Un recuerdo de Gurutze

Lunes, 13 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Gurutze Ciga Ariztia.

Gurutze Ciga Ariztia. (ONDIKOL)

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Gurutze Ciga Ariztia.

la recuerdo espontánea en sus expresiones de cariño y cómo me llenaba de besos en mi niñez, impedido de mayor movilidad, siempre que venía a Elizondo con sus padres, Javier y Eulalia, y sus hermanas y hermano. Entonces, no tenía ni idea de quién era aquel señor al que todos saludaban y felicitaban, a salvo de la paterna aclaración de que se trataba de “un gran pintor, de lo más grande de Navarra” y el musitado añadido de que era “nacionalista vasco, de los nuestros”, y entendía lo primero y me quedabain albiscon lo segundo, aunque ya lo fui entendiendo más tarde al oír la Pirenaica que se decía Radio España Independiente y escuchábamos bien a cubierto bajo las sábanas y mantas de la cama.

Debo reconocerle que siempre le tuve particular simpatía, más todavía conforme pasó el tiempo y unos y otros sabíamos consciente y perfectamente de qué se estaba hablando y de la familiaridad con que nos trataba a pesar de la distancia en la edad, igual que a Natitxu, su hermana tan encantadora con la que además compartía circunstancias vitales. Y con Miguelcho, su hermano, con este más asiduamente cuando nos encontrábamos en Pamplona, que por cierto se me hacía el reflejo de que era quién más y más dolorosamente sufrió, en silencio, calladamente, el sufrimiento familiar y paterno del que creo que el aita Javier nunca llegaría a superar.

La presencia de Gurutze o Mari Cruz, ahora pienso que le daba lo mismo, era una inyección de optimismo y alegría, porque tenía un temperamento que le hacia la sal de la tierra. Disfrutaba al ver en vísperas de Baztandarren Biltzarra cómo se afanaban mayores (entonces participaban en mayor número) y jóvenes en la organización de la fiesta. Para Gurutze, Baztandarren Biltzarra era la expresión viva de que este pueblo nuestro mostraba no haber perdido sus esencias, y era la campanilla más sonora y feliz en la mesa y sobremesa que compartía con sus familiares y amigos.

La distancia, con nada ser de aquí a Pamplona y el paso inevitable del tiempo, nos fue alejando aunque el teléfono nos acercaba y nuestras conversaciones se prolongaban contándonos nuestras cuitas y las cosas de Baztan, “cuéntame que pasa por ahí”, ávida siempre de la vida de este valle al que siempre estuvo (todos los Ciga Ariztia) tan unida y donde bihotz bihotzez (de todo corazón) le acogemos en el panteón familiar para su eterno descanso. Cuando dibujar o lucir un simple lauburu era jugarse el tipo ante la ignorancia oficial, el escudo de esa Euskal Herria que nos quieren hacer creer que ni existe, el panteón de los Ciga-Ariztia luce ese escudo que Gurutze y los suyos llevaban en el corazón, y recuerdo ahora, porque su imagen (ver foto) era todo un poema, cómo soportó, con un escepticismo absoluto (“no sé como me he contenido”) la perorata institucional al traernos a Baztan la obra de Javier que duele decir, no nos merecemos. - L.M.S.