No me leas. Dáme un libro y enséñame a leer

Por Mikel Asiain Torres - Lunes, 13 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

el río había perdido la fuerza de los días anteriores, y el agua había vuelto enteramente a su cauce. El Arga marcaba mi paseo cuando, no sé muy bien por qué -los hilos que tejen la madeja de nuestro cerebro son insondables y sin una razón obvia, de repente, afloran vivencias o memorias que considerábamos olvidadas para siempre-, recordé un antiguo eslogan que, creo, llevaba la firma de Cáritas: “No me des un pez. Dame una caña y enséñame a pescar”. Un mensaje directo para reivindicar la capacidad del ser humano para actuar por sí mismo, sin dependencias ni interferencias ajenas que impidan su desarrollo integral… es quien tiene la caña quien decidirá cuándo, dónde y cómo pesca… y si come o no, pues de su pez dependerá su propia manutención.

¿Quién no busca su autonomía, quién no defiende su capacidad de decidir, de hacer?

Y no sé por qué pensé que era aplicable a cualquier ámbito de nuestras vidas: “No me leas. Dáme un libro y enséñame a leer”. Al de la enseñanza, al de la educación, por ejemplo. Y deduje -en una precipitada cadena de pensamientos- que ese debió de ser el principio seguido por los fundadores de las ikastolas -hace ya 52 años, digámoslo una vez más- cuando optaron por constituirse en cooperativas.

Y lo enlacé mentalmente con mi discurso del pasado Nafarroa Oinez en Viana, donde afirmaba que sí, que somos centros concertados, pero reivindicaba al mismo tiempo nuestra diferencia jugando metafóricamente con la colección de libros infantiles -que muchos de nosotros hemos leído a nuestros hijos e hijas-. “¿Y qué?”, en la que precisamente se pone en valor la diferencia entre unos y otros para educarles en el respeto a los valores. Diferencia que -afirmaba aquel domingo de octubre a orillas del Ebro- radica en nuestro propio origen: las ikastolas somos cooperativas de iniciativa social sin ánimo de lucro;surgidas del pueblo para ofrecer un servicio -la difusión de la lengua y cultura vascas- al pueblo;que hacen efectivo día a día el lema de “está en nuestras manos” -tan en boga en el ámbito político, ¿por qué no en el educativo?-, pues son sus asambleas -las de padres y madres- las que deciden el devenir de sus centros;que creen, por tanto, en la auto-organización y en el trabajo en común -el auzolan-…. sin necesidad de que estamento alguno -gobierno autonómico o central, sean del color que sean- tutorice -verbo muy apropiado para el mundo de la enseñanza- o tutele su quehacer… No queremos el pez, sino la caña para pescar.

Recordé el periódico de la mañana -mi mente iba de un lugar a otro- en el que hablaban de Armando Cuenca, y de la cooperativa a la que pertenece, Katakrak. Y me di cuenta -confieso públicamente mi previa ignorancia al respecto del modo organizativo de la entidad sita en la calle Mayor pamplonesa- de que era prima-hermana de las ikastolas. Así como todas aquellas asociadas en torno a Anel, que durante todos estos años de crisis han seguido invirtiendo y creando empleo.

Una nueva pirueta mental me trajo la imagen de José Luis Gorostidi, antiguo director de las ikastolas Lizarra y Paz de Ziganda, quien entregó su vida -literalmente- en favor del desarrollo del euskera. No tengo la menor duda de que esbozaría la más amplia de sus sonrisas al contemplar por doquier el lema que él impulsó a finales de la década de los 80 del siglo pasado, Euskaraz Bizi -al que hoy en día se le ha añadido el nahi dut-, creando en torno a ese eslogan todo un proyecto que hoy en día sigue vigente en el conjunto de las ikastolas de Euskal Herria. Fue el mensaje elegido precisamente para el Nafarroa Oinez de 1991, año en el que él mismo publicaba un pequeño libro en el que se recogían sus reflexiones en torno a dicho programa.

Y sonreí para mis adentros al rememorar la imagen de los niños y niñas saliendo ufanos de la escuela comarcal. En sus brazos un libro de Urtxintxa, los más pequeños, o de Ostadar -en vías de desaparición- los un poco más mayores. O de Eki, los adolescentes. Sin saber ellos, ni quizás algunos de sus ancestros, que es nuestro material, creado aquí por nuestros profesionales de las ikastolas, de la mano de IkasElkar. Que no se trata -sin menospreciar el trabajo de nadie- de traducciones de libros de texto que se pueden utilizar en cualquier otro lugar. Pero está claro que los responsables pedagógicos de esos centros sí que lo valoran, y optan por él un curso sí y al siguiente también.

Recordé la alta figura de Xabier Garagorri. Corría el año 2006, y el profesor de Pedagogía de la UPV nos exponía las líneas maestras del denominado Euskal Curriculuma, al que subtitularon Herritik Mundura porque, precisamente, perseguía un salto de lo local a lo universal. La preparación de un alumnado con raíces propias, pero necesariamente involucrado en un mundo cada vez más globalizado. La III Asamblea de la Confederación de Ikastolas de Euskal Herria le había conferido diez años antes el encargo de ir trabajando en ese plan, al que en el camino se incorporarían otras organizaciones y entidades del mundo educativo. Pero para entonces mucho había llovido ya desde que implantáramos el inglés a la temprana edad de cuatro años.

Estamos derribando muros, tanto físicos -para implantar la Pedagogía de la Confianza-, como psicológicos -con la importación del proyecto finlandés KiVa, para luchar contra el acoso escolar- porque queremos seguir innovando, porque queremos seguir siendo partícipes de la educación de nuestros hijos e hijas.

El escritor Aingeru Epaltza declaraba en una entrevista reciente que las ikastolas estamos muy lejos de haber cumplido con nuestro cometido histórico. Pese a algunos…

Nacimos de la nada. Pero conseguimos una caña.

Y queremos seguir pescando…

El autor es presidente de la Federación Navarra de Ikastolas

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