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Euskadi hoy

Podemos: victoria imposible

Por Xabier Lapitz - Domingo, 12 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

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Permítanme, al estilo Podemos, arrancar con una cita que bien podrían hacer suya los atónitos votantes de la formación morada que han asistido en las últimas semanas al lamentable espectáculo que han protagonizado sus máximos dirigentes. Escribió William Faulkner en El ruido y la furia: “Nunca se gana una batalla. Ni siquiera se libran. El campo de batalla solamente revela al hombre su propia estupidez y desesperación, y la victoria es una ilusión de filósofos e imbéciles”.

Pensar que después de lo que suceda hoy en Vistalegre, sea cual sea el resultado, alguien va a poder levantar la bandera victoriosa es de una ingenuidad clamorosa. En Podemos no sólo han volado cuchillos, sino que estos se han clavado en heridas que se antojan imposibles de cicatrizar;las ideas han sido sustituidas por los nombres propios, los círculos por las listas verticales, y lagentepor camarillas que se han dejado más la piel en hacer daño al adversario (casi enemigo) que por dirigir discursos constructivos sobre el futuro de la formación.

Lo siguiente, también previsible, es una purga, ese término tan feo pero a la vez tan frecuente en organizaciones (no sólo partidos políticos) que han sido sometidas al estrés de una crisis a flor de piel. En una purga pierde el conjunto, aunque gane el purgador. Por el camino quedan las personas que pueden aportar y ya no lo harán, con lo que se empobrecerá la marca y las ideas que defiende.

Todo esto es una muy mala noticia. Desde luego para los militantes y votantes de Podemos, pero también para el resto de la sociedad. Porque el alumbramiento de este partido canalizó una expresión que saltó de las protestas callejeras al debate institucional y ahí es donde se deben de tomar las decisiones. Sin un partido organizado capaz de presionar, debatir, acordar, condicionar… se pierde una fuerza importante que, además, es clave para lograr una alternativa de Gobierno.

Lo sucedido, visto desde Euskadi, desalienta. Han sido sus representantes los que han calificado el espectáculo como una lucha “muy madrileña”, ni siquiera española, entre “dos hombres con mucho ego”, ni siquiera entre dos líderes. Pero la respuesta aparentemente más adecuada ante lo sucedido, formar un Elkarrekin-Podemos con plena capacidad de decisión propia, queda descafeinada con una tibia propuesta de mayor descentralización.

La prueba es que entre la dirigencia de Podemos en Euskadi se ha reproducido miméticamente, aunque con mejores maneras, la división madrileña. Quienes fueron descabalgados por Errejón, apuestan por Iglesias. Quienes fueron aupados por Errejón, confían en él. Va a ser que prevalecerá la obediencia madrileña.