La rendija

La basura que sí molesta

Por Ana Ibarra Lazkoz - Lunes, 13 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Creía que había vuelto a Delhi cuando me asomé por una de las míticas celdas del vertedero de Góngora un 19 de noviembre de 2007. Botes de colacao, botellas de plástico, palés (ahora no se pueden verter), bolsas de tamaño colosal multicolores reventadas donde asomaban todo tipo de objetos huérfanos sin posibilidad de descomponerse. Un par de botas viejas, bombillas, botes de detergentes y pintura sobre en un paisaje lunar. Un perímetro rodeado de chimeneas gigantes para quemar el gas metano y evitar los gases de efecto invernadero. Cada celda ya disponía de drenaje para canalizar los lixiviados (aguas negras con metales pesados) hasta la red de colectores, aunque Aranguren denunciaba entonces disfunciones y su filtración al Sadar. Y ese hedor insoportable... Camiones que llegaban directamente con sus contenedores verdes y vertían todo su contenido sin separación previa. 80.000 toneladas al año. Ahí es nada. Montañas y montañas sobre las que iba pasando un camión compactador y no pasaba nada... Así desde 1990. Meses antes de mi visita, el TSJN ya había anulado el proyecto de biometanización que vía PSIS habían convenido el Gobierno y la MCP en 2001 para “tratar” la basura, y que el Supremo confirmó de ilegal por su proximidad a Arazuri. Más de 18 millones con ayudas europeas para las sofisticadas infraestructuras previstas entre Arazuri y Góngora que ni siquiera evitaban que parte de desecho regresara al vertedero. Ambas se reconvirtieron para otros usos. Después vino la batalla por la incineración que llevó a los tribunales para ser anulado el plan de residuos 2010-2020 por no concretar la ubicación de la hoguera. Hoy, sin la presión tecnológica de los años boyantes, se debate la manera de mejorar la separación de la materia orgánica en cada uno de los hogares. Con independencia del plan de choque que se elija, y asumiendo que una ley foral va a refrendar el mantra de que el que contamina paga, con más o menos control (tarjetas con DNI en los contenedores), subyacen tres ideas: la basura que no se separa no se recicla y no se vende, si llega al vertedero mezclada (ahora más del 60%) contamina y, además, es infinita. ¿Más cubos, planificación, espacios fuera de la cocina...? No nos queda otra. Europa nos prohibe tirar la basura. Nos pasó con la velocidad. Y nos acostumbramos...