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No todas las guerreras llevan armadura

con tan solo seis años, elena padece un tumor en el nervio óptico contra el que lucha día a día sin perder la sonrisa

Un reportaje de Amaia Rodríguez Oroz. Fotografía Javier Bergasa - Miércoles, 15 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:06h

Elena, sonriente, junto a sus padres, Ainhoa y Roberto, y su hermano Miguel.

Elena, sonriente, junto a sus padres, Ainhoa y Roberto, y su hermano Miguel.

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Elena, sonriente, junto a sus padres, Ainhoa y Roberto, y su hermano Miguel.
“Es la gran actitud de Elena lo que nos hace a todos seguir adelante con todas nuestras energías”

Cuando entramos en el salón de su casa en Sangüesa, Elena nos recibe con saltos, sonrisas y mucha energía. Tiene un tumor en el nervio óptico que le impide ver por el ojo izquierdo, pero cualquiera lo diría. Su alegría, sus ganas de jugar, de reír y de bailar nunca terminan. Su único rato de tranquilidad es mientras saborea un bocata de chocolate junto a su hermano Miguel. Para sus padres, Roberto Sanz y Ainhoa Echeverri, es su actitud lo que les hace vivir esta dura realidad “de la mejor forma posible”. “Es una niña increíble”, dice su madre, orgullosa, mientras ve a su hija bailar y cantar al son de una canción.

La batalla de Elena comenzó cuando tenía cuatro años -ahora tiene seis, como Miguel-. Después de una revisión pediátrica, los médicos y sus padres se dieron cuenta de que no veía de un ojo. En septiembre de 2015, le diagnosticaron un tumor en el nervio óptico, el cual un mes después le operaron. No obstante, en una revisión que tuvo más adelante, en enero del año siguiente, las malas noticias volvieron a recaer sobre su familia: el tumor había vuelto. “Fue un palo para todos nosotros, especialmente cuando comenzó con la quimioterapia y se le empezó a caer el pelo, que es lo que más se nota, pero ella estaba bien, hasta le decía a su abuela que no llorara, que ella estaba feliz”, recuerda Ainhoa.

ainhoa echeverri

Madre de Elena

Ni siquiera los primeros meses de tratamiento ni la caída del pelo hicieron que Elena dejara las clases o sus actividades preferidas, que cuenta que son “bailar, la música y estar con las amigas en el parque”. Sus padres agradecen “enormemente la implicación de toda la escuela, de los profesores y también de los amigos y amigas de Elena”. “Me hicieron una fiesta sorpresa y se disfrazaron todos de payasos”, cuenta ella misma entre risas, para después enseñar un cuaderno repleto de dibujos que todos sus compañeros le regalaron y que refleja el gran apoyo que ha recibido desde el diagnóstico. “Se nota que me quieren mucho”, añade.

Roberto señala que, aunque no ha necesitado faltar un periodo largo al colegio, al principio “se quedaba más rato en la cama” o le recogían antes, “cuando se encontraba mal”, aunque afirma que “es una luchadora en toda regla” y que “no ha necesitado en ningún momento un trato un poco fuera de lo normal”. “Es su actitud lo que nos hace seguir adelante con la mejor de las energías”, dice Ainhoa, quien bromea: “Parece que a esta revoltosilla no le afecta la quimioterapia”.

La familia acaba de recibir la mejor de las noticias. El tumor que afecta al nervio óptico de Elena, que normalmente no disminuye ni desaparece por completo, se ha reducido levemente. “No podemos estar más contentos”, comenta la madre, para quien “esto da todavía más fuerzas para seguir para delante”. Aún así, a Elena todavía le quedan semanas de tratamiento. Aunque durante las sesiones se junta con sus amigos Andrés, Martín, Naroa o Maitane, para ella no son fáciles esos viajes al hospital. “No me gustan nada ni los tratamientos largos, ni las resonancias, pero estoy contenta porque ahora estoy mejor”, admite la pequeña, que está ya inquieta por salir a jugar con su hermano y sus padres. “Vámonos al parque”, dice. Y con la misma sonrisa y alegría con la que nos recibe, también se despide. “Ella es así, siempre feliz, pese a todo por lo que ha pasado;estamos muy orgullosos”, concluye su padre.