abren las ventanas de la sala de armas

Pi-fernandino: abren las ventanas de la sala de armas

La Ciudadela acoge, hasta el 21 de mayo, la exposición ‘BAT’, que mostrará a la ciudadanía las obras cedidas por los coleccionistas navarros

Un reportaje de Fernando F. Garayoa. Fotografía Unai Beroiz - Viernes, 17 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Pi posa junto a la obra de Antoni Tapiés.

Pi posa junto a la obra de Antoni Tapiés. (UNAI BEROIZ)

Galería Noticia

Pi posa junto a la obra de Antoni Tapiés.

Aires nuevos corren por la Ciudadela de la vieja Iruña... hasta el punto de que las ventanas de la Sala de Armas, cerradas in saecula saeculorum, se han abierto de nuevo para dejar entrar los rayos de sol, una luz que ha despertado impulsada por la generosidad de Helena Fernandino y Emilio Pi, coleccionistas navarros afincados en Madrid que han cedido a su ciudad natal más de 80 piezas, principalmente obra gráfica, que ahora se pueden ver en la segunda planta del citado espacio de la Ciudadela bajo la denominación de BAT. Una exposición que se presenta como la primera de muchas que tendrán como objetivo mostrar a la ciudadanía la colección de Arte Contemporáneo del Ayuntamiento.

Todos los detalles de la misma fueron presentados ayer por la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Pamplona, Maider Beloki;el comisario de la muestra, Javier Balda;y el coleccionista Emilio Pi.

El título de la exposición, BAT: obra gráfica original Colección Pi Fernandino tiene un doble significado, porque, según explico Beloki, hace referencia a uno,en euskera,ya que es la muestra con la que se inicia el proceso expositivo de la colección de arte municipal, enmarcada en el proyecto Hiriartea;y es, también, el acróstico de las palabras en francés que indican que una obra ya está preparada para ser impresa Bon Àtirer. Y es que la selección que se muestra está compuesta por obras gráficas seriadas, fundamentalmente sobre papel. Por su parte, Javier Balda, bajo cuya visión se han distribuido las obras en la sala, se mostró agradecido por haber podido trabajar con esta colección y así poder realizar “encuentros y contextualizaciones” con las piezas que integran la colección municipal.

Balda desgranó que las obras cedidas por Pi y Fernandino son 87, de las que en la muestra se exhiben 82, “de 63 artistas. A estas hemos sumado tres piezas de la colección del Ayuntamiento que completan a tres autores que figuran en la colección cedida por Emilio y Helena: Juan Muñoz, Cristina Iglesias y Susana Solano”.

En este sentido, BATrecoge principalmente obras de artistas, algunos consolidados y otros en plena emergencia, de la última década del siglo XX, ya que a partir del siglo XXI, “Pi y Fernandino se centraron en el vídeoarte, que aunque no es el protagonista de la muestra, sí hemos incorporado cuatro vídeos de cuatro artistas como guiño a ese salto que hicieron hacia la imagen en movimiento”.

Articulada en cinco seccionesJavier Balda apuntó que ha articulado la muestra en cinco grupos para “darle sentido y recorrido”. Son cinco secciones que no están configuradas bajo el criterio de “afinidad estilística o de género, sino por algunos conceptos que emergieron en la época estableciendo diferentes miradas”.

El primero de los grupos lo ha denominado Recuperación de la pintura, el gesto y la macha.“En esos años se dio una ambición, una recuperación del placer de pintar”. Algunos de los artistas que configuran esta parte son Miquel Barceló, Frederic Amat (cuya obra además sirve como imagen de toda la exposición), Manuel Broto, Antón Lamazares, Xabier Grau o Antoni Tàpies.

El segundo grupo, definido como Construcción de la imagen. La trama, “incluye artistas que manejan la pintura desde la abstracción pero desde una manera un poco más normativa, digamos que construyen más la imagen”. Entre estos figuran José Luis Alexanco, Rafael Canogar, Joan Hernández Pijoan, Mitsuo Miura, Felicidad Moreno, Juan Uslé o Jordi Teixidor.

El tercer grupo lleva por título Nuevas figuraciones de la pintura.“En aquel momento se dio una eclosión que seguía la tradición figurativa pero no solo porque hubiera una representación reconocible sino porque la pintura servía para narrar historias personales a la par que una recuperación de los mitos clásicos como forma de contar cosas en la pintura”. Aquí figuran obras de Alfonso Albacete, Alfredo Alcaín, Eudardo Arroyo, Javier Pagola, Dis Berlín, Juan Ugalde o Zush.

El cuarto grupo, Del objeto al lugar. El espacio habitado,hace referencia a que “en aquellos años se dio una de las aportaciones más fértiles y singulares en el arte español, que fue la consideración de la escultura no solo como objeto sino como una actividad, de forma que se construía en el lugar un hecho espacial”. En este ámbito figuran Cristina Iglesias, Alicia Martín, Blanca Muñoz, Juan Muñoz, Susana Solano, José María Sicilia o Fernando Sánchez-Castillo.

El último grupo, al que Balda ha titulado Prácticas conceputales. Signo, texto y cuerpo,es “una agrupación más heterogénea, que no incluye solo a artistas estrictamente conceptuales sino que integra a otros que, al hacer obra gráfica, prueban y crean imágenes que no hacen en su obra habitual”. Entre estos hay obra de Juan Hidalgo, Esther Ferrer, Antoni Muntadas, Joan Brossa, Ouka Lele o Jaume Plensa.

Como reflexión general, Balda matizó que “Helena y Emilio no hicieron una colección aleatoria: ellos eligieron obras que les interesaban por su placer estético y por su particular indagación conceptual sobre qué les ofrecía cada uno de los artistas”.

visión pública “Llegar a la Sala de Armas, con las ventanas abiertas, y ver la exposición me ha traído muchos recuerdos de aquellos Encuentros del 72, y me ha emocionado”, destacó Emilio Pi antes de apuntar que la obra gráfica, “en los años 90, tuvo una enorme importancia en el Estado. Nosotros, que somos coleccionistas de a pie, ya que compramos con lo que nos sobra de nuestros salarios, la única manera que teníamos de aproximarnos al coleccionismo era a través de la obra gráfica. Por eso es muy gratificante verla ahora toda junta, da una impresión notable que viene a recordarnos una de las facetas de cómo entendemos nosotros el coleccionismo: un compromiso con la contemporaneidad. Es decir, lo que en aquellos años se veía en las galerías era obra gráfica y esta colección da una visión general de lo que fue el arte en aquellos años”. A su vez, Pi resaltó que le había llamado la atención el número de mujeres de la colección, nueve, “que viene a ser extrapolable al número de mujeres artistas que estaban produciendo. Es importante analizar este contexto, porque ahora ya vivimos una paridad clara tanto en el número de mujeres artistas como en su calidad”.

Además, y como hecho especialmente reseñable, Pi hizo hincapié en que su forma de entender el coleccionismo. “No hacemos una cesión temporal y punto, eso no nos interesa. Nosotros entendemos el coleccionismo enfocado hacia un retorno público;es decir, no coleccionamos obras para tenerlas colgadas en las paredes de nuestra casa. Y para eso necesitamos proyectos como Hiriartea, de aproximación del arte a los ciudadanos a través de diálogos con otras colecciones”.

Finalmente, sin ser estrictamente una elección de las mejores o más valiosas obras de la colección, Pi destacó la obra expuesta de Tapiès, “porque fue realmente difícil encontrar una obra que tuviera la parte conceptual y de mancha a la par que tuviera calidad en la edición. Por otra parte significaría algunas piezas por la calidad con la que están hechas, como la de Juan Muñoz, con un técnica a la manera negra muy complicada de hacer;o las de Susana Solano y José María Sicilia, ambas impresas en Chicago. Y también destacaría piezas más pequeñas, que exponemos en vitrinas, que son de artistas no muy conocidos que divulgaban su arte a través de ediciones cortas, quizá no con mucha calidad, pero que reflejan muy bien aquella época”.