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la fiscal pide 5 años y 3 meses de prisión

“No vi a nadie delante, salí con el coche, hice un sube y baja y creí que era un bordillo, no un cuerpo”

El acusado de atropellar mortalmente y no auxiliar al universitario Emilio Rekalde en San Juan dice que sospechó que había pasado algo “cuando vio a unos jóvenes correr detrás de su coche”

Enrique Conde - Viernes, 17 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

El acusado, Asier E.M, ante la juez, fiscal, acusación y defensa.

El acusado, Asier E.M, ante la juez, fiscal, acusación y defensa. (D.N.)

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El acusado, Asier E.M, ante la juez, fiscal, acusación y defensa.

pamplona- Nadie duda de que a Emilio Rekalde Proaño se le segó la vida la noche del 27 de septiembre de 2015 a la salida de un bar del barrio de San Juan de Pamplona. El chico, de 21 años y estudiante de Comunicación Audiovisual en la UN, fue atropellado mortalmente por el coche que conducía Asier E.M., un burladés que tiene ahora 25 años y que recién salía del aparcamiento, apenas a cinco metros de la víctima. El conductor iba con su novia de copiloto, pasó por encima del cuerpo de Rekalde, él dice que sin darse cuenta y continuaron su marcha. Hasta ahí, los hechos reconocidos. Pero el juicio que ayer se celebró contra el acusado, al que la fiscal pide 5 años y 3 meses de cárcel por homicidio imprudente y omisión del deber de socorro (además de 125.000 euros de indemnización), calificación que la acusación particular eleva hasta los 8 años, no viene a cuestionar su autoría material sino el grado de su imprudencia y si, a raíz de esta, cometió algún delito de forma conexa como huir si era consciente del atropello.

El procesado narró que esa noche celebraban la despedida de dos compañeros de trabajo y que tenía el coche aparcado junto al bar con el morro hacia la calzada, donde había una multitud. Al salir, se encontró a dos jóvenes apoyados en el capó y afirma que les dijo que se apartaran. Estos no le hicieron caso y “se pusieron agresivo, nos sacaron el dedo y mi novia dijo que nos metiéramos en el coche y nos fuéramos. Entonces, una vez dentro, di dos bocinazos y aceleré en parado. Nos pegaron en la ventanilla. Y luego, entre el montón de gente, se apartaron y nos hicieron un pasillo”. Asier E.M. arrancó su Audi A3 gris y, a los 5 metros, notó que “el morro del coche se elevó y bajó, pensé que era un bordillo, y me fui del lugar porque vi por el retrovisor que dos jóvenes nos perseguían y se oían gritos. Me entró pánico. Al llegar a casa estuvimos pensando si en lugar de un bordillo podíamos haber pasado por encima de un pie”. Insistió en que no vio a nadie delante al reanudar la marcha y que lo que percibió al volante “no fue un golpe, sino un sube y baja cuando iba en primera. Fue todo en un parpadeo”. La zona era visible, no llovía pero el vehículo se marchó sin las luces encendidas a pesar de ser madrugada. Y repitió que no paró por “miedo” a los dos chicos que estaban sobre el capó y les seguían.

una condena anteriorAl procesado se le cuestionó si pudo arrancar rápido enfadado por ver a los chicos sobre su coche y lo negó y sobre un incidente de tráfico por el que fue condenado en 2010 por golpear con un casco de moto a un conductor, recordó que por su trabajo “estoy todo el día en la carretera y evito problemas”.

¿HUBO BRONCA PREVIA? Uno de los chicos que estaba sentado encima del coche, amigo de la víctima, negó que antes el conductor les hubiera pedido que se retiraran. “Cuando aceleró el coche, nos quitamos y le dijimos un insulto o algo como este está loco, porque salió a velocidad excesiva para la gente que había. Mi amigo le tocó en la ventanilla del copiloto”. Este testigo no vio el atropello y solo observó a su amigo ya tumbado en el suelo, hecho que motivó que saliera tras el vehículo a la carrera. Uno de los policías que elaboró el atestado afirmó que el coche no circulaba rápido, porque apenas había espacio entre el lugar donde estaba estacionado y el del atropello. La pareja que trabajaban con el acusado, y se habían reunido porque se iban de la ciudad, tampoco vio el atropello aunque estaban al lado del coche, pero sí oyeron los bocinazos para que se apartaran los jóvenes y dijeron que no se oyeron más gritos ni bronca.