Jaime Aznar doctor en historia

“La Revolución de Octubre fue el acto fundacional del siglo XX”

El historiador navarro desgranará esta tarde en el Foro Auzolan los libros ‘Diez días que estremecieron al mundo’ y ‘Cartas desde la revolución bolchevique’

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía Javier Bergasa - Martes, 14 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Jaime Aznar, con el volumen de Jacques Sadoul que Turner publicó a finales del año pasado.

Jaime Aznar, con el volumen de Jacques Sadoul que Turner publicó a finales del año pasado.

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Jaime Aznar, con el volumen de Jacques Sadoul que Turner publicó a finales del año pasado.John Reed.Jacques Sadoul.

pamplona- Estos volúmenes, escritos por el periodista estadounidense John Reed y por el político francés Jacques Sadoul, respectivamente, constituyen sendos testimonios de primer orden por cuanto fueron escritos desde el epicentro de uno de los acontecimientos más relevantes de la historia reciente. En forma de crónica periodística, el primero, y de serie epistolar, el segundo, son una forma interesante y asequible de acercarse a unos sucesos de los que este año se cumplen cien años.

¿Por qué es importante la Revolución de Octubre de 1917?

-Para mí es importante porque, sin duda, fue el evento fundacional del siglo XX. Hasta entonces, salvo alguna excepción, el mundo occidental estaba inmerso en una dinámica propia del siglo XIX, de imperios, monarquías... Sin embargo, a partir de esta revolución, el mundo cambió y empezó a reubicarse en torno a ideologías. Comenzaron a ponerse los cimientos para cambiar las reglas del juego. Habitualmente, tenemos asumido que eso sucedió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando arranca la Guerra Fría, pero, por ejemplo, ya en 1921 se fundó el Partido Comunista Chino, antes incluso de que muera Lenin. Aunque quizá al principio no se notaron mucho, ya desde el principio se plantaron las semillas que provocaron cambios, incluso los fascismos fueron una reacción a eso. Todo se realineó en torno a ese hecho que cambió el orden vigente.

También fue una revolución diferente porque abordó las cuestiones sociales, obreras.

-Sí, también constituyó el primer Estado comunista. Y es curioso, porque aquellos que al principio creían tener la jugada maestra de poner a los revolucionarios rusos allí para quitarse a Rusia de en medio, acabaron sucumbiendo a ese mismo tipo de revolución. Y, en efecto, aunque su presencia iba en aumento poco a poco, la Revolución de Octubre dio protagonismo a actores sociales que hasta ese momento no lo tenían. Se consolidó la fuerza que ya iban cogiendo los sindicatos y los partidos obreros, aunque también la rompió.

¿A qué se refiere?

-Hay que tener en cuenta que en Europa había muchos socialistas a los que esta revolución y las que surgieron inmediatamente después les pilló en la vía institucional. Y desarrollaron un rechazo a este tipo de movimientos, entre otras cosas porque el Partido Socialdemócrata, sobre todo la facción bolchevique, no estaba muy acostumbrada a estos estamentos. Siempre se había temido la amenaza de sindicatos, partidos obreros y demás, no en vano ahí está la Semana Trágica de Barcelona (1909), pero desde la revolución rusa la susceptibilidad creció, y mucho.

Seguramente hubo quien desde el poder en Rusia infravaloró el empuje y la determinación de los bolcheviques y su enorme predicamento entre las clases populares que demandaban paz, pan y tierra. Algunos creyeron que después de la revolución todo se dejaría en manos de los burócratas.

-Se dio un vuelco a la situación más por miopía que por una sorpresa en sí misma. La monarquía absoluta del zar, con sus tímidas reformas a partir de 1905, no había tomado en serio a la población. Y cuando en febrero de 1917 (marzo en Occidente) el zar se fue y se creó el Gobierno Provisional, los poderes burgueses -utilizando una terminología marxista- pensaron que tenían tiempo, que podían seguir con la agenda antigua, con la guerra, con esperar a hacer las reformas... Y no supieron ver que estaban en una época en la que los acontecimientos sucedían de la noche a la mañana. El título del libro de John Reed, Diez días que estremecieron al mundo, es maravilloso. Sucedieron muchas cosas en muy poco tiempo, e incluso hubo gente que aun después de que los bolcheviques tomaran el poder pensó en que alguien los iba a quitar de un plumazo. Hubo miopía entre quienes no estaban acostumbrados a escuchar a una sociedad con distintas clases sociales activas. El desconocimiento de las reglas del juego hizo que se engañaran a sí mismos y que tomaran decisiones equivocadas.

¿Qué valores de la Revolución de Octubre nos podrían servir hoy?

-Destacaría sobre todo el protagonismo que en su momento tuvo la retaguardia, la gente que no estaba en los primeros puestos y que, de alguna manera, con la revolución de 1905 y las dos de 1917 adquirió personalidad propia y demostró que tenía cosas que decir y hacer. Ahora que está tan de moda debatir sobre la nueva y la vieja política, sobre las puertas giratorias, etcétera, hay que tener en cuenta siempre que existe una opinión pública que muchas veces no queremos escuchar, porque cuando menos te lo esperas podría suceder algo. En definitiva no se debería tomar distancia de ella ni despreciarla.

¿Podríamos vivir algo similar?

-Cuando un historiador hace predicciones siempre se equivoca, pero diría que no. La revolución rusa se produjo en un contexto de desintegración estatal completa. Es un desmoronamiento absoluto. Estaban en medio de un guerra y con un Estado que no se había modernizado en los últimos siglos y que de pronto quería hacerlo todo ya. Había taponado tanto los cambios que el frasco reventó. Y también hay que decirlo, había mucha gente sin nada que perder. Ahora la gente tiene cosas -trabajo, hipoteca, etc- que quiere conservar y mientras no haya esa desesperación es difícil que pase algo así. De todos modos, hay está la Revolución de los Claveles, en un contexto también de guerra, o las Revoluciones de Terciopelo que acabaron con el Pacto de Varsovia y el telón de acero. Nunca se sabe. Determinadas circunstancias pueden convertir un pensamiento minoritario, como era el caso de los bolcheviques, en una corriente mayoritaria con vocación de poder y con poder para retener las riendas de un gobierno contra todo pronóstico.

Los libros de los que hablará hoy en el Foro Auzolan destacan, en primer lugar, porque contienen la visión de dos extranjeros, pero también por sus formatos, una crónica periodística y una recopilación de cartas.

-Acercarse a la historia para alguien que no le gusta demasiado el tema es complicado, así que los libros de testimonios y vivencias facilitan las cosas. Reflejan emociones, sentimientos, apasionamiento y resultan más tentadores para el público en general que un tocho de la Revolución rusa. Quizá el de John Reed sea más asequible que el de Jacques Sadoul. A mí me han empezado a interesar este tipo de libros a partir de que le dieran el Nobel a Svetlana Alexievich.

Los dos tienen sesgo ideológico, claro.

-Así es, eso debe quedar claro. Los dos se involucraron en el movimiento comunista internacional desde sus respectivos países. Sin embargo, como dice Turner en el caso de Cartas desde la revolución bolchevique, esta es la visión de una persona concreta, en ningún momento se afirma de que la historia fue así. Y si lo que queremos de verdad es adquirir conocimiento, me gustaría que la gente se desprendiera un poco de esos apriorismos de “este es un poco de izquierdas” o “este es un poco de derechas”. Ya somos lo suficientemente mayores para saber cuándo uno está diciendo cosas puramente ideológicas o cuando está describiendo algo. Tú ya sabes cuándo alguien te cuenta algo que no te encaja, pero te va a ayudar a saber y a comprender cosas.

John Reed era un periodista que cubrió varios sucesos revolucionarios, incluidos los de México, y el valor de su texto es la cercanía con la que vivió lo acaecido en Rusia y su capacidad para mantener cierta objetividad pese a su propia ideología.

-Y tiene una ventaja sobre Sadoul, porque llevaba más tiempo en Rusia. Pudo describir la caída del Gobierno Provisional y su testimonio es un poco más amplio. Además, como periodista tuvo acceso a más gente, le mostraron más cosas en primera persona, se fue al frente, donde estuvieron a punto de fusilarle, y se movió mucho. Mientras, Sadoul tenía acceso más a la alta política, a los despachos...

Lenin escribió el prefacio a la edición americana de Diez días que estremecieron al mundo.

-Sí, Lenin tenía fama de ser distante y huraño, pero se ve que consiguió eso de él, lo cual es bastante sorprendente. De todos modos, Reed tenía un foco bastante más amplio de lo que a priori puede parecer. Pensé que el libro iba a ser más propagandístico, pero no. Reed era una persona excepcional con una vida excepcional. El libro es muy descriptivo, no solo era un cronista, sabía escribir.

El volumen de Sadoul es muy interesante porque refleja muy bien su evolución ideológica.

-Sí, y lo bueno de poder leer sus cartas es que la evolución se ve claramente. Al principio hay algunas en las que niega ser un bolchevique y al final hasta usa el plural inclusivo. Pero por el camino, y hay que reconocérselo, también es capaz de ser crítico, aunque a veces disculpa cosas muy feas. Hay un momento en que dice que el mundo ha cambiado a su alrededor y que él ha cambiado con él. Es que una revolución es como una avalancha, ¿cómo evitar que te atropelle?

Los dos pagaron con el exilio su defensa de la revolución.

-Pero eso es inevitable. Si te metes en este tipo de aventuras... Es muy raro que un revolucionario muera en la cama.

las claves

“Quienes ostentan poder nunca deberían tomar distancia de la opinión pública ni despreciarla”

“Estos libros son más asequibles y tentadores para el público que un tocho sobre la Revolución rusa”

john reed

Apunte biográfico. John Silas Reed nació en Portland (Oregón, EEUU), el 22 de octubre de 1887 y murió en Moscú, el 19 de octubre de 1920. Su cuerpo fue enterrado en la necrópolis de la muralla del Kremlin. Su esposa fue la escritora feminista Louise Bryant. Estudió en Harvard y en 1913 comenzó a trabajar en el diario The Masses.

México. Acompañó a Pancho Villa en sus ataques por el norte de México, convivió con los soldados y conoció al presidente Venustiano Carranza. Recogió sus impresiones sobre la revolución mexicana en un libro titulado México insurgente.

Rusia. Cubriendo la I Guerra Mundial llegó a Rusia. Conoció a Lenin e hizo un seguimiento diario del proceso revolucionario. Este relato quedó plasmado en su obra más famosa, Diez días que estremecieron al mundo (1919).

Exilio. A su regreso, Reed fue expulsado del Congreso Socialista Nacional y los disidentes fundaron el Partido Comunista de EEUU. Acusado de espionaje, escapó a la Unión Soviética, donde murió atacado por el tifus.

Cine. Warren Beaty escribió, dirigió y protagonizó Reds, a partir de la vida de Reed.

jacques sadoul

Vida y muerte. 1881, París-1956, París.

Enviado a Rusia. Fue un abogado, político y escritor francés que después de su estancia en la Rusia bolchevique se convirtió en uno de sus mayores defensores en Europa. Participó en la fundación del Partido Comunista francés y fue una figura polémica tanto dentro como fuera de la organización. Sus cartas al ministro Albert Thomas reflejo de una época convulsa que cambió el curso de la historia.