer los hechos y se defendió alegando que ella era la víctima y que el agresor había sido el menor, que era quien la violaba constantemente con conocimiento de su familia. Sin embargo, sobre el menor ya se archivó un procedimiento en la Fiscalía de Menores después de que la mujer denunciara lo que ayer repitió en la Sala y se considerara que no quedaban acreditados esos extremos.

Tanto el menor como su padre, hermano del novio de la acusada, y que convivieron juntos a partir de que esta pareja llegara a España a mediados de 2015, ratificaron ayer la denuncia que interpusieron en su día. La misma se desencadenó después de que los hermanos pequeños del chico presenciaran al haber dejado la puerta entreabierta del dormitorio una de las presuntas agresiones sexuales y fueran reprendidos por la acusada. Fue entonces cuando, en un viaje, estos pequeños dijeron a su padre que le habían visto a su tía “haciendo guarradas” con su hermano y fue cuando el progenitor empezó a alarmarse y a sospechar. Tras preguntar con insistencia a su hijo, que entonces tenía 15 años, este confesó que había sido violado y que no lo había dicho antes por miedo. Ello desencadenó una discusión en el domicilio familiar, que terminó con la acusada reconociendo, según su cuñado y padre de la víctima, que “no sabía por qué había pasado pero que lo sentía. Eso dijo al principio y por eso fui a denunciarla”. El menor, que lleva 11 años en España, afirmó que todo comenzó cuando una tarde estaba a solas con su tía en casa y empezaron a jugar en el sofá. “Yo estaba hablando con mis amigos con el móvil por redes sociales y ella se sentó junto a mí. Empezó a hacerme cosquillas, pero después se subió encima, me empezó a besar y yo no sabía qué decirle. Me dijo que me bajara los pantalones”. Tras culiminar la relación, el menor afirmó que ella le amenazaba con “contarle a mis padres que la había violado. Y yo no dije nada porque pensaban que iban a creerla a ella porque es mayor y yo soy un chaval.”. Luego, vivió otros tres episodios similares en el dormitorio, cuando su padre y su tío se iban a trabajar y el resto de la familia dormía. “Pensé en salir e irme pero estaba asustado y yo me iba hacia atrás cada vez que la veía entrar”. El muchacho sufre una sintomatología ansioso depresiva después de los hechos aunque no está recibiendo tratamiento médico. Sí reconoció que había sufrido una merma en su rendimiento escolar así como en sus relaciones con los amigos.

ALTAMENTE CREÍBLELas especialistas que realizaron una pericial psicológica de la víctima consideraron el testimonio del menor “altamente creíble”. Él nos relató que no había tenido sexo con las novias que había tenido y su única conducta sexual fue con la que él llamaba su tía. Y desde el principio empezó a contar que no decía nada porque existía la amenaza de que no le iban a creer y de que ella iba a decir que la había violado. Si la primera vez no lo cuenta, es difícil salir de ese círculo porque hay un sentimiento de vergüenza y culpa que va creciendo. Se trata de un menor sincero y su patrón responde a un tipo sumiso y conformista, es decir, no es un niño rebelde, siono más bien obediente y por eso su relato cumple los criterios de veracidad y credibilidad”. Las expertas descartaron que el menor cumpliera con patrón alguno que se pudiera corresponder con un agresor sexual, sino que “más bien nos hace indicar todo lo contrario. Él tiene respeto a las normas y a los adultos. Y no es un chico agresivo, ni siquiera puntúa en la escala de agresividad social”.

El padre del menor y la acusada relataron ambos que habían sufrido amenazas de la otra parte, sobre todo a través de las redes sociales, y cuando regresaron a su país de origen, en el este de Europa, de donde había regresado la mujer para la celebración del juicio.