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Soberanismo reloaded

Por JesúsBarcos - Domingo, 12 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

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Con la foto de Mas, Ortega y Rigau en un juicio con trazas políticas, el Procés recarga baterías en su recta final. Y se nutre nuevamente de la torpeza de una restrictiva forma de entender España y la idea de autonomía, que no considera el cambio de paradigma existente en Catalunya y lo reduce una y otra vez a una erupción transitoria. La suficiencia provoca en esta vida graves errores de cálculo, lo mismo en las crisis de Estado que en las de pareja. En torno a Catalunya una amplia parte de la sociedad española sigue abonada a un conservadurismo sin asomo de dudas y a menudo despreciativo, pese a las señales de hondo declive. Es posible que su visión de la realidad aguante, pero también que se resquebraje, y es esta segunda hipótesis la que parece desterrada de todo cálculo, salvo para hablar de intervenir la Generalitat e impedir el referéndum. Como si el españolismo hegemónico pasara de una seguridad ufana a un miedo atroz en cuestión de un minuto.

El caso es que no ha habido ni un solo gesto ni una sola propuesta medianamente audaz por parte de un Gobierno central con aspiraciones a intermediador mundial. El fin de la mayoría absoluta del PP no ha cambiado las cosas, y el españolismo sociológico sigue pilotado por quienes ven en los soberanistas a una muchedumbre de obtusos. Maniqueísmo estructural que entre la derechización del PSOE y las batallas de quienes iban a cambiar España y ahora se atrincheran en Vistalegre, apenas han tenido contestación. Tampoco ha sido muy relevante la de un PNV que tiene otro proyecto, y que alterna distancia y conectividad con un perfil aparentemente bajo. Así las cosas, la llamada operación diálogo, alicorta antes de nacer, ha sido la de un Gobierno del PP de todo menos reformista. Fervoroso creyente del resiste y vencerás, Rajoy repitió en el cargo por una suma de factores que reflejan el poder de la inercia en España. Más allá del tablero que dejó junio, era previsible que ni por ideología ni carácter se fuese a ver interpelado hacia una búsqueda de una solución audaz. Salvo que por ésta se entienda la entente PP- gestora del PSOE- Cs, triplete que no habría fraguado sin la rebelión del Susanismo.

Ahora que el Procés entra en su epílogo es cuando resulta más patente lo mucho que hay en juego, y que trasciende del blanco o negro. Con la celebración de un referéndum sólido se materializaría el derecho a decidir, pero sobre todo el principio de voluntariedad;que un territorio de un Estado plurinacional disponga de la posibilidad real de abandonarlo. De la existencia de esa vía de salida dependerá en gran medida que la asunción plurinacional del Estado no sea una quimera. Más allá de la decisión o no de independizarse, que corresponde al pueblo catalán, el Procés debería servir desde ya para una desmilitarización de la unidad de España. Una derrota estrepitosa del independentismo, o lo que es parecido, la no celebración del referéndum, marcaría un precedente para una generación, también en términos monárquicos. Así que Catalunya Sí que es Pot -o la marca que le suceda- debería pensárselo dos veces.