Mesa de Redacción

El ruido de la doble fila

Por Alicia Ezker - Sábado, 18 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:07h

El ruido es uno de los males de la vida en la ciudad. Los hay de todos los tipos, algunos soportables y otros difícilmente aguantables. Ruidos que se cuelan en nuestra casa, como el que llega de personas de pisos ajenos, que gritan, mueven muebles a deshoras, usan taladros a destiempo, festejan más de lo predecible... Luego está el sonido de la ciudad, los camiones de basura de madrugada, las motos, las campanas, las obras... Y aparte, en cada zona hay ruidos perturbadores propios. En la mía, cerca de un colegio concertado, nos levantamos con las bocinas de los coches que, bien aparcados, tienen que esperar más de diez minutos y llegar tarde a donde sea que vayan, para que los padres y madres (procedentes a veces de otros barrios) dejen a sus hijos, hablen un rato y hasta se tomen un café. Así cuatro veces al día, menos los miércoles que son dos. Es la doble fila consentida y ruidosa que colapsa media ciudad sin ley durante ese rato. Y quien ha aparcado bien acaba siendo el malo de la película molestando con el claxon a sus vecinos de portal o arriesgándose a discusiones con conductores crecidos o agentes que miran para otro lado. Ahora que Educación está en el ojo de las críticas, hay que agradecerle que haya primado la proximidad en la prematrícula: al menos desde el punto de vista acústico y circulatorio puede ser un avance que los niños vayan andando al cole.