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El funambulista. El líder sin rival

Lunes, 13 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

madrid- Podemos ha salvado a Pablo Iglesias, que ha salido de nuevo coronado por los militantes en Vistalegre II. No tendrá que dimitir, como había advertido, si no ganaba su proyecto político y su equipo a la dirección, porque lo ha ganado todo y por mucho. Ya dijo él mismo que la moneda no podía caer de canto.

El camino que ha recorrido desde que conocimos a ese profesor de la Universidad Complutense que se hizo famoso en las tertulias está lleno de curvas. Ha pasado de indignado del 15-M a eurodiputado, de eurodiputado a dar el salto a la política nacional y a convertirse en el líder de la tercera fuerza política del país -la segunda según las últimas encuestas- con cinco millones de votos a sus espaldas.

Le hemos visto querer sustituir a la vieja socialdemocracia para después llamar delincuentes potenciales a los diputados en el mismo hemiciclo del Congreso en el que le reprochó a Pedro Sánchez un pasado de cal viva del PSOE. Repetía antes aquello de que no se llama Pablo Iglesias por casualidad y ahora lo que quiere es un Podemos que no se parezca al PSOE.

Le dio el portazo a IU antes de las elecciones del 20-D, pero meses después hablaba de las “fuerzas” hermanas que le acompañaron en Unidos Podemos para los comicios del 26-J, y acabó gritando su orgullo de ser heredero de las luchas sociales y de haber reunido a la “izquierda de toda la vida”. Ahora vuelve a buscar la transversalidad, pero la transversalidad que no es parecerse al PP o al PSOE o a Ciudadanos, sino a España y a la gente. Lo ha reiterado hasta la saciedad para recalcar sus diferencias con el proyecto de su antes más amigo y ahora más compañero, Íñigo Errejón.

Ahora llega un nuevo Iglesias, uno que quiere ser “activista institucional”. Un papel que debe tener que ver con el Iglesias al que hemos visto en los últimos meses, que ha compaginado sus interrogatorios a los ministros en el Congreso con la protesta en la calle, “megáfono en mano”.

De su destino, Iglesias dice que no se ve muchos años más en política, que a Errejón le imagina una trayectoria más larga. Pero quién sabe, las vueltas que da la vida... - Efe

las claves

madrid- Ser politólogo y político ya requiere de una especial habilidad para encontrar el equilibrio entre la ciencia y la práctica. Íñigo Errejón compatibiliza esas dos condiciones y en su nueva posición en Podemos va a poner a prueba más que nunca sus capacidades de funambulista. Íñigo Errejón Galván, con 33 años, es el político más joven de los grandes líderes nacionales;tiene fama de cerebrito -será porque abruma un poco su expediente académico y su dominio de los idiomas-;y le elogian su pragmatismo y dotes de estratega.

Errejón, a quien sus adversarios reconocen su talante conciliador y buenas maneras, tiene buena culpa también de que hayan vuelto a la política española conceptos como la patria, la transversalidad o la radicalización de la democracia. A Errejón se le atribuye el diseño de ese camino que emprendió Podemos tras las elecciones europeas alejándose de sus mensajes más radicales y cambiando el tradicional eje izquierda-derecha por el de arriba-abajo. Ese espíritu que no quiere perder y que respiró en el 15-M en 2011, germen de Podemos, donde hasta ayer era el número dos.

Muchas veces ha dicho el propio Errejón que su relación con Iglesias, de quien últimamente ha tenido que escuchar ásperos reproches, ha cambiado desde que coincidieron en la Facultad de Políticas de la Universidad Complutense.

Errejón lleva dos años en el Congreso, donde ha aprendido que para bandearse en el Parlamento a veces hay que hacer malabares, los mismos que harán falta en Podemos para convertir en realidad la integración de todas las sensibilidades del partido, aunque a lo mejor no está ya en su mano.

Para la labor que Podemos tiene por delante quizá más que un equilibrista necesite un prestidigitador, o incluso un cirujano capaz de coser todas las heridas. Así que el hasta ahora secretario político de Podemos tendrá que hacer lo que pueda y donde pueda, o donde le dejen, que puede ser en la cuerda floja. - Efe