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Garoña, un vecino más

La decisión del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) de avalar el dictamen favorable para que la central de Garoña pueda operar hasta 60 años ha generado un debate, aunque no precisamente en los municipios próximos

Un reportaje de Pedro Senado - Domingo, 12 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Imagen de archivo de una simbólica protesta antinuclear frente a la central de Garoña.

Imagen de archivo de una simbólica protesta antinuclear frente a la central de Garoña. (AFP)

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Imagen de archivo de una simbólica protesta antinuclear frente a la central de Garoña.

El escenario europeo

Panorámica Un futuro sin unidad en lo nuclear

Entre los países de la UE no hay unanimidad a la hora de plantearse el futuro de la energía nuclear. El debate sobre la seguridad y el futuro de las centrales ha vuelto de nuevo a la mesa con la recomendación en España de prolongar la vieja central de Garoña y con el accidente registrado hace pocos días en la francesa de Flamanville.

Panorámica

Portugal. El debate nuclear se centra en la preocupación que despierta el prolongamiento de la vida de la central española de Almaraz, situada a apenas cien kilómetros de la frontera, así como a la anunciada construcción del almacén de residuos nucleares (ATI). La energía nuclear en Portugal se restringe al reactor situado en Loures, construido en 1961, y destinado a la investigación.

Francia.Es el segundo productor mundial de electricidad en centrales nucleares por detrás de Estados Unidos, pero el país más dependiente de esta fuente de energía. El país cuenta con 58 reactores repartidos en 19 centrales;la más antigua la de Fessenheim, en servicio desde 1978. Una decena de los reactores están parados en la actualidad por mantenimiento. Por el momento Francia solo tiene programado el cierre de la de Fessenheim.

Alemania.Tras la catástrofe de Fukushima, el Gobierno alemán aprobó en 2011 un calendario para cerrar de forma gradual las centrales que había en funcionamiento y fijó el año 2022 para el apagón nuclear. Hay todavía ocho centrales activas, que serán desconectadas progresivamente de la red mientras el Ejecutivo diseña el plan de indemnizaciones para las eléctricas.


Finlandia.Con cuatro centrales en funcionamiento, tiene otras dos plantas en construcción.


Suecia.Cuenta con diez reactores activos repartidos entre tres centrales situadas a lo largo de su costa (Ringhals, Oskarshamn y Forsmark). El Parlamento sueco aprobó en 2010 el fin de la moratoria para construir nuevos reactores, aunque estableciendo que los viejos deben ser desmantelados a la vez que se construyen los nuevos, de modo que el número total no exceda el existente.


Polonia.No cuenta con reactores nucleares, pero el anterior Gobierno aprobó un plan para construir dos centrales que deberían estar operativas a partir de 2035.


Bélgica.Tiene dos centrales nucleares que producen el 55% de la electricidad del país. El reactor Tihange 1, de 1975, estaba previsto que dejara de funcionar en 2015, pero se acordó una prórroga hasta 2025. La segunda central, la de Doel (1974), a las afueras de Amberes, disfruta de una prórroga de explotación.


Reino Unido.La energía nuclear genera cerca del 18,5% de la electricidad del país y dispone de 15 reactores nucleares en siete plantas. Además, el Gobierno británico ha dado ya luz verde al proyecto para la construcción de una importante planta nuclear en el condado de Somerset.


Italia.Las centrales fueron cerradas en 1990 después del referéndum celebrado en 1987.


Garoña ha aportado dinero para las fiestas, mejoras de infraestructuras básicas, la residencia de ancianos o la reforma del Ayuntamiento

Hungría.Funciona una sola planta nuclear, en Paks, al sur de Budapest, con cuatro reactores de diseño ruso. La vida útil de los reactores termina en la década de 2030.


Turquía.Ankara firmó en 2010 con Rusia un acuerdo para construir la planta de Akkuyu, en la costa mediterránea, aplazada desde 1999. El inicio de la planta con cuatro reactores se prevé para 2018


Austria.El país, sede del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), no cuenta con centrales. A finales de los años 1970 decidió en un referéndum no poner en marcha una planta atómica ya terminada.


Bulgaria.Existe una sola planta, en Kozoloduy, a orillas del Danubio. Sus cuatro reactores más antiguos fueron cerrados como condición para que el país pudiera entrar a la UE en 2007.


República Checa.Funcionan dos centrales nucleares.


Eslovaquia.Hay dos centrales y el gobierno se propone ampliar su capacidad hasta 2025.


Eslovenia.Hay una planta cogestinada con Croacia, de vida útil hasta 2043 y muy criticada en la vecina Austria por estar en zona de fragilidad sísmica.

Los vecinos de los municipios del entorno de la central de Santa María de Garoña, en el Valle de Tobalina (Burgos) ya se habían acostumbrado a que estuviera parada desde diciembre de 2012 y ahora, tras las últimas noticias, se muestran escépticos pero también esperanzados ante su posible reapertura, habituados como están a convivir con la nuclear para bien y para mal. El Valle de Tobalina pertenece a la comarca de las Merindades y en su paleta de colores predomina el verde de los campos, los bosques y su apreciada riqueza hortícola y frutícola.

Su cabecera, Quintana-Martín Galíndez, tiene ese aire de pueblo rico que conservan muchas localidades del norte de la península a las que regresaron los indianos, cargados de dinero después de hacer las américas;aunque aquí no fue necesario cruzar el charco...

Durante más de cuatro décadas, la central nuclear ha convivido con los vecinos y ha cuidado especialmente los detalles de ayuda a la zona;desde subvenciones para las fiestas o mejoras de infraestructuras básicas hasta aportaciones para la residencia de ancianos o la reforma de la Casa Consistorial. El entorno se ha beneficiado también de las actuaciones de mejora del Plan de Emergencia Nuclear de Burgos, sobre todo en materia de carreteras.

Este es un fin de semana cualquiera para los vecinos del pueblo. A primera hora apenas se ven por la calle, pero la actividad se reaviva a medida que avanza la mañana. Ilustra un repartidor de bebidas habitual de la zona que cuando llega el buen tiempo “hay más animación porque hay muchas personas que vienen el fin de semana”. De hecho, en la zona se llegó a plantear hace décadas un plan de desarrollo económico alternativo a la central nuclear basado en el turismo, amparado por la Asociación de Municipios Afectados por Centrales (AMAC).

El proyecto de crear poblados de casas de tipo alpino integradas en la naturaleza quedó en nada y en este momento el entorno de Garoña no tiene ni más ni menos población flotante que el resto de localidades del norte de la provincia de Burgos. Ahora, los vecinos del entorno de Garoña se han acostumbrado a ver la central parada y se muestran escépticos pero esperanzados con su posible reapertura.

La mayoría prefieren no pararse a hablar con los periodistas que “llegan en oleadas cada vez que hay alguna novedad sobre Garoña y creen que todos los vecinos somos expertos y no hablamos de otra cosa” nos cuenta Luis, que insiste en que él nunca trabajó en la central y en su familia solo un primo suyo llegó a ser operario de la planta, aunque se jubiló un año después de que la planta se desenganchara de la red eléctrica y parara el reactor.

Desde dentro de la planta, el portavoz del comité de empresa de Garoña, Pedro San Millán, se muestra convencido de que la nuclear volverá a arrancar porque “los últimos cuatro años se han realizado muchos trabajos e inversiones encaminados a cumplir con las exigencias del Consejo de Seguridad Nuclear y sería extraño que la empresa quisiera tirar ese dinero”.

Planes alternativosSin embargo, en 2012 -cuando la empresa decidió parar el reactor- había en Garoña 340 trabajadores de plantilla, y entre 250 y 300 externos, mientras ahora quedan 250 directos y menos de 200 de otras empresas. La alcaldesa del Valle de Tobalina, Raquel González (PP), es partidaria de que el Gobierno español conceda la prórroga a Garoña y la planta vuelva a operar, pero “no es una nuclear nueva y no durará mucho tiempo”, por lo que su objetivo es conseguir apoyos para buscar fuentes alternativas para desarrollar la zona y crear empleo.

En la parte contraria se sitúa José Luis Conde, concejal por el grupo Vivir en Tobalina, quien cree que Garoña no debe reabrir y también pide alternativas para la zona que “se deberían desarrollar durante los años que dure el desmantelamiento de la nuclear”. En su opinión, la presencia de Garoña “no ha sido ningún milagro para la zona” en la que cuando abrió la planta atómica había 3.600 habitantes y ahora no llegan al millar, “sesenta más se han ido en el último año”, recuerda.

En Barcina del Barco, la localidad más próxima a la central nuclear, los pocos vecinos que quedan viven en su mayor parte del campo, aunque la mayoría de las casas están vacías durante buena parte del año. Uno de los vecinos, José Antonio, cree que la nuclear es “una amenaza que seguramente hace que muchos no vean esta zona como un posible lugar de vacaciones”, aunque confía en que “cuando Garoña cierre, que terminará cerrando” se aprecien las posibilidades de estos pueblos.