Txikon: “Yo no he abandonado”

La expedición del vizcaino esperará en el Campo Base del everest otra oportunidad. otro sherpa será evacuado tras una avalancha

Igor G. Vico - Miércoles, 15 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:13h

Txikon, en su complicado ascenso al Everest.

Txikon, en su complicado ascenso al Everest. (http://alextxikon.com)

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Txikon, en su complicado ascenso al Everest.Alex Txikon, en una imagen tomada durante la expedición al Everest.

BILBAO- “Yo no he abandonado”, recita Alex Txikon desde el Campo Base (CB) del Everest, al que regresó ayer después de hacer noche un poco más abajo que el Campo 3, situado a 7.250 metros. La frase, críptica, respondía a las informaciones vertidas desde diversos medios de comunicación, que entendieron el paso atrás del vizcaíno como una rendición a hollar la cima en invierno y sin oxígeno artificial. La respuesta, tan lacónica como directa, revela las ansias de victoria de un tipo ambicioso, cerebral y físicamente superdotado y desmiente las declaraciones del director de Seven Summit Trek, Mingma Sherpa, que se encarga de la logística de la aventura, y que aseguró que el lemoarra cejaba en su intento de cumbre y regresaba a casa. Sin embargo, Txikon guarda una bala en la recámara. Todo apunta a que el viento cesará y que el sábado se abrirá una ventana nueva, pero supondría forzar mucho la maquinaria. Son momentos de replantear la situación.

El vizcaíno llegó a 5.520 metros con un gran cansancio después de varios días de dura ascensión. De hecho, para conseguir alcanzar el CB, el Txikon tuvo que cerrar una ruta de nueve horas de descenso complicado y muy cansado, junto a Nerbu y Cheppal. Además de las malas condiciones en las que hicieron noche el lunes, la cordada tuvo que soportar una avalancha a 7.000 metros que dañó al segundo montañero nepalí en la cabeza. Aun así, Cheppal pudo llegar por sus propios medios al cuartel general, donde tendrá que ser tratado y, previsiblemente, evacuado. El vizcaíno también se vio arrastrado en la caída, que frenó un tornillo y quedó en susto. “Estaba rapelando con los guantes cuando algo me golpeó. Tan solo me preocupaba que el mosquetón de seguridad estuviera pasado por la cuerda y me vi cayendo cada vez más rápido”, cuenta Txikon, quien agrega que “iba en una avalancha y sabía que me iba a dar una buena hostia. Si no estaba chapado el mosquetón sabía que iba a morir y, si estaba chapado, que iba a detenerme después de caer mínimo de cien metros. Toqué al menos tres veces la pendiente”. Al frenar, podía respirar “apenas un hilito”.

La avalancha era de piedras. “Estaba esperando a la muerte mientras me golpeaban cientos de piedras”, define. Fue un susto. No para Cheppal, que se hizo una brecha. Esta baja se suma a la de Carlos Rubio, fuera del Himalaya desde hace semanas por una inflamación pulmonar que no revistió gravedad, y Lakpa. “Solo quedamos cinco, me siento con muchísima fuerza de probar suerte de nuevo”, remacha.

Desde el equipo de Avista Multimedia, que acompaña al lemoarra en la aventura invernal, ya avisaron el lunes que Txikon y los sherpas iban a descender ayer. El castigo había sido duro en la ascensión hasta el Campo 4 (7.950 metros), donde el Collado Sur del Everest se erigió como una superficie llena de viento cortante, a más de setenta kilómetros por hora, rachas que transforman el ya de por sí helado panorama himalayesco en una trampa mortal. Si bien los partes meteorológicos previos anunciaban una climatología que podía permitirles esperar en el C4 a un ataque a cima, programado para ayer en los primeros planes trazados al final de la pasada semana, los cambios constantes y, sobre todo, el viento fueron armas en contra de la expedición. De hecho, Txikon no se pudo conectar con sus compañeros del Campo Base por miedo a congelaciones severas solamente por sacar el walkie. “Me quedaba sin dedos”, dice el vasco.

Con estos ingredientes, el alpinista vizcaíno optó por retroceder, dar un paso atrás, porque era imposible mantener la verticalidad en un terreno complicado y muy peligroso. Tal fueron los problemas -los sherpas llevan oxígeno suplementario-, que tuvo que usar las bombonas a partir de los 7.700 metros en el ascenso. Al final fue cara o cruz. “Era o bajar o nuestras vidas iban a pasar a otro escenario”, confirma el de Lemoa.

“no podía ni llorar”La noche del lunes por debajo del C3 -“no podía ni llorar del cansancio”, esgrime Alex- puso ayer en movimiento al equipo que descendió hasta el CB en un camino de nueve horas en el que pudieron deshacerse de la siempre peligrosa Cascada del Khumbu, que, a juicio del ochomilista, cada día suma una nueva dificultad a pesar de ser un mero trámite para iniciar la ascensión.

Una vez abajo, la expedición del lemoarra, que poco a poco ve cómo los recursos se van acabando -cuestión que tiene previsto solucionar-, determinó que aún no pondrá el punto y final a la cita con la historia. Txikon programó un “único” ataque a cumbre antes de la andanada fallida, pero su intención es esperar y recomponerse poco a poco, ya que el castigo físico ha sido severo durante los últimos días. Y es que, el lemoarra inició el guion el pasado jueves, siendo el viernes la fecha en la que alcanzó el C2. Los partes daban buenas sensaciones, pero no terminaron de cuadrar y el espíritu cambiante del Himalaya hizo de las suyas, tumbando el primer disparo al blanco situado a 8.848 metros.

Ayer, a su llegada al confort del cuartel general, confesó el montañero que todavía tienen tiempo hasta marzo para tratar de dar la vuelta a la situación y que hoy mismo seguirán “trabajando” de cara a otra oportunidad que le brinde la montaña: “Creo que he deseado llegar al Campo Base desde que salí el día 10, pero ahora mismo, después de lo sufrido y padecido, he de decir que me siento un poco más vivo”.