La tontería del ego

Luis Beguiristain - Lunes, 13 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

No se puede analizar la sociedad y la política sin tener en cuenta el tipo de carácter que motiva a actuar a las personas. ¿Qué diferencia hay entre el carácter de persona egocéntrica y maniática de Pablo Iglesias y la parte equivalente de Trump? Uno actúa en un círculo pequeño y el otro en un campo mucho más grande. ¿Qué diferencia hay entre el muro físico que quiere levantar Trump y las murallas psicológicas que están creando mentalmente los que poseen ese carácter tan peculiar entre los llamados independentistas? ¿Acaso todo ese tipo de personas no tienen un ego de querer dominar sobre los demás de una manera abusiva? Siempre dominar, siempre ego, siempre yo, siempre: “me importan un bledo los demás”.

La sociedad y las políticas de la tierra se arreglarán cuando existan sociólogos puros, psicólogos puros, psiquiatras puros, profesores puros, que sepan que los alumnos tienen que aprender consciencia sobre la vida antes que acumulación de datos. Las máquinas podrán actuar con un programa inteligente prácticamente perfecto, pero nunca serán capaces de decidir qué es bueno y qué es malo.

La parte más negativa de este Partido Socialista ha decidido que Pedro Sánchez era malo porque no ganaba las elecciones. ¿Acaso son ciegos para no saber que hay dos partidos nuevos y que los “viejos tiburones” del Partido Socialista representan una ultraderecha semioculta que hace que a mucha gente le repugne votarles? ¿Por qué sigue mandando la derecha y Rajoy? Por una cacicada de los egos de las personas. Y en conclusión de todo ese fiemo de actuaciones, el resultado (representativo) más grave es que la justicia española vigente está pasando de rosas sobre la familia Pujol, al parecer porque el viejo de la saga tendría conocimiento de mucha porquería que podría sacar sobre el viejo rey.

Reflexión. Un muro es un muro. Sea en el plano físico, psicológico o psíquico. Los seres de poder divino han creado un muro en el plano psíquico para separar al egrégor negativo de la humanidad. Cada uno decide en qué lado del muro quiere estar: en el del bien o en el del mal. Es libre.