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Desde Navarra y Guipúzcoa, media docena de voluntarios

Frente a los muros y el frío: Golpes de solidaridad

Desde Navarra y Guipúzcoa, media docena de voluntarios, bomberos, cocineros, sanitarios han decidido aportar sus manos y su tiempo en mejorar las condiciones de vida de los más de 700 jóvenes que habitan de forma clandestina los antiguos barracones de la estación de tren de Belgrado

Reportaje y fotos de Daniel Burgui Iguzkiza - Domingo, 12 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

De izquierda a derecha: Xabier Alonso, Ramón Azcona y Carlos Astrain, de la asociación solidaria HELP-NA, al anochecer entre los barracones de estación de tren de Belgrado, Serbia;donde ayudan a los jóvenes refugiados.

De izquierda a derecha: Xabier Alonso, Ramón Azcona y Carlos Astrain, de la asociación solidaria HELP-NA, al anochecer entre los barracones de estación de tren de Belgrado, Serbia;donde ayudan a los jóvenes refugiados. (DANIEL BURGUI)

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De izquierda a derecha: Xabier Alonso, Ramón Azcona y Carlos Astrain, de la asociación solidaria HELP-NA, al anochecer entre los barracones de estación de tren de Belgrado, Serbia;donde ayudan a los jóvenes refugiados.

en universo visual, viral, rápido y en el que se comparte la información de forma vertiginosa, hay escenas que de alguna manera traspasan fronteras más rápido y de forma más eficaz que nunca. Este invierno, el más duro en años en el Este de Europa, los medios de comunicación han enviado al mundo una postal desde la capital de la República de Serbia: la de miles de personas, muchos de ellos adolescentes y jóvenes afganos, kurdos o pakistanís, hacinados en una vieja estación de tren, entre humaredas insalubres y a temperaturas bajo cero. Son jóvenes que huyen de sus países;pero mientras tanto se han quedado en Belgrado sin plazas en centros de internamiento para migrantes o mal llamados “campos de refugiados”. El gobierno de Serbia tenía espacio este invierno para unas 3.000 personas, pero hay más de 7.000 en todo el país;y la preferencia es para familias, mujeres o niños. Además muchos de estos jóvenes esperan y anhelan su oportunidad para cruzar las fronteras de la Unión Europea.

Pero mientras algo de eso ocurre, en enero muchos de ellos estuvieron a la intemperie, a temperaturas bajo cero. Su imagen tiritando hasta la hipotermia o la propia muerte no ha abierto las fronteras ni ha hecho que mejoren las políticas de asilo;pero sí ha movido golpes de solidaridad por toda Europa de ciudadanos y gente convencional o pequeñas organizaciones. También desde nuestra casa: una asociación solidaria de bomberos de navarra, una joven tudelana técnica de laboratorio, una cocina asturiana sin nombre o un descomunal almacén de ropa guipuzcoana son algunas de las iniciativas espontáneas que pretenden romper los muros más fríos, los de la indiferencia. Aun a sabiendas de que tan solo son pequeños parches, tiritas que apañan un trocito del mundo.


Leña y

buenos humos

Desde Pamplona en furgoneta, por carretera y con bien de mantas, partieron hace una semana Ramón Azcona, bombero de 48 años del parque de Cordovilla, y Carlos Astrain, de 45, que sirve también como bombero profesional en Oronoz-Mugaire. Ambos pertenecen a la recientemente creada asociación HELP-NA, un grupo formado por bomberos de Navarra y personas voluntarias que lleva trabajando en los campos de personas refugiadas desde mediados de abril del 2016 principalmente en Grecia. La idea inicial era venir directamente sobre el terreno y comprobar cuál era la situación en Serbia y poder aplacar un poco el frío de los jóvenes refugiados que dormían a la intemperie.

Ramón había estado ya en Grecia, para Carlos, que recibió un mensaje de WhatsApp un viernes y el lunes mismo estaba en marcha, todo esto es nuevo. “Es difícil imaginar cómo es todo esto, llegas el primer día y parece imposible centrar los esfuerzos en algo en concreto. No sé ni qué me imaginaba, pero esto es venir con una idea, o una voluntad y estar dispuesto a adaptarse y mejorar las condiciones de vida de la gente que está aquí, de una forma o de otra”, explica Carlos. “No pensábamos encontrar tanta basura, tanta falta de higiene y unas condiciones tan malas para estar aquí”, cuenta Ramón, que explica que la principal tarea que han hecho estos días es lograr que los refugiados que habitan estos barracones dejen de quemar las traviesas del tren, revestidas con creosota (un deriva del alquitrán tremendamente tóxico), y ofrecerles leña y otras formas de combustión más saludables.


Ni heroicidades ni egos: a trabajar

Dice Silvia Arrastia que lo peor fue pasar la frontera de Albania con Serbia, la niebla, el frío y sobre todo que no podía ver el espejo trasero de su Ford Focus porque lo llevaba hasta arriba de ropa que había recolectado en Tudela para los refugiados. Menos mal que le acompañaba el pamplonés Xabier Alonso, que colabora también con HELP-NA. Esta joven tudelana de 38 años, técnica de laboratorio en el banco de Sangre y de Tejidos de Aragón, ha pedido una excedencia sin sueldo de varios meses para venirse a echar una mano en los campos de refugiados y asentamientos clandestinos de Serbia. Al igual que Ramón o el propio Xabier, ella también había estado trabajando como voluntaria en Grecia.

“Hay que dejar claro que no hay ninguna heroicidad o valentía en venirse aquí, cada uno decide tomar sus decisiones y salir de su espacio de confort. Hay que tener humildad, dejar los egos aparte y estar dispuesto a trabajar”, cuenta Silvia que ha decidido viajar hacia Subotica, al norte de Serbia para echar a un vistazo a la situación allí. Ahora en Belgrado no se necesita más ropa de invierno ni de abrigo. Silvia colaborará con un grupo de Tolosa que ha montado el mayor almacén de prendas de invierno de la capital Serbia en un extraordinario esfuerzo de movilizar 12.000 kilos de ayuda y un camión. Mientras, Silvia colaborará con otras iniciativas y proyectos. “Aquí hay muchos proyectos, muchas ideas, pero se necesita aún organizar un poco todo”, se lamenta. Y explica que lo que le motivó fue repetir la experiencia que había vivido en Filippiada, Grecia, donde estuvo especialmente con familias y mujeres jóvenes. “Me hicieron sentir como en casa y yo a ellas también les quise transmitir eso, que no estaban solas: no se trata de dar mantas o cuatro ropas, es hacer sentirse a la gente bien, acompañados. Es importante”.

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