Elía rinde homenaje a tres presos asesinados

Un monolito con memoria

elía rinde homenaje a tres presos asesinados en la zona tras fugarse del fuerte de ezkaba

Un reportaje de Mikel Bernués Fotografías Oskar Montero - Domingo, 12 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Un emotivo aurresku dedicado a la familia de Vicente Mainz, y frente al monolito, ante la ante mirada del resto de los presentes.

Un emotivo aurresku dedicado a la familia de Vicente Mainz, y frente al monolito, ante la ante mirada del resto de los presentes. (OSKAR MONTERO)

Galería Noticia

Un emotivo aurresku dedicado a la familia de Vicente Mainz, y frente al monolito, ante la ante mirada del resto de los presentes.

han pasado dos años desde que concluyeran las exhumaciones en el paraje Artadizoko de Elía, en el valle de Egüés, promovidas por el Ayuntamiento local, la sociedad de ciencias Aranzadi y las asociaciones de Memoria Histórica. En aquellos trabajos se encontraron tres cuerpos, los de tres fusilados los días posteriores a la fuga del fuerte del monte Ezkaba, en 1938. Ayer era el día, casi 80 años después de aquella fuga, de rendirles homenaje póstumo.

Un nutrido grupo de personas entre vecinos, autoridades y familiares, quiso estar presente en la cita. Entre ellos se encontraba la familia de Vicente Mainz, el único de los fusilados cuyos restos fueron identificados. Ellos, en nombre también de otras dos familias anónimas que perdieron a sus seres queridos, descubrieron un monolito en memoria de los tres fusilados. 500 metros más arriba, en el propio paraje Artadizoko, una réplica del monumento a menor tamaño recuerda el lugar exacto en que se cometió la tropelía.

El acto congregó a numerosos ediles del Ayuntamiento del Valle, con Geroa Bai al completo y representantes de EH Bildu, I-E y UPN, a la presidenta del concejo de Elía, María José Larrea, cargos públicos de municipios vecinos como Burlada o Huarte, la consejera de Relaciones Institucionales del Gobierno de Navarra, Ana Ollo, o el director general de Paz y Convivencia, Álvaro Baraibar. La guitarra y la voz de Maite Mené también acompañaron en la mañana de ayer.

El alcalde del Valle, Alfonso Etxeberria (Geroa Bai) recordó que “escondidos en el anonimato de la noche, ocultos de toda mirada, unos mezquinos verdugos derramaron en Elía la sangre de personas inocentes. Hoy queremos que esa sangre sea cosecha fértil, y para ello la traemos de la oscuridad de la noche a la luz cálida del mediodía. Esa sangre no ha sido derramada en balde, para nosotros es sangre de paz y libertad”, aseguró. “Estamos en una época de esperanza para la recuperación de la memoria histórica, la justicia y la reparación”, consideró el primer edil.

Por su parte Ana Ollo, después de lamentar que, pese a los trabajos del Gobierno de Navarra en materia de Memoria Histórica “llegamos tarde”, aseguró que en Elía “se inicia el desmentido de dos creencias que nos implantaron. La primera, que la mayoría de los restos de los 206 fugados ejecutados estaban enterrados en los cementerios que rodean el fuerte, cuando están en los montes y valles donde fueron capturados y fusilados. Y la segunda, que fueron muertos en las refriegas con las fuerzas perseguidoras”. Otras exhumaciones posteriores (Berriozar o Olabe) han confirmado lo que Elía inició, aseguró Ollo. “Que estas muertes se produjeron donde fueron capturados”.

vicente mainz landaMaría Camino Bueno Alastruey, en nombre de la familia Mainz Landa, se dirigió a los asistentes y, como de lo que se trataba era de hacer memoria, repasó algunos aspectos de la vida de Vicente Mainz, el único de los tres cuerpos identificados. Mainz nació en 1907 y era electricista-molinero en Vidángoz. Afiliado a UGT, en 1934 tuvo que escapar a Francia, de donde regresó con el triunfo del Frente Popular en 1936. Fue detenido en los primeros días del golpe de julio, acusado de tener una pistola y propaganda sindical. Condenado a 30 años por rebelión militar, fue conducido al fuerte de San Cristóbal un 8 de agosto, “de donde saldrá como partícipe en la fuga de mayo de 1938, que el cuesta la vida a sus 31 años”, narró.

María Camino detalló que en esa evasión del fuerte los pasos de su antepasado conducían a casa, hacia lo conocido, ese valle del Roncal del que era originario. “La memoria tiene un gran valor. Ha llegado ahora, pero hubiéramos deseado profundamente que llegara cuando mi abuela estaba viva”, finalizó Camino. Efectivamente se ha llegado tarde. Pero al menos se ha llegado.