es un reflejo de su divorcio

Ryan Adams, ‘prisionero’ del deseo y el dolor

El músico recupera su genio en su 16º trabajo, al que ha titulado 'Prisioner'

Un reportaje de Andrés Portero. Fotografías DNA - Domingo, 19 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:14h

Ryan Adams.

Ryan Adams.

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Ryan Adams.

Ryan Adams (Jacksonville, 1974) es uno de los más emocionantes compositores de su generación, un trovador que bebe de la tradición de los mitos de la música de raíz estadounidense, sobre todo, de Neil Young y de Bruce Springsteen. Acaba de publicar (Universal), el 16º disco de su catálogo, en el que se muestra en la cuerda floja y canta, entre el rock, el folk y el country, al deseo y al dolor que le provocó su divorcio.

Ryan Adams es un tipo particular, prolífico como Prince e igualmente reacio a cribar su repertorio. Por si fuera poco, durante un tiempo arrastró una dependencia a la botella que no ayudó a su carrera, a la par que una enfermedad que le provoca vértigos. El que fuera niño mimado del country alternativo y aspirante a estrella (la industria le ha nominado a varios Grammy pero no le ha concedido ninguno) regresa con un CD que recupera el brío tras el acústico , su mejor trabajo de la presente década.

Tras su revisión particular del disco de Taylor Swift y un directo en el Carnegie Hall, Adams vuelve a las canciones inéditas tras su disco homónimo de hace tres años. agrupa una docena de temas marcados por la vulnerabilidad de un autor sin miedo a desnudarse, que canta a corazón abierto, con las venas sangrando y para exorcizar los demonios de su reciente divorcio de la actriz Mandy Moore.

No es algo nuevo en la música popular, como evidencian discos eternos como , de Dylan, o , de Fleetwood Mac. Incluso de él mismo, como y su insuperable debut, (2000). “Lo que me sucedió había sido tan suficientemente fuerte que solo tuve que sentarme y darlo a conocer”, dice. “Algunos discos se hacen por diseño”, explica, “y te sientes como un carpintero haciendo una estantería, creando porque eso es lo que haces;pero luego hay discos que vienen a ti, como un sueño despierto, pero estás lúcido”.

Así surgió , fruto de un divorcio “público y jodido”. Y así le ha salido: sincero, dolorosamente bello y emocionante. “He reflejado los diferentes estados del deseo y lo que significa ser un prisionero de tu propio deseo”, explica. “Sentí como si me hubieran robado lo más valioso en la vida de una persona: el tiempo”, apostilla el estadounidense, para quien su trabajo actual indaga en “la búsqueda del amor de todos los seres humanos, tratando de navegar en un laberinto de deseo”.

Grabado en los míticos Electric Lady Studios de Nueva York, ofrece una producción limpia donde los teclados acompañan, las guitarras acústicas seducen y las eléctricas suenan con brío al vestir unos textos que exudan dolor arropados por melodías gloriosas. “Sabía exactamente el sonido que necesitaba para cada nota y estoy muy orgulloso de los resultados”, según su autor, que ofrece la diversidad estilística ya conocida de su obra.

De un lado, aparecen algunas concesiones al AOR , a la búsqueda de un público mayoritario, que tienen su máxima expresión en el single y en la también eléctrica , con guiño incluido a la guitarra de Johnny Marr en The Smiths, repetida en el tema titular. Es cuestión de gustos, pero suponen lo más obvio del disco, que ofrece también una versión más emotiva, marcada por los sonidos más desnudos y acústicos.

Es ahí donde Adams da en el clavo, en temas como, con su bella armónica;la acústica y folk , que encoge el alma y presenta un solo de guitarra precioso y limpio;el de ;el escalofriante country ;o los ecos de Springsteen en el retrovisor en y, especialmente, , gran balada que canta sobre el alambre con poco más que una guitarra acústica (y un saxo lejano y evocador, el chasquido de sus dedos, un piano final a lo The Street Band…) y no puede sonar más creíble al entonar “estoy en una cuerda floja, mírala mientras se balancea” antes de pedir “solo quiero que me hagas sonreír y me vuelvas loco”. “Soy un criminal, un prisionero de tu amor”, se oye en . Y también versos dolientes como “te he echado de menos tanto que tiemblo y me estremezco/cierro los ojos y te veo con otro, riéndote como si nunca hubieras sabido que existo”.

El disco concluye con , en la que Ryan asume el fin del “nosotros”, de la pareja. “La gente preguntará si este disco es sobre mi vida personal. La respuesta es sí, pero siempre ha sido sí porque escribo desde la experiencia”, asegura sobre un disco que indaga sobre la angustia y “sobre algo más, el tratar de encontrar la verdadera naturaleza del deseo y descubrir cuánto más doloroso es eso que cualquier otro evento en la vida de alguien”, concluye.