Garoña tiene roña

Martes, 14 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:06h

ni la reciente noticia que alertaba del agujero abierto en el reactor número dos de la central nuclear de Fukushima, con la consiguiente fuga de radiación de alta actividad, ni la más reciente aún, del incendio ocurrido en la central nuclear de Flamanville (Francia), parecen cambiar nada. Es igual, como diría ese estadista de talla internacional que rigió los designios de España, el Gobierno mantendrá “impasible el ademán” y en un acto de irresponsabilidad política, se dispondrá a prorrogar otra vez más la vida útil de la central de Garoña.

De nada servirán los voluminosos informes que desaconsejaban su reapertura ni la opinión mantenida por la exministra de Medio Ambiente, la Sra. Narbona, miembro del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), quien considera que las operaciones que Garoña tiene pendientes para poder operar son de extraordinaria envergadura. Spain is different, solo hay que repasar el historial del Almacén Temporal Centralizado (ATC), coloquialmente conocido como cementerio nuclear. En vez de pensar en la mejor ubicación con criterios técnicos, sobre todo de índole geológico, para contener residuos de alta actividad que ahora almacena Francia a buen precio, se construye donde menos protesten o donde se muestre más receptivo el alcalde o alcaldesa de turno. Así nos va, claro. De Alemania y su decisión tomada en 2011 para prescindir de la energía nuclear en favor de las energías renovables ni hablamos, para qué, si aquí se ponen impuestos al sol. De cambio de modelo energético, vade retro satanás.

Garoña es totalmente prescindible en cuanto a la importancia de su participación en la producción total anual de electricidad. Sin embargo, en todo este asunto subyace la intención de prolongar de 40 a 60 años la vida útil de los reactores activos, que generan alrededor del 20% de la energía eléctrica que consumimos. Y plantea un pulso entre las intocables empresas eléctricas, propietarias de estas centrales, representadas por sus mayordomos políticos (ya llegarán las puertas giratorias), y una ciudadanía que asiste atónita al propósito del Gobierno central, pocos días después de que el ministro de Energía anunciase que debemos acostumbrarnos a los altos precios de la energía, o de las manifestaciones del Sr. Rajoy invocando a la Virgen de la Cueva para rebajar el precio de la electricidad. Nos mean y dicen que llueve. Pero para eso estamos aquí, para decir no a Garoña, cuyo final debe seguir el ejemplo de Zorita (desmantelamiento), y para exigir el cierre programado del resto de centrales nucleares nacionales conforme caduquen sus licencias de operación, de tal manera que para 2024 todas estén cerradas. Los residuos nucleares y su radioactividad permanecerán con nosotros decenas de miles de años, ¿Quién se hará cargo de ellos para controlar su peligrosidad dentro de cien años?

En Podemos-Ahal Dugu sabemos bien dónde queremos ir, por eso hemos elaborado un Plan Nacional de Transición Energética, para avanzar hacia un cambio de modelo energético más democrático y descentralizado, que descarbonice el modelo productivo, apueste por las energías renovables, fomente el autoconsumo y el cooperativismo energético y que contemple la energía como un bien de primera necesidad y no como un producto, un bien de mercado a exportar mediante redes de alta tensión, donde unos se quedan con el impacto y otros con el beneficio.

Pero sólo desde la ecología política tendremos la oportunidad de enfrentarnos al problema del modelo energético y al inherente cambio de modelo productivo. Algo que será difícil cuando tenemos de comisario europeo de Acción por el Clima y Energía a un petrolero -el comisario Cañete, del PP-, y no digamos ya con los nombramientos que el nuevo presidente de los EEUU, Donald Trump, ha realizado ya. Sirva de ejemplo la colocación de un personaje con una larga tradición de defensa de las energías sucias y antirrenovables, y además un conocido negacionista del cambio climático, al frente ni más ni menos que de la Agencia de Protección Medioambiental Estadounidense (EPA).

Pero, para recuperar el optimismo, conviene recordar el sol sonriente que lucían los/as manifestantes antinucleares y acordarse de ejemplos como el de Gladys del Estal, y de tantos y tantas que lucharon por un mundo y un medio ambiente mejor. Parecen tiempos grises los que vivimos, en los que se trata de amordazar y criminalizar el activismo social mediante leyes ad hocpara atajar cualquier manifestación que denuncie en las calles o en redes sociales el estado de las cosas. Nos quieren en casa, viendo la televisión y formando parte de esa mayoría silenciosa que deposita mansamente su voto cada cuatro años para que siempre manden los mismos. Pues no, el 15-M lo dejó claro. Está en nuestra mano tratar de cambiar las políticas vigentes en esta monarquía platanera, sólo hace falta informarse bien, organizarse y actuar. ¿Nos ponemos todos y todas a trabajar para que la central de Garoña si la abren, la tengan que volver a cerrar?

Firman este artículo: Rubén Velasco, parlamentario de Podemos-Ahal Dugu, y el Grupo de Medio Ambiente de Podemos-Ahal Dugu