Trump mata al mensajero

El presidente prepara una operación de limpieza en sus servicios de inteligencia
Su espionaje le oculta datos por desconfianza
Elige a periodistas amigos y aplaude sus preguntas en una tensa rueda de prensa con más reproches

Viernes, 17 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

pamplona- Donald Trump volvió a la carga y en su primera rueda de prensa tras ser investido atacó a los que considera sus dos principales enemigos: sus propios servicios de inteligencia, a los que acusó de “filtraciones criminales”, y los medios de comunicación, de los que criticó su “tono de odio” hacia él. Ambos, a juicio del presidente de EEUU, son los culpables de las malas noticias que le acosan.

Para solventar el problema y en una maniobra sin apenas precedentes, Trum ha decidido, según The New York Times y CNN, someter a revisión sus servicios de inteligencia. Al frente de esta operación de limpieza quiere situar a Stephen A. Feinberg, un multimillonario de su máxima confianza y alejado de la órbita de la seguridad nacional. El golpe, que hace prever un recrudecimiento del combate entre Trump y sus agentes secretos, refleja la fractura que, en menos de un mes de mandato, ha abierto en las más altas instancias del poder estadounidense. Una desconfianza que incluso ha llevado a los servicios de inteligencia a ocultarle información sensible para evitar su filtración.

El mandatario aseguró ayer que las informaciones sobre los contactos entre personas de su campaña y Rusia son “noticias falsas”, pero que las filtraciones sí son “reales”, e insinuó que las lleva a cabo “gente probablemente de la Administración Obama”.

Trump tampoco oculta su animadversión hacia algunos de los grandes medios norteamericanos y, en una tensa rueda de prensa de más de una hora, no dudó en elegir a “periodistas amigos” o aplaudir las preguntas que él consideraba buenas. Antes y después de las elecciones que le llevaron al Despacho Oval, el presidente se ha caracterizado por hablar bien sólo de los medios que alaban sus políticas, mientras que para el resto -la gran mayoría- ha reservado calificativos como “deshonestos” o “falsos”.

Durante más de una hora, y con la Casa Blanca como escenario, Trump ha vuelto a dar muestra de una antipatía que, según alegó, no tiene nada que ver con la libertad de prensa. El presidente subrayó la necesidad de que haya “buenos periodistas” como contraposición a los que difunden “noticias falsas”. Trump criticó abiertamente a The New York Times y la CNN, dos de los medios que han divulgado en las últimas semanas informaciones de fuentes anónimas en las que se aluden, entre otras cuestiones, a las supuestas relaciones entre los miembros de la actual Administración estadounidense y el Gobierno de Rusia.

El presidente, que ha encargado al Departamento de Justicia una investigación de estas filtraciones, se enfrentó a preguntas incómodas como la de un periodista de la cadena NBC que le recriminó que no deje de repetir que había obtenido la victoria más amplia en el Colegio Electoral desde Ronald Reagan, omitiendo las de Barack Obama, Bill Clinton y George H.W. Bush. “¿Por qué deberían los estadounidenses confiar en usted?”, preguntó el periodista, a lo que Trump se limitó a responder que había recibido información errónea. “Fue una victora sustancial, ¿coincides con eso?”, zanjó. El presidente también mantuvo un cruce de palabras con el periodista de la CNN poco después de recriminar a la cadena el trato que hace de la información, mientras que al saber que otro de los reporteros que quería preguntar era de la BBC, Trump apuntó: “Ahí está otra belleza”.

El mandatario, que en sus primeras ruedas de prensa priorizó a los medios conservadores o minoritarios en los turnos de pregunta, se abrió en esta ocasión a los grandes grupos, aunque en un momento dado llegó a buscar abiertamente a algún “periodista amigo” en la sala para escuchar enfoques más cómodos.

Trump también aplaudió efusivamente una “buena pregunta” que, en vista de la tensión imperante, contrastaba con las formuladas durante más de una hora sobre las numerosas polémicas en las que se ha visto envuelto el Gobierno estadounidense en apenas cuatro semanas. - M.G.