Homenaje a toda una vida dedicada a la pediatría

Fernando Urzainki se jubiló el mes pasado y fue ampliamente agasajado por los vecinos de Berriozar, lugar donde ha trabajado los últimos 25 años

Mikel Bernués | Oskar Montero - Miércoles, 15 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Fernando Urzainki, asomado a la puerta de una de las consultas del centro de salud de Berriozar, donde ha trabajado los últimos 25 años.

Fernando Urzainki, asomado a la puerta de una de las consultas del centro de salud de Berriozar, donde ha trabajado los últimos 25 años.

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Fernando Urzainki, asomado a la puerta de una de las consultas del centro de salud de Berriozar, donde ha trabajado los últimos 25 años.

“Somos como los labradores que ven granar el fruto de sus sudores”

berriozar- Fernando Urzainki tiene 65 años “fresquicos, recién cumplidos el 27 de enero”. Se acaba de jubilar tras casi 40 años ejerciendo la pediatría, los últimos 25 en Berriozar. Un día antes de su cumpleaños aparecieron por el centro de salud chavales del instituto y madres de la apyma. Le aplaudieron. Le entregaron unas flores. Le bailaron un aurresku.

Al día siguiente llegó una representación del Ayuntamiento, con el alcalde a la cabeza, y más familias “que habían montado un whatsapp para recoger papeles y dibujos de los niños”. Le entregaron una caja con todos los dibujos, una placa con el escudo de Berriozar, un pañuelo festivo y un libro. Le aplaudieron. Le bailaron otro aurresku. “Fue muy ameno, pero también exagerado. Hace ilusión y estoy muy agradecido a todo el mundo, pero ya te digo, fue totalmente desproporcionado”, cuenta abrumado el protagonista de los festejos. Para completar el aluvión de agasajos, Fernando se juntó a comer con compañeros de ahora y antiguos y compartieron anécdotas de esta andadura. “Comimos, bebimos, bailamos y esas cosas”, recuerda.

Hoy ha regresado al centro de salud. Es difícil sacarle la foto para este reportaje porque no da abasto saludando al personal. Se nota que le tienen aprecio. “Yo soy muy cínico;El primer día, como hoy, besos y abrazos. El segundo día solo abrazos. Y el tercero, joder, cuándo se va a dar cuenta de que se ha jubilado”, bromea.

Si retrocedemos 40 años tenemos a un Fernando Urzainki estudiante, un 1 de agosto de 1976, empezando las prácticas de 6º de carrera. “En vez de recorrer distintos servicios del hospital, ya lo tenía muy claro. Estuve en pediatría y no paré de estar en pediatría. Al principio, de alumno, ya enredas y estorbas un poquito”. Dice que eligió la atención primaria porque así podría compaginar mejor el trato con los menores y con sus familias.

Después Fernando hizo el MIR, especialidad en Pediatría por si había dudas, y se fue a Orkoien, entonces San José Obrero, a enredar un poco más. “Lo recuerdo como algo importante. El trabajo fue gratificante a más no poder. Yo tendría 30 años, te daba para comerte eso y medio mundo más”. Dos años con sustituciones mientras se preparaba la reforma de atención primaria. Una oposición, plaza en Estella en 1985 y traslado a Berriozar en abril de 1992, coincidiendo con la inauguración del centro de salud.

‘material’ muy sanoPara Fernando “trabajamos con un material muy sano y satisfactorio. Al poco de nacer, los padres vienen encantados con su retoño, con una sonrisa de oreja a oreja... Es muy distinto a la medicina de adultos, que si me duele, que si no sé si tengo algo serio y vengo apurado...”, explica.

Su especialidad, en cualquier caso, no está exenta de disgustos. “Hemos tenido algún fallecimiento. No hay explicación, hay una rebeldía y un disgusto tremendos. Es tremendo para la familia y para los profesionales. Pocas veces, pero nos ha tocado estar en los tanatorios. Y es muy jodido”. Inmediatamente su discurso recupera el tono positivo. “Pero el día a día es muy agradable. Es una profesión que compensa. Sin ser cursi, pero te sientes realizado, útil... somos como los labradores, que ven granar el fruto de sus sudores. Aquí vemos los resultados de lo que haces, y eso llena mucho”, expone con orgullo.

Fernando destaca el vínculo que se crea con las familias. “Pasa el tiempo y sigues encontrándote con críos que ya no son tan críos, que se han convertido en adolescentes y en adultos. Y te saludan y te comentan cosas. No eres uno de la familia, ni mucho menos, pero de alguna forma participas en esa familia. No sé como quién... Bueno sí, posiblemente como el pediatra de la familia. Es cierto que hay un vínculo, y eso se hace poco a poco, día a día, cuando ofreces consejo o tratamiento, o simplemente cuando acompañas a la familia de un crío que ha ingresado”.

En todos sus años de profesión, uno de los “cambios importantes” que destaca es la incorporación de una enfermera a la UBA, la Unidad Básica de Atención que tiene asignada cada persona en su cartilla. También la presencia del trabajador/a social en el equipo. Destaca igualmente el aumento de la prevención y de la promoción, que “es fundamental. Es aumentar la salud, que coman mejor, que hagan deporte, que descansen mejor y tengan mayor rendimiento como escolares y como personas”, cuenta. En el capítulo de los debes, a Urzainki le gustaría que la atención pediátrica se prolongase hasta la edad adulta (ahora es hasta los 15), porque la adolescencia es una etapa difícil y al fin y al cabo ellos son el personal más cercano. Para eso harían falta más recursos y formación para los pediatras. “No deja de ser un deseo compartido por muchos”, explica.

Y ahora, ¿qué?Reconoce Fernando que le va a resultar difícil dejar de formar parte de este tinglado de compañeros, enanos y sus familias. Sabe que es lo que toca y que hay que dejar paso a los que vienen, “gente preparadísima”. Y dice que se trata de buscar otras ocupaciones. De momento tiene en mente recuperar lecturas atrasadas, hacer viajes “más o menos cortitos, que ya no estás para ir al Vietnam”, juntarse a menudo con sus amigos y “por supuesto pasar más tiempo con la familia”. Por si tiene dudas de cómo emplear su tiempo, a este pediatra jubilado le espera otra sorpresa a la vuelta de la esquina: en el mes de abril se convertirá en abuelo.