Recursos humanos

Derechos y deseos

Por Maite Pérez Larumbe - Martes, 14 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:06h

¿Tener hijos gestados por mujeres pagadas por hacerlo es un derecho que nuestro ordenamiento jurídico debe reconocer, proteger y regular? Si se reconociera como tal y si alcanzara el presupuesto, ¿no debería el estado asumir la prestación del servicio para garantizar su universalidad? ¿Qué?, ya puestos… ¿Hablamos de vientres de alquiler, que suena a destemple orgánico y bajera vacía o de maternidad subrogada, expresión que aúna amorosa ternura y legalidad? Ay, los caminos de la neolengua...

Lo que sigue no tiene mayor sustento que la percepción personal basada en cuatro o cinco casos del entorno, parejas que ahora superarían los noventa, que no tuvieron descendencia y que o bien mimaron a sobrinos y sobrinas o cultivaron padrinazgos y madrinazgos más o menos atentos o bien ocuparon de otras formas su mayor autonomía y la ausencia de referentes significativos en la generación posterior. Si hubo frustración, y es lógico pensar que la hubo en una época con un modelo único de familia, hacia afuera vivieron la circunstancia con cierto acomodo. Si este fue sabio, conforme, resignado o resentido, quién sabe.

En el debate, las posturas se extienden transversales por el arco político y en la defensa del recurso al uso de vientres de alquiler se esgrime el concepto de derecho. No tengo tan claro que lo sea. No queda lejos de tal afirmación, creo, un rasgo contemporáneo, la intolerancia a la frustración, el imperio del deseo individual que hace que se obvie a las dueñas de los vientres que salen al mercado. Los vientres, la parte interesante y deseada, son inseparables de sus propietarias y arrastran su caracterización socioeconómica. Son mujeres pobres. Comparar los precios por países abre los ojos. En los países ricos, los intermediarios ganan más, en los pobres, menos. Ellas, tras parir y tras cobrar, siguen siendo pobres.