Paco Arango director de cine y filántropo

“Con el cine llegas a todos los sentidos y puedes cambiar a alguien;es la última sesión de hipnosis”

El director destinará el 100% de la recaudación de ‘Lo que de verdad importa’ a pagar campamentos para niños enfermos de cáncer. Se estrena el próximo viernes, día 17

Domingo, 12 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Paco Arango, el pasado viernes en el MUN.

Paco Arango, el pasado viernes en el MUN. (IÑAKI PORTO)

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Paco Arango, el pasado viernes en el MUN.

pamplona- La película está dedicada a Paul Newman, que en vida creó una marca de salsas, Newman Own’s, que cada año destina todos sus beneficios a campamentos de verano para niños con enfermedades graves. Paco Arango forma parte de la junta directiva de la ONG que gestiona esos fondos (Serious Fun Children’s Network) y colabora con ella en su calidad de presidente de la Fundación Aladina, entidad que creó en 2005 para atender a niños con cáncer y a sus familias. De sus experiencias en este ámbito hablan también sus películas. En 2011 estrenó la primera, Maktub, con la que logró tres candidaturas a los Goya, y ahora regresa con The Healer (Lo que de verdad importa), un proyecto rodado en Canadá y en el que logró involucrar a actores de la talla de Jonathan Pryce y al director de fotografía Javier Aguirresarobe.

Yo le conocí como cantante...

-Alright, fuiste tú! (ríe)

¿Qué queda de aquel Paco Arango de los años 90?

-Sigo componiendo y tocando la guitarra y el piano. De hecho, compuse la última canción de esta película, pero ya detrás de la cortina.

Creo que no le gustaba mucho la fama.

-Me volví más famoso de lo que me merecía. Recuerdo que un día iba corriendo por un parque y un niño dijo “mira, mamá, un famoso”. Paré de correr y me di cuenta de que no era eso lo que yo quería y que podía afectar también a mi entorno personal, así que opté por empezar a escribir, a dirigir y a escribir. Qué pena que el chaval no me lo dijo antes.

Empezó con televisión, donde estrenó una serie, ¡Ala... Dina!, que tuvo mucho éxito. ¿Sería posible un espacio así en las televisiones de hoy?

-Seguramente. Lo que pasa es que programar una serie familiar a las diez de la noche es poco civilizado, y eso que Masterchefse lo comen todos los niños... En su día fue algo muy mágico que nadie se esperaba.

¿La música y la pequeña pantalla fueron una preparación para llegar a hacer cine?

-Puede ser. Lo bueno es que cuando dirijo soy músico, ingeniero de sonido, edito, escribo, he sido actor... Me manejo en cada ámbito lo suficiente como para llegar a hablar con grandes maestros. Igual me ganan al tenis, pero por lo menos se las devuelvo. También es verdad que tengo la suerte de que solo dirijo lo que escribo.

¿El cine es su auténtica vocación artística?

-Es la culminación de lo que quería hacer. Es lo máximo. Menos a tocar físicamente a la gente, llegas a todos lo sentidos y puedes cambiar a alguien. Es como la última sesión de hipnosis. El público está en silencio viendo una película que le puede hacer llegar un mensaje profundo. Puedes dar un vuelco al corazón de una persona que puede tener una vida estancada, aburrida o complicada.

¿Y qué hay de su vocación vital, la filantropía?

-Yo tengo mucha fe, creo en Harry Potter (ríe), y sé que he tenido mucha suerte en la vida. He nacido en una familia amorosa, económicamente muy bien, he cumplido mis sueños profesionales y he tenido buena salud. Hace un tiempo me preguntaba por qué alguien nace en un país sin agua y con pocas posibilidades o por qué un inmigrante se ahoga en una patera junto a sus hijos. No di con la respuesta, pero sí estaba seguro de que mi cuenta era mucho más alta que la de mucha gente, y quise devolver mi suerte de alguna manera, así que le encargué a un amigo que me ayudara a encontrar algo que fuera complicado. Y lo hizo, me habló de los niños con cáncer. Y me robó mi vida, empecé a ir todos los días al hospital. Así he estado durante 17 años y hace diez creé la Fundación Aladina porque quería que todas las acciones que estaba llevando a cabo me sobrevivieran. A día de hoy puedo decir que así será. Ayudamos a 2.000 niños a pie de cama, hemos hecho reformas hospitalarias brutales, como la UCI pediátrica del Hospital Niño Jesús, que se inauguró en diciembre, y con esta película queremos seguir en esa línea.

Es una película comercial 100% benéfica, algo inédito hasta la fecha.

-¡Inédito! Yo siempre quise estar en los Guinness World Records (ríe). Esto es una locura, lo que está pasando en España es magnífico, el tema se ha viralizado, hay hasta una cadena de WhatsApp y Osasuna quiso llevar el título de la película en la camiseta del partido frente al Madrid. Me está llamando todo el mundo... La película se va a estrenar en todo el mundo, pero escogí España porque quería que la revolución empezara aquí.

¿Qué revolución?

-Quiero que la gente vaya al cine para hacer el bien. El que se baje esta película, pobrecito. Tú ve al cine y luego haz lo que quieras, pero ve y lleva a tu gente, porque cada niño que mandamos a estos campamentos supone unos 4.000 euros.

¿Cómo son estos campamentos?

-En primer lugar, hay que aclarar que no son un premio, son curativos. Me daba mucha rabia que estén en 30 lugares del mundo y que no los conociese nadie, como seguramente le está ocurriendo al lector que está leyendo esto, así que les dije que tenía que dar un golpe en la mesa y hacer algo para difundirlos. Al principio no sabía que iba a ser una película, pero aquí estamos con The Healer.

El título inglés es más sugerente.

-Lo sé, pero es que traducido al español es ‘curandero’ o ‘sanador’ y tiene otras connotaciones;piensas en un tipo que te va a timar o algo así. Le puseLo que de verdad importapara España, México e Italia porque hay una fundación que se llama así, de la que soy ponente y que hace una labor extraordinaria.

¿Cómo surgió la historia?

-Yo siempre he creído en el don de curar y quería hacer una película divertida. Iba a ser mi primera apuesta internacional y tuve la gran suerte de contar con Javier Aguirresarobe, que es uno de los mejores directores de fotografía que existen. A partir de ahí empecé a buscar a los actores. Oliver (Jackson-Cohen) es un tipo que va a triunfar seguro, ahora está en Emerald City;Jorge García ya hizo conmigo Maktub y estará en mi siguiente proyecto;Jonathan es una eminencia;Camilla Luddington está enAnatomía de Grey, lo que nos proporciona mucha relevancia, y a la niña la descubrí en un casting enorme que hicimos. Es un gran elenco y la película está muy bien. Que la gente no crea que por ser benéfica es un tostón, porque no es así. Está muy cerca de La vida es bella. Para mí es un regalo para la gente, para los niños, y repito, nunca ha sido tan fácil hacer el bien.

Yendo al cine o al fútbol...

-¡Y tanto! Yo ya me he hecho de Osasuna, no me tatúo de milagro (ríe). Lo de la camiseta me ha robado el corazón, ha sido tan inesperado, tan espontáneo, tan humilde y tan genial... Ya soy rojillo.

El humor vuelve a estar muy presente, como en Maktub.

-El humor es clave en la vida. Y es mi género. Donde más he visto buen humor es en los hospitales, parece mentira. Uso el humor para derrumbar muros en el espectador, que esté a gusto, que se ría, que coma palomitas, que quiera a mis personajes... Y cuando está ahí, profundizo un poco más y al final vuelvo a levantarle para que se vaya a casa contento.

¿Qué le han enseñado estos años de convivencia con niños enfermos y sus familias?

-Todo. Me han enseñado que la vida es un regalo, que todo es difícil, pero que hay que intentar dejar el mundo un pelín mejor de como lo encontramos.