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Sobre mi caída

Carolina Azanza Montalvo - Miércoles, 15 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

El día 2 de febrero me caí, choqué contra el suelo con el hombro y después con la cabeza. Una persona me llevó a Urgencias, allí me sentaron en una silla de ruedas y me hicieron una revisión. Despedí a la persona que me había llevado y llamé a mi marido para que viniera a hacerse cargo de mí. Me quedé sola mientras aparecía mi marido. Me pasaron a la sala de espera con un número. Me dolía tanto que cerraba los ojos y no vi mi número cuando salió. Una celadora vino a buscarme y me pasó a consulta. La celadora le explicó a la médica que yo no podía ir por mi pie porque estaba en una silla de ruedas y que no me había dado cuenta de que me habían llamado. La médica dijo: “¿Qué pasa, que la silla tampoco anda?”. Entró la celadora y le informó de que había llegado un acompañante, que si podía pasar. Ella dijo que no, que esperara en la sala. Luego se dirigió a mí de malos modos y me dijo que le explicara lo sucedido. Le conté todo lo relativo a mi caída y me preguntó si me había levantado por mi pie. Le dije que no, y me dijo que por qué no, le dije que porque no podía. Me repitió la pregunta de forma insistente, yo le respondía todo el rato que porque no podía y entonces me dijo: “Pues no entiendo porque no te has levantado, ¿qué pasa que no te funcionaban las piernas o qué?”. Le dije que sí, que las piernas me funcionaban, pero que no podía levantarme, que me tuvieron que levantar. Me dijo que pasara a la camilla, ni siquiera me ayudó. Conseguí levantarme y fui a sentarme allí. Ella me increpó: “¿Pero qué haces, qué te piensas, que puedo examinarte con la ropa puesta?”. Me fue a quitar el jersey con movimientos bruscos y yo intenté sacar el brazo no dañado desesperadamente, porque me daba miedo como ella pudiese quitarme la ropa, cosa que hizo bruscamente. Me curó las heridas de la mano y de la cabeza y me mandó a rayos. Después pasé a la sala de espera. Al poco rato apareció la médica, se dirigió a mí amablemente y me explicó que tenía rota la cabeza del húmero, que los de trauma vendrían enseguida a por mí, que mantuviese seca la herida de la frente para que cicatrizara bien y se despidió de mí. Me quedé sorprendidísima por su extremada amabilidad, ya que no me lo esperaba. Me gustaría destacar que el resto de profesionales que me atendieron fueron maravillosos conmigo, así como dejar claro que cualquier persona que vaya a Urgencias debería tener derecho a recibir un trato médico digno, educado y profesional, algo que esta persona no me dedicó a mí.

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